Viajó con su mamá desaparecida a buscarla y el que manejaba sabía todo: el crimen que conmocionó a Santa Cruz
Una docente desapareció en Caleta Olivia y su hijo salió a buscarla por todo Patagonia. En el auto que lo llevaba a las pistas viajaba un hombre que sabía exactamente dónde estaba. Lo que el joven descubrió después lo persigue hasta hoy.
Durante 16 días, los hijos de Rita Inés Bejarano vivieron colgados del teléfono. Cada llamado podía ser una pista. Cada dato podía acercarlos a su madre, una docente de 48 años que se había esfumado el 25 de octubre de 2014 en Caleta Olivia y de la que nadie sabía nada.
La búsqueda movilizó a familiares, amigos y vecinos. Rita trabajaba como docente de apoyo escolar en el Centro Integrador Comunitario Virgen del Valle y era una figura conocida por su trabajo con los chicos y su compromiso con la comunidad.
Entre los que se mantuvieron cerca de la familia en esos días estaba Cristian Gabriel Ángel, su pareja. Incluso llegó a acompañar a uno de los hijos de Rita hasta Comodoro Rivadavia para intentar dar con ella.
Lo que ese joven todavía no sabía era que el hombre que viajaba a su lado terminaría condenado por haber asesinado a su madre.
El viaje con el hombre que había matado a su madre
En el juicio oral, Matías Araujo, uno de los hijos de Rita, recordó uno de los momentos más duros de aquella búsqueda. Habían aparecido versiones de que su madre podía estar en Comodoro Rivadavia. Matías decidió ir a comprobarlo y Ángel lo acompañó.
En algún tramo del recorrido, el joven le preguntó de frente si le había hecho daño a su madre. Ángel lo negó. Según el testimonio que Matías dio ante el tribunal, el hombre se mostró nervioso y lloró durante el viaje mientras insistía en que desconocía el paradero de Rita.
El hijo seguía buscando respuestas, sin imaginar que compartía el camino con quien después sería declarado responsable del asesinato.
Una llamada de 28 minutos y las últimas horas de Rita
Los registros telefónicos permitieron reconstruir parte de las últimas horas de la docente. El sábado 25 de octubre de 2014, a las 9:21, Rita le envió un mensaje de texto a Cristian Ángel. Cuatro minutos más tarde, a las 9:25, él la llamó desde un teléfono fijo. La conversación duró exactamente 28 minutos y 36 segundos.
Hubo otro mensaje clave para la investigación. A las 11:32, Rita le escribió a su nuera Jessica Reyes para contarle que estaba con Ángel. La destinataria reconoció la forma de expresarse de su suegra. Ese mensaje permitió establecer que ambos estaban juntos durante la mañana en que la mujer desapareció.
La acusación judicial ubicó el asesinato entre las 11:30 y las 13:30 de aquel sábado, en una vivienda del barrio San Cayetano de Caleta Olivia. Según la reconstrucción que llegó a juicio, durante un encuentro se produjo una discusión y Ángel ejerció presión sobre el cuello de Rita hasta provocarle la muerte por asfixia. Después, el cuerpo fue trasladado y ocultado en un sector apartado al norte de la ciudad.
El cuerpo apareció semienterrado junto a la Ruta 3
El 10 de noviembre de 2014, trabajadores que realizaban tareas de tendido de fibra óptica encontraron un cuerpo en un zanjón cercano al paraje La Lobería, unos 35 kilómetros al norte de Caleta Olivia, en inmediaciones del kilómetro 1872 de la Ruta Nacional 3.
El cuerpo estaba semienterrado y en un avanzado estado de descomposición. Era Rita Bejarano. La búsqueda había terminado de la peor manera.
La autopsia determinó que había muerto por asfixia. El descubrimiento permitió avanzar en una investigación que empezó a concentrarse en las últimas comunicaciones de la víctima y en las personas de su entorno. Para sus cinco hijos, la esperanza de encontrarla con vida se había convertido en una tragedia.
La confesión que después negó ante la Justicia
El caso tuvo otro giro estremecedor a fines de noviembre de 2014. Antes de presentarse ante la Policía, Cristian Ángel había reconocido su responsabilidad ante familiares, según los testimonios que después se escucharon en el juicio.
El 30 de noviembre, alrededor de las 4:30 de la madrugada, se presentó en la División Delitos Complejos de Caleta Olivia y admitió haber cometido el asesinato. Sin embargo, cuando compareció ante el juez de Instrucción Jorge Alonso y el fiscal Martín Sedán, se retractó y sostuvo que era inocente.
La investigación siguió con testimonios, registros de comunicaciones y distintas pruebas reunidas en los meses posteriores. La Fiscalía debió reconstruir el crimen mediante un conjunto de indicios, ya que no contaba con una prueba directa que por sí sola permitiera explicar toda la secuencia.
Los celos, el control y los testimonios del juicio
En el debate oral declararon familiares, amistades y personas que conocían la relación entre Rita y Ángel. Varias amigas de la docente relataron que ella quería terminar la relación. Según sus testimonios, Rita les había contado situaciones de celos y conductas de control por parte de Ángel.
También se incorporaron declaraciones sobre episodios de violencia atribuidos al acusado en relaciones anteriores. Los jueces analizaron esos relatos junto con las comunicaciones telefónicas, las pericias y las circunstancias que rodearon la desaparición.
El proceso permitió reconstruir una historia que había empezado como una búsqueda desesperada y terminó exponiendo un homicidio cometido en el ámbito de una relación de pareja.
La sentencia que llegó casi dos años después
El 25 de agosto de 2016, la Cámara en lo Criminal de la Segunda Circunscripción Judicial de Santa Cruz dictó sentencia. El tribunal estuvo integrado por Cristina de los Ángeles Lembeye, Juan Pablo Olivera y Laura Inés Vallebella.
Por unanimidad, los magistrados declararon culpable a Cristian Gabriel Ángel. Fue condenado a prisión perpetua por homicidio agravado por la relación de pareja. La decisión judicial estableció su responsabilidad penal en el asesinato de Rita Inés Bejarano, cometido el 25 de octubre de 2014.
La sentencia representó una respuesta para una familia que había atravesado la desaparición, el hallazgo del cuerpo y un largo proceso judicial. Pero ninguna condena podía devolverles a Rita.
El crimen que dejó una imagen imposible de olvidar
A doce años de aquel octubre de 2014, el asesinato de Rita Bejarano conserva una circunstancia que lo diferencia de muchos otros casos policiales ocurridos en Santa Cruz. No fue solamente la desaparición de una docente, los 16 días de búsqueda ni el hallazgo de su cuerpo semienterrado junto a una ruta patagónica.
Fue también la historia de un hijo que salió a buscar desesperadamente a su madre y compartió un viaje con el hombre que la había asesinado. Mientras Matías intentaba averiguar dónde estaba Rita, Cristian Ángel sabía lo que había ocurrido. La Justicia terminó condenándolo a prisión perpetua.
Rita tenía 48 años, era docente y madre de cinco hijos. Su historia quedó grabada en la memoria de Caleta Olivia y su nombre fue homenajeado en el Centro Integrador Comunitario Virgen del Valle, donde había trabajado.
Doce años después, el detalle más estremecedor sigue siendo el mismo: el asesino acompañó a la familia durante la búsqueda de la mujer que él había matado.