El rector de la UNJu puso la cifra sobre la mesa y encendió las alarmas para 2027
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El rector de la UNJu puso la cifra sobre la mesa y encendió las alarmas para 2027

Mario Bonillo, rector de la UNJu, habló con TodoJujuy y puso número a la preocupación que recorre los pasillos de la universidad. Lo que dijo sobre salarios, paros y el futuro de las clases enciende una luz amarilla para 2027.

Mario Bonillo, rector de la Universidad Nacional de Jujuy, advirtió que el proyecto de presupuesto nacional para 2027 mantiene un recorte del 38% que golpea salarios, funcionamiento e infraestructura. La advertencia llegó en una entrevista con TodoJujuy, en la que el académico trazó un panorama preocupante para la casa de altos estudios.

Un recorte que se afianza

La principal inquietud de Bonillo pasa por los recursos que las universidades nacionales recibirán el año próximo. Según su lectura, el financiamiento del sistema acumula una reducción que ronda el 38%, y esa merma alcanza tanto al personal como a los fondos operativos.

"Lo que se ve que se afianza es un recorte de parte del Gobierno nacional que está alrededor del 38%. Tanto los salarios de docentes, no docentes, personal de servicio, como así también todos los fondos para funcionar y otros programas asociados, han sufrido un recorte de ese orden", explicó.

El rector enmarcó la situación en la política nacional de reducción del gasto público y precisó el mecanismo: como las universidades son autónomas, las restricciones llegan por la vía de las partidas presupuestarias. "En el caso nuestro, como somos autónomos, lo hace por medio del presupuesto", señaló.

La preocupación se agrava mirando hacia 2027, porque el proyecto enviado por el Ministerio de Capital Humano no prevé recuperar lo perdido. "Lamentablemente, el proyecto de presupuesto presentado por el Ministerio de Capital Humano sostiene ese recorte", afirmó.

La contrapropuesta de las universidades y la pulseada en el Congreso

Ante ese escenario, el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN), que nuclea a las casas de estudio públicas del país, armó una propuesta alternativa que contempla justamente el 38% faltante.

"El Consejo Interuniversitario Nacional ha presentado uno alternativo que, al revés, contempla ese 38% faltante", detalló Bonillo.

Ahora todas las miradas están puestas en el tratamiento legislativo del presupuesto nacional. "Estamos a la expectativa de ver qué pasa en el Congreso. Estamos conversando, en el caso nuestro, con nuestros legisladores, y todos los rectores estamos haciendo un poco lo mismo para ver si logramos revertir la situación", sostuvo.

Paros, salarios y el derecho a reclamo

Consultado por las medidas de fuerza que marcaron el segundo cuatrimestre, Bonillo defendió el derecho de los trabajadores universitarios a pelear por mejores condiciones salariales.

"La medida de fuerza es un derecho, es el artículo 14 bis de nuestra Constitución Nacional, el derecho a huelga. Es la única herramienta que tenemos los trabajadores para pelear por un salario digno", expresó.

Al mismo tiempo, reconoció que la universidad debe buscar mecanismos para morigerar el impacto de las interrupciones sobre los estudiantes y que la discusión se cruza con las disposiciones nacionales sobre la esencialidad de la educación superior: hay que compatibilizar el derecho a huelga con la continuidad de las clases.

Docentes que se van y equipos que se rompen

La preocupación de Bonillo no se agota en los paros. Según advirtió, las dificultades económicas empujan a algunos docentes a buscar otros trabajos o directamente a abandonar la actividad universitaria.

Ese fenómeno tiene consecuencias en los proyectos de investigación y en la posibilidad de mantener actualizados los recursos tecnológicos que se usan para enseñar y producir conocimiento.

"Eso deteriora mucho también los equipos de investigación, los equipamientos, y en la medida que pasa el tiempo con esta política cada vez se profundiza más, con equipos que se rompen, no se actualizan, no se reparan. La infraestructura pasa lo mismo", detalló.

El rector remarcó que el desgaste no siempre se nota de inmediato, pero se acumula y puede comprometer seriamente el funcionamiento de la institución a mediano plazo.

"Es una preocupación que, en la medida que avance el tiempo con una política de este tipo, va deteriorando cada vez más la universidad. Y así seguramente en un par de años cualquiera podría decir: 'Bueno, la universidad no sirve para nada'", concluyó.

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