El Rolls-Royce más antiguo del mundo volvió a la ruta y lo que llevaba puesto dejó a todos sin palabras
El Rolls-Royce más antiguo del mundo volvió a las rutas después de un siglo, pero lo que llevaba puesto dejó a todos sin palabras. ¿Qué fue lo que sorprendió?
Un Rolls-Royce de 1904, considerado el más antiguo que se conserva en el mundo, volvió a circular después de una restauración de tres años que le devolvió su aspecto original. El auto, que había sido abandonado en un granero, participó de la tradicional prueba Londres-Brighton y sigue demostrando que puede andar.
El vehículo, con número de chasis 20154, fue construido en noviembre de 1904, apenas seis meses después de que Henry Royce y Charles Rolls se conocieran en Manchester. Se trata del cuarto de los 17 Type A 10 hp fabricados y el único del que se tiene rastro, según el Royal Automobile Club.
De un granero a los premios internacionales
Con el correr de las décadas, el auto terminó guardado en un granero, donde fue encontrado en 1950. Luego de una primera restauración, volvió a circular en la prueba Londres-Brighton, reservada a los automóviles más antiguos. Pero su actual propietario, el coleccionista Terry Bramall, quiso ir más allá y encaró un proyecto de tres años para devolverle exactamente el aspecto que tenía al salir de fábrica.
Así recuperó la configuración original de la carrocería Park Phaeton fabricada por Barker, sus especificaciones y el característico amarillo claro con el que había sido entregado. También volvió a llevar su matrícula original de Manchester, M 612.
El resultado no tardó en recibir reconocimientos. Primero viajó a California, donde ganó su categoría, Antique, en el prestigioso concurso de Pebble Beach. Allí también participó del recorrido organizado para los vehículos que competían en el evento.
Después llegó el turno de Londres. El pasado 31 de octubre, el Rolls-Royce ganó el Best in Show, el máximo reconocimiento del concurso de St James's. El jefe del jurado, Philip Oldman, destacó especialmente la minuciosidad de la restauración y el esfuerzo por respetar cada detalle de su configuración original.
Más de un siglo después, sigue rodando
A la mañana siguiente, el domingo 1° de noviembre, el auto dejó su lugar de exposición y se sumó a los vehículos que partieron desde Hyde Park rumbo a Brighton. Más de un siglo después, sigue haciendo aquello para lo que lo habían construido.
Debajo de la carrocería lleva un motor de dos cilindros y 1,8 litros, con el que puede alcanzar unos 61 km/h, según la documentación del concurso de Pebble Beach. Una mecánica que hoy parece sencilla, pero que pertenece a los primeros pasos de una industria que todavía estaba definiendo cómo tenía que ser un auto.
Cuando Rolls y Royce eran dos apellidos separados
En 1904, Rolls-Royce todavía no existía. Henry Royce y Charles Rolls ni siquiera se conocían. Royce era un ingeniero que había decidido fabricar su propio auto después de llevarse una decepción con uno que había comprado. Rolls, un empresario apasionado por el automovilismo, buscaba un buen vehículo británico para vender.
Todo había comenzado cuando Royce, que trabajaba en el sector de la ingeniería eléctrica, compró un Decauville francés usado. El vehículo tenía tantos defectos que decidió intentar construir uno mejor. Lo consiguió en abril de 1904, cuando puso en circulación su primer auto, equipado con un motor de 10 HP.
Por entonces, Rolls ya tenía experiencia en el negocio. Había estudiado en Cambridge, participaba en competencias automovilísticas y se dedicaba a importar y comercializar vehículos. Pero quería incorporar a su catálogo un modelo de fabricación británica. Un conocido en común lo puso en contacto con Royce y el 4 de mayo de 1904 se reunieron en Manchester.
Rolls probó el vehículo y quedó tan contento con su rendimiento que acordó comercializar todos los autos que Royce pudiera fabricar. Así, mientras uno se ocupaba de desarrollarlos y construirlos, el otro se encargaría de venderlos. Esa asociación fue el origen de Rolls-Royce.
Apenas seis meses después de aquel encuentro, en noviembre de 1904, se construyó el ejemplar que hoy se conserva. Se trató del modelo destinado a mostrar al público lo que podían ofrecer los vehículos de la nueva marca. Para eso recibió una carrocería abierta Park Phaeton, fabricada por Barker, que incluía un asiento trasero para pasajeros ocasionales. En diciembre de ese mismo año viajó a Francia para exhibirse en el Salón del Automóvil de París.