Los floristas que llevan más de tres décadas en la puerta del cementerio capitalino sienten el golpe en el bolsillo: la fecha que antes les aseguraba el año ya no rinde, y hay un detalle en la vereda que les complica cada venta. ¿Qué pasa con los puestos?
El Día de los Fieles Difuntos ya no es lo que era para los floristas apostados sobre la vereda del Cementerio Municipal Fray Mamerto Esquiú. La fecha, que durante décadas garantizaba ventas y servía para remontar el año, hoy deja puestos casi sin movimiento y cajas que no cierran.
La explicación, según los propios puesteros, combina dos factores: el recambio generacional y un cambio de costumbres que aleja a los más jóvenes de la visita tradicional al camposanto capitalino. Para muchos de ellos, lo que se vende en estas jornadas es la única entrada de dinero de la familia.
“No había nadie”
Lili, una de las floristas que atiende en el lugar, describió un panorama desalentador. “Para el Día de la Madre no vino casi nadie. Nos quedamos con flores sin poder vender. Y ahora para el Día de las Almas, cuando suelen venir desde el día anterior que es el Día de Todos los Santos, no hubo movimiento. No sé si fue por el partido (el superclásico Boca vs. River), pero no había nadie”, contó al diario El Ancasti.
El panorama se agrava por los números. Según los consultados, en el mejor de los casos las ventas promedian entre 10 mil y 15 mil pesos por familia, mientras que la inversión mensual ronda los 2 millones de pesos. La razón: la mercadería debe comprarse afuera porque en Catamarca ya no se produce al ritmo de años anteriores.
Para sostener el negocio, varios optaron por salir a vender en plazas durante fechas especiales o armar arreglos para casamientos, comuniones y cenas de egresados. La urgencia no es solo económica: cada flor tiene un tiempo limitado y muchas exigen cuidados especiales, como el resguardo en cámaras de frío que la mayoría no tiene.
La competencia que aparece solo en las fechas clave
A la caída de las ventas se suma un reclamo que los puesteros arrastran desde hace tiempo: la presencia de vendedores ocasionales que, únicamente en estas jornadas, se instalan en la puerta de ingreso del cementerio para ofrecer flores de plástico, floreros y flores frescas a precios más bajos.
Los floristas aclaran que no tienen problema con que trabajen, sino con el lugar elegido. “Hace más de 30 años que estamos acá y ellos han venido hoy porque es una fecha clave. Cuando podemos hacer un poco más de plata, no lo logramos porque les permiten instalarse ahí. No hay problema con que estén al frente o en algún otro lado, pero no en la puerta. Eso es competencia directa”, expresaron con molestia.
“Abandonados” y sin luz para cobrar
Los trabajadores también enumeraron una serie de problemas que padecen desde hace tiempo y aseguraron sentirse “abandonados” por las autoridades. El deterioro de los puestos, la falta de limpieza en los veredones y los robos y actos de vandalismo son los principales.
A eso suman la ausencia de conexión a la red eléctrica, lo que les impide mantener cargados los posnets y los celulares con los que reciben pagos electrónicos. El pedido es concreto: luz, energía, seguridad y limpieza para el sector donde trabajan, además de una solución a la competencia desleal en las fechas de mayor venta.
La misa en la necrópolis
En paralelo a la actividad comercial, la mañana del lunes 2 de noviembre tuvo su costado religioso. El obispo diocesano, Mons. Luis Urbanc, presidió la Santa Misa por los fieles difuntos en la capilla Jesús Resucitado y Nuestra Señora de Guadalupe, dentro del cementerio municipal de la capital.
En su homilía, el pastor diocesano puso el acento en la Resurrección: “El fundamento de que hoy estemos acá, en este cementerio donde depositamos los restos mortales de nuestros seres queridos, es la Resurrección de Jesús. Lo que dio vuelta la historia de la humanidad es que Cristo no solo murió, sino que resucitó al tercer día”.
“Ésa es nuestra fe y por eso estamos acá y pedimos por nuestros queridos fieles difuntos. También pedimos por nosotros, para que sigamos peregrinando con fidelidad así, cuando nos toque dejar este mundo, podamos ir al Cielo y encontrarnos con todos los que participan ya de la Gloria”, reflexionó.
Más adelante explicó el sentido de la ceremonia: “Celebramos la Misa en sufragio, es decir, aplicamos la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús —que es lo que celebramos en la Misa—, para que estos hermanos nuestros que ya dejaron este mundo, si están en un estado de purificación, puedan ir al Cielo”.
Tras destacar a la Virgen María como intercesora ante Dios, rogó “que el Señor conceda el eterno descanso a nuestros fieles difuntos, familiares, amigos, conocidos y desconocidos”, e invitó a “recemos por aquellos por quienes nadie reza, de quienes nadie se acuerda y por aquellos que quizás han vivido lejos de la fe, para que Dios en su misericordia los tenga presentes”.