La bronca frente al Ueno Bank: acampan hasta que aparezca la plata y esperan a Peña
Frente a una sucursal del Ueno Bank en Asunción, los ahorristas montaron una vigilia y no piensan moverse hasta que les devuelvan el último peso. La bronca apunta a Peña y al Partido Colorado, y la espera tiene fecha: mañana, a las 10, en el Congreso.
Una sucursal del Ueno Bank en el centro de Asunción se convirtió en el epicentro del reclamo de cientos de ahorristas que exigen la devolución de sus fondos. La vigilia, instalada frente a la Plaza de la Democracia, se mantiene a la espera de que el presidente Santiago Peña concurra mañana a la primera audiencia del juicio político en el Congreso.
La protesta se concentra en una esquina estratégica: la sucursal bancaria que da a la plaza, a pocos metros del Panteón de los Héroes. Allí, los manifestantes no encuentran matices a la hora de repartir responsabilidades. Apuntan directamente al aún presidente Peña y al Partido Colorado, a quienes acusan de haber convertido al banco del clan Vázquez en el destino predilecto de los depósitos del Estado durante tres años.
“Que devuelvan el último peso”
Alicia, enfundada en una remera de la selección paraguaya, resume el sentir general: “Hay que mantener la vigilia, que no se apague el reclamo hasta que devuelvan el último peso”. Empleada de comercio, cuenta que sus ahorros estaban en esa entidad y advierte sobre las consecuencias inmediatas: “Hay que empezar a hacer los vencimientos. Yo no voy a pagar a los que les debo, no tengo plata hasta que no me devuelvan lo que tenía en ese banco”.
Su testimonio anticipa uno de los efectos más temidos: la ruptura masiva de la cadena de pagos en toda la economía. El peso del banco caído es enorme: tiene 2,9 millones de cuentas en un país que, según el Instituto Nacional de Estadística, tiene una población estimada de 6.460.159 habitantes en 2026.
Una sucursal como termómetro de la furia
El local bancario es testigo mudo de la indignación. Vidrios rotos a piedrazos, paredes pintadas y carteles pegados con frases como “El demonio es Colorado” o “Nuestro país no es tu negocio”. La policía custodia la puerta mientras los manifestantes se turnan para sostener la vigilia.
Entre los presentes hay un ahorrista uruguayo que llegó desde Montevideo. “No me funde; no me desestabiliza, pero me quedó algo de dinero adentro del banco. Vengo a ver qué hacer, tengo que abrir otra cuenta, pero no sé en qué banco porque la desconfianza es total”, relata el empresario, radicado en Paraguay desde hace años y con campos en el país.
Ariel, otro de los manifestantes, llegó por la tarde y ya tiene plan: “Me quedo acá hasta mañana a las 10”, la hora en que Peña está citado a la primera audiencia del juicio político. “No se sabe si va a venir o no, pero le aseguro que si no viene, si manda a su abogado, acá va a haber lío. Se tiene que presentar y dar explicaciones. Y sobre todo, que aparezca la plata”, ruega.
Un golpe al corazón del sistema
La caída del Ueno Bank trasciende la quiebra de una entidad. Era la puerta de entrada al sistema financiero para cientos de miles de paraguayos que abrieron su primera cuenta desde el celular. Además, el Estado depositaba allí el dinero de los jubilados y de la Caja Fiscal: unos 32.000 jubilados cobraban sus haberes en sus cajeros. Si el banco que eligió el propio gobierno, y que el Banco Central consideró sano hasta el último minuto, pudo colapsar, la pregunta que sobrevuela la plaza es incómoda: ¿qué puede pasar con los demás? ¿Hay riesgo de contagio? El temor es que muchos decidan sacar sus ahorros del sistema formal.
Claudia muestra su celular como prueba del colapso operativo: “La aplicación no anda, no muestra los saldos y no se puede operar. Abre, pero nada más. Tampoco funcionan las tarjetas porque yo intenté pasarlas y no pude”. Su caso ilustra el efecto multiplicador: miles de comerciantes no cobrarán sus ventas y millones de usuarios de tarjetas del banco no pagarán el resumen del mes. El alcance de ese efecto aún es incalculable.
La carrera del Banco Central
Mientras tanto, el Banco Central de Paraguay corre contra el reloj para contener la desconfianza, que ya no se limita al banco sino que amenaza con extenderse a todo el sistema. Anoche comenzó a pagar a un primer grupo de ahorristas con el Fondo de Garantía de Depósitos. Cobran primero quienes ya tienen cuenta en otra entidad: el dinero se acredita en la de mayor saldo, a través de 12 entidades designadas, entre ellas el Basa, el banco del grupo Cartes que Peña llegó a dirigir.
La meta oficial es completar los pagos en 5 días hábiles, con un máximo de 15. Según el Central, cerca del 97% de los ahorristas recuperará todo su dinero; el resto, los grandes depositantes, quedará atado a lo que se rescate de la liquidación. Los jubilados del IPS cobrarán noviembre el día 17, ya desde otros bancos.
Paraguay está conmovido por la velocidad de la crisis. Nadie desconfiaba hasta hace pocas horas. Pero todo cambió al punto que es difícil encontrar un grupo que confíe.