Vecinos en guerra por las garrafas de gas: la Justicia le puso un precio millonario a los ruidos y los olores
Empezó como una queja por ruidos y olores en el barrio. Diez años después, un juez le puso precio a cada martillazo contra la pared medianera y a cada noche sin dormir. La cifra que deberá pagar el vecino.
Un hombre que acopiaba y vendía garrafas de gas en plena casa deberá pagarle $6 millones a la mujer que vive al lado, después de una década de golpes contra la pared, olores a combustible y noches sin dormir. La sentencia la firmó el Juzgado Civil y Comercial N.º 2 de Corrientes.
El conflicto arrancó en 2014 y se estiró durante años. La denunciante, una mujer mayor con problemas de salud que vive sola, sostuvo que en el inmueble lindero funcionaba un kiosco sin habilitación dedicado al acopio y la venta de garrafas de gas y carbón.
La jueza Graciela Lisceiko hizo lugar parcialmente a la demanda: además de fijar la reparación económica, ordenó que el comerciante interrumpa de inmediato la venta de gas envasado desde su domicilio hasta obtener la habilitación correspondiente.
Qué denunció la mujer
En su presentación describió olores persistentes a combustible y ruidos provocados por golpes contra la pared medianera. También denunció vibraciones y molestias durante la noche, que le impedían descansar.
El hombre negó los hechos. Pero los informes municipales incorporados a la causa indicaron que el comercio no contaba con autorización para vender gas envasado y advirtieron sobre el riesgo de incendio que la actividad podía representar para el barrio.
Los testimonios reunidos durante el proceso, además, describieron sonidos similares a "martillazos" y un clima de hostilidad entre ambas partes.
La Justicia consideró que las molestias superaban la llamada "normal tolerancia" que debe existir en la convivencia entre vecinos y que el problema llegó a afectar el descanso y la vida cotidiana de la denunciante.
Por qué la indemnización es de $6 millones
Al resolver, la jueza tuvo en cuenta tanto las molestias denunciadas como la situación particular de la mujer. Para eso aplicó las 100 Reglas de Brasilia y la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores.
La magistrada consideró que, por su edad y porque vivía sola, la demandante se encontraba en una situación de especial vulnerabilidad frente al conflicto.
El monto quedó dividido en dos conceptos: $2 millones por las inmisiones, es decir, las molestias ocasionadas por los ruidos y olores, y otros $4 millones por daños materiales y espirituales.
El antecedente penal que pesó en la balanza
Para establecer esa última cifra, el tribunal también tomó en cuenta un episodio anterior: según el expediente, los demandados habían sido condenados por ingresar al techo de la vivienda de la denunciante y arrojar aceite sobre las paredes y las ventanas.
La Justicia consideró que esa fue una agresión deliberada que tuvo consecuencias sobre la estabilidad emocional de la mujer y lo incorporó entre los elementos para determinar la reparación.
Para calcular el resarcimiento, el tribunal tomó como referencia el valor actual de distintos bienes de consumo, entre ellos un televisor, un aire acondicionado y un sommier. El objetivo fue establecer una compensación acorde con las necesidades de la mujer y su situación particular.
Además del pago de los $6 millones, el hombre deberá dejar de vender garrafas desde su domicilio hasta contar con la habilitación correspondiente.