Pasaron 30 años en jaulas de un metro: el primer paso de los seis monos que nadie esperaba ver libres
Raquel fue la primera en bajar de la camioneta. Es ciega, así que su caja quedó dentro del recinto. Lo que pasó después con Linda, Felipe y Juancito, el más miedoso de los seis, es el comienzo de una adaptación que nadie sabe cuánto tardará.
Seis macacos que vivieron durante tres décadas en jaulas de un metro por un metro, bajo luz artificial y en el subsuelo de una sede porteña, ya respiran aire libre en Luján. Con su salida, la Argentina quedó sin bioterios que utilicen monos.
Los animales pertenecían al ex Laboratorio de Experimentación del Instituto del Cemic, en Saavedra. El centro había cerrado en 2021, pero ellos siguieron encerrados dos años más, después de que otro grupo de monos del mismo plantel, los "cai", partiera rumbo a Sudáfrica.
Este miércoles a las 8 una camioneta partió del Cemic con seis cajas de madera. Adentro, los monos dormidos. Al llegar a destino, en la Colección y Fundación Campobianco, las cajas se depositaron sobre fardos preparados para la ocasión. Ahí empezó otra historia.
Un recinto pensado para volver a ser monos
Juan Artigas y Jorge Bianco armaron un gran espacio con árboles, sogas, distintas alturas y puertas que se abren y se cierran. A eso sumaron cuatro recintos más chicos, con niveles variados, para que los macacos —originarios del sudeste asiático— puedan adaptarse de a poco y recuperar conductas propias de su especie.
La fundación alberga a más de cien animales: el 95% fueron rescatados y entregados para su cuidado por la Dirección de Flora y Fauna de la provincia de Buenos Aires.
El desafío es enorme. Treinta años durmiendo en cubículos minúsculos, sin conocer jamás la luz del sol y sometidos a un método de sujeción que ya no se usa donde existe un mínimo de bienestar animal, no se borran rápido. Por eso el objetivo es lento: que se recuperen de los traumas del encierro y de la experimentación.
De la denuncia al traslado
La historia se remonta a 2021, cuando la Fundación Zorba para la protección de los animales denunció la situación. El bioterio había cerrado ese año y la organización hizo pública la noticia de inmediato. Desde entonces se trabajó para sacarlos de ahí, con idas y vueltas que los propios protagonistas describen como kafkianas.
El bioterio había sido inaugurado en 1983 en colaboración con la Organización Mundial de la Salud (OMS). Un documento del Conicet de septiembre de 2022, pedido por el Cemic tras el cierre, detallaba cada destino posible para los monos. Allí se describía el lugar como el espacio donde científicos y técnicos trabajaban para develar los mecanismos que permiten que las especies animales y los seres humanos se perpetúen más allá de la muerte de sus individuos.
En la salida intervinieron finalmente la Nación y la provincia de Buenos Aires en conjunto. "Muchas veces el camino es injusto", dice Artigas, "pero la verdad y la justicia siempre llegan. Los animales no tienen bandera política".
Raquel, Linda, Felipe, Juancito, Carmencita y Maco
Coki Dahdah, especialista en comportamiento animal contratada por las fundaciones Campobianco y Zorba, siguió el operativo paso a paso. Raquel fue la primera en bajar de la camioneta. Su caja se dejó dentro del ambiente porque es ciega y no puede ver. Eso permitió abrir la de Linda, algo más joven, que salió enseguida y buscó altura: la seguridad que necesitan para controlar y mirar.
En el recinto de al lado se trasladó a Felipe, que también fue rápido. Subió las tarimas y mostró signos de ansiedad: se mordía las patas, golpeaba el suelo, mordía objetos. Aun así aceptó manzanas y naranjas y recorrió el espacio buscando cómo subir.
La puerta de la caja de Juancito se dejó abierta. La espera seguía. Maco, en cambio, medicado y con convulsiones, es muy sociable: pudo interactuar y agarrar comida.
Cuando Linda estuvo tranquila se abrió la caja de Carmencita. "A Juancito le está costando salir, es el más miedoso", cuenta Dahdah, que lo espera y lo estimula para que pierda sus primeros temores.
"Con el tiempo se van a ir adaptando, y se van a ir dando cuenta de lo que quieren hacer. Es un proceso lento porque después de tanto tiempo de vivir en un ambiente tan estéril, es abrumador poder elegir entre todo lo que les faltó", argumenta la especialista.
La secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, el secretario de Turismo, Ambiente y Deportes, Daniel Scioli, el subsecretario Juan Trebino y la directora de Fauna, Marina de Souza, intervinieron para destrabar los inconvenientes que se cruzaron en el camino.
Tras años de experimentos sobre sus cuerpos, los seis empiezan a vivir lo más parecido a una vida de monos que podrán tener.