El precio del petróleo se dio vuelta y Vaca Muerta mira el tablero: qué se juega la Argentina
Economía

El precio del petróleo se dio vuelta y Vaca Muerta mira el tablero: qué se juega la Argentina

La derrota de Trump movió el tablero del petróleo y en la Argentina hay un número que define hasta dónde aguanta Vaca Muerta. Los expertos ya marcaron el piso, pero el nuevo escenario deja varias dudas abiertas.

La derrota electoral de Donald Trump en los comicios de medio término dejó al mandatario sin control del Congreso y abrió un frente de dudas para el mercado energético mundial. El crudo se desplomó hasta rondar los u$s90 y en la Argentina la pregunta es directa: cuánto de ese golpe llega a Vaca Muerta y a las cuentas del país.

El triunfo demócrata en ambas cámaras, sellado el martes 3 de noviembre, cambió la lectura de los inversores. La expectativa de que la Casa Blanca enfrente más presión para buscar una salida diplomática a la guerra con Irán —iniciada en febrero junto a Israel— bastó para pinchar la prima geopolítica que venía inflando el precio del barril.

El encarecimiento de los combustibles y su efecto sobre el costo de vida estuvieron entre los factores que explican el retroceso republicano. Aun así, Trump conserva amplias facultades para conducir la política exterior y militar.

Un barril que se duplicó y ahora retrocede

Durante meses, las restricciones al suministro desde Medio Oriente y los problemas para transportar crudo por el estrecho de Ormuz empujaron las cotizaciones hacia arriba. El economista Nicolás Sidicaro, de Fundar, lo graficó con números: "Si uno ve, por ejemplo, principalmente lo que pasó con Irán desde febrero de 2026 hasta octubre de 2026, el precio de los hidrocarburos a nivel internacional casi que se duplicó. Pasamos de un barril promedio de 60 dólares a uno que oscila entre 100 y 120 dólares".

Para un país exportador como la Argentina, esa diferencia se traduce en dólares contantes. Con precios altos entra más plata por la misma cantidad de petróleo vendido; con precios en baja, el efecto es el inverso.

Sidicaro anticipó que el resultado electoral podría llevar al gobierno estadounidense a revisar su estrategia internacional, tanto en Irán como en la guerra entre Rusia y Ucrania. "Si el gobierno de Trump recula un poco o cambia su estrategia, probablemente los precios bajen y eso termine impactando en nosotros de distintas maneras", advirtió. Entre los efectos posibles mencionó menores ingresos por exportaciones y una rentabilidad esperada más baja en algunos proyectos.

No obstante, el economista no prevé una normalización inmediata: las tensiones geopolíticas seguirían durante los próximos años, incluso si Washington modifica su posicionamiento.

El estrecho de Ormuz y el mar Rojo, todavía en la ecuación

Gerardo Rabinovich, presidente del directorio de la Empresa Mendocina de Energía (EMESA), coincidió en que la caída refleja expectativas de menor intensidad militar, pero aclaró que los riesgos de abastecimiento no desaparecieron. "Sin acciones militares el precio va a tender a bajar lentamente, pero ahora comienza un largo proceso caracterizado por la imprevisibilidad y la incertidumbre", sostuvo.

El especialista recordó que el estrecho de Ormuz sigue afectado por restricciones al tránsito marítimo y que los hutíes mantienen limitaciones a la navegación en el mar Rojo. A eso se suman las negociaciones por el programa nuclear iraní, con diferencias difíciles de destrabar entre Teherán y Washington. "Muy difícilmente en el largo plazo vuelva a los niveles previos a la guerra, que eran del orden de los u$s60", evaluó.

Las proyecciones de los grandes bancos tampoco son tranquilizadoras. Dos días antes de los comicios, Goldman Sachs había elevado su previsión del Brent para diciembre a u$s105 por barril y estimaba un promedio de u$s88 para 2027. Incluso contempló picos de u$s140 si el suministro del Golfo Pérsico se interrumpía por un período prolongado.

Vaca Muerta, con margen propio

El peso del sector en la economía argentina explica la sensibilidad del debate. En septiembre, la energía aportó más de la mitad del superávit comercial del país y acumuló un saldo favorable de u$s9.427 millones entre enero y septiembre de 2026.

La producción nacional marcó un récord de 973.700 barriles diarios en septiembre, de los cuales unos 698.500 salieron de Vaca Muerta, según cifras de RICSA ALyC difundidas en octubre. La formación neuquina ya concentra cerca del 72% de la extracción petrolera argentina. Ese mes se exportaron aproximadamente 421.000 barriles diarios de crudo, con ingresos por u$s1.127 millones.

Las exportaciones energéticas totales llegaron a u$s1.781 millones en septiembre, un 89,1% más que un año antes. El superávit del sector fue de u$s1.600 millones, equivalentes al 53,8% del saldo positivo de toda la economía. Entre enero y septiembre, la energía acumuló ventas externas por u$s12.452 millones.

Pese a ese volumen, la expansión no depende de que el Brent se mantenga por encima de los u$s100. Rabinovich fue tajante: "Vaca Muerta es rentable con precios internacionales por encima de los 50 u$s/barril". Con esa base, consideró poco probable que la corrección actual frene las inversiones, aunque admitió que si el crudo sigue bajando algunas proyecciones de superávit energético deberán revisarse a la baja. "La riqueza de Vaca Muerta está comprobada, las decisiones de inversión dependen de muchas variables de largo plazo", remarcó.

Las obras que necesitan financiamiento

El desarrollo del shale no se sostiene solo con precio. La infraestructura es la otra pata. El proyecto Vaca Muerta Oil Sur (VMOS), que conectará la producción neuquina con la terminal marítima de Punta Colorada, en Río Negro, estará listo a fines de año y operativo en el primer trimestre de 2027. Su objetivo es destrabar uno de los límites más duros de la industria: la capacidad de transportar el crudo hacia los mercados externos.

El desafío es mayor con el gas natural licuado (GNL). Argentina LNG, impulsado por YPF junto a la italiana Eni y la emiratí XRG, prevé instalaciones de producción, transporte y licuefacción para llevar el gas de Vaca Muerta a Europa y Asia. El presidente y CEO de YPF, Horacio Marín, afirmó que se ultiman detalles para firmar los contratos de comercialización con compradores de ambos continentes.

Sidicaro ve en la inestabilidad internacional una oportunidad para esos proyectos, porque los compradores buscan diversificar proveedores y alejarse de las zonas en conflicto. "Estamos atravesando un momento de inestabilidad geopolítica que probablemente perdure un par de años más, y eso hace más atractivas a regiones como la nuestra, que están alejadas de los ejes del conflicto", explicó. Claro que si el riesgo global baja, otros proveedores podrían recuperar competitividad y cambiar la ecuación.

El vínculo Milei-Trump, bajo la lupa

El segundo frente de preocupación es político. Con un Congreso opositor desde enero de 2027, Trump deberá convivir con una cámara con facultades para investigar a su administración, condicionar el presupuesto y revisar iniciativas. Para un gobierno como el argentino, que mantiene una alianza estrecha con la Casa Blanca, el cambio puede pesar sobre el acceso a financiamiento.

En el mercado financiero ya aparecen dudas sobre los pagos de deuda y sobre si, de cara a 2027, cuando Milei se juegue la continuidad en la Presidencia, el país podría volver a contar con un salvavidas similar al que aportó el Tesoro estadounidense, cuando Scott Bessent dispuso u$s20.000 millones para evitar un descalabro.

Sidicaro advirtió que el mayor control legislativo podría abrir cuestionamientos sobre el respaldo económico a países aliados de Trump, tanto el apoyo financiero recibido en 2025 como los mecanismos para financiar infraestructura. "Si cambia un poco esa relación de Trump con los países aliados suyos y vuelve un poco a la estrategia de Make America Great Again que supo tener en algún momento, quizás también nos puede llegar a afectar", sostuvo.

El tema cobra peso tras el anuncio de un programa de hasta u$s7.000 millones para proyectos de infraestructura, energía, minería y logística, ligado al Corredor Andes-Atlántico. En octubre hubo reuniones entre funcionarios del Departamento de Estado, el Eximbank y la DFC con autoridades y empresas argentinas. Son iniciativas que todavía requieren definiciones y desembolsos: no hay recursos asegurados para todos los proyectos.

El titular del Eximbank, John Jovanovich, salió a despejar dudas: los anuncios no se verían afectados por la derrota republicana. "(La oportunidad) va a trascender cualquiera que sea el tema del día sobre el que todos estamos discutiendo, o que nos preocupa, o que nos genera ansiedad", indicó, y llamó a las empresas estadounidenses a aprovechar una chance que se da "una vez en una generación".

Para Sidicaro, la incertidumbre también puede llegar por el mercado financiero local, donde el riesgo país encarece el capital internacional. "Si lo que pasó en Estados Unidos genera un efecto más desde lo financiero en Argentina, eso va a terminar afectando, me parece, también a algunos de los procesos de inversión que se están viendo en el área de los hidrocarburos", alertó.

La otra mirada: pesa más lo que pasa en casa

El economista y especialista en geopolítica Pablo Kornblum puso el foco en otro lado. Los grandes desarrollos energéticos se piensan a décadas y las empresas miran la estabilidad del país donde invierten más que un resultado electoral puntual. "Los proyectos de la economía real, de largo plazo, van a depender más de lo que pasa en Argentina: de la estabilidad política argentina, de la capacidad de gobernar, de una macroeconomía ordenada y de la posibilidad de sacar divisas", explicó.

Para Kornblum, el RIGI y la continuidad de las reglas de juego serán determinantes. "En eso se fijan las empresas norteamericanas. No se van a fijar si ganó o perdió Trump, sino qué pasa con Milei, qué pasa con la política del RIGI y demás", afirmó.

De la energía a la inteligencia artificial y el litio

El cambio político en Estados Unidos también toca otros frentes. Letícia Simionato, Senior Price Reporter de Fastmarkets, señaló que el mercado sigue con atención cómo los cambios políticos en América pueden influir en la transición energética y en los minerales críticos. "Existe una creciente atención sobre cómo los cambios políticos en las Américas podrían influir en el rumbo de la transición energética y, en particular, en las políticas relacionadas con energía, inversión y minerales críticos", dijo.

La discusión ya no se limita a reemplazar combustibles fósiles por renovables: involucra seguridad de abastecimiento, competencia tecnológica y cadenas industriales estratégicas. En Estados Unidos, uno de los desafíos será la expansión de los centros de datos y la inteligencia artificial, que exige cada vez más electricidad e inversiones en generación y transporte.

Ese punto no es ajeno a la Argentina, donde el gobierno incentiva la llegada de centros de datos. El magnate Peter Thiel, fundador de Palantir, ya compró una mansión en Barrio Parque por u$s12 millones, frente a la de Susana Giménez.

Para Simionato, un Congreso dividido podría intensificar los debates sobre cómo financiar esa infraestructura y quién afronta los costos. En Sudamérica, el litio ocupa el centro de la escena: las baterías de litio-ferrofosfato (LFP) que usan los fabricantes chinos de autos eléctricos ganan participación, y el crecimiento del almacenamiento renovable y de los centros de datos refuerza la demanda de carbonato de litio. La Argentina, con una de las mayores reservas del mundo, aparece como candidata a ampliar su presencia, aunque todo dependerá de las condiciones regulatorias y de la competitividad de los proyectos.

"Estamos viendo cómo la transición energética deja de ser exclusivamente una discusión sobre la descarbonización. Cada vez está más vinculada con seguridad energética, política industrial, acceso a minerales críticos y geopolítica", sostuvo Simionato.

Brasil y el gasoducto que mira al norte

La otra variable internacional es Brasil. Luiz Inácio Lula da Silva fue reelegido para un cuarto mandato al vencer en segunda vuelta al senador Flávio Bolsonaro, aliado de Milei, con el 51,79% de los votos válidos frente al 48,21%, según los resultados oficiales.

La continuidad de Lula mantiene una relación política compleja con el gobierno argentino, que hizo campaña en su contra con descalificaciones personales que tensaron el vínculo con el principal socio comercial. Aun así, los intereses económicos y energéticos trascienden, por ahora, las diferencias ideológicas.

El especialista Daniel Dreizzen consideró que el resultado brasileño tiene peso político y económico para la región, pero no modifica los fundamentos del negocio del gas. La Argentina tiene recursos abundantes en Vaca Muerta y necesita mercados externos; Brasil, con su economía industrial de gran escala, es un comprador potencial. De ahí el proyecto de un gasoducto binacional para llevar el gas desde Neuquén hasta territorio brasileño.

Para Dreizzen, el obstáculo no está en las diferencias entre gobiernos sino en las inversiones para transportar el combustible de forma competitiva y sostenida: ampliar capacidad, cerrar acuerdos de largo plazo, fijar precios competitivos y marcos regulatorios previsibles. "La continuidad de Lula no modifica sustancialmente los fundamentos de esta oportunidad energética", sostuvo, aunque reconoció posibles diferencias en el enfoque regulatorio, el rol de las estatales o la velocidad de las decisiones.

Simionato marcó el contraste de estrategias: la Argentina busca capital privado con incentivos como el RIGI, mientras Brasil le da más peso al Estado y a la construcción de cadenas industriales locales. Aun con posiciones políticas distintas, la relación energética bilateral podría avanzar por razones económicas. Dreizzen insistió en que la integración debe pensarse a largo plazo, porque implica infraestructura de miles de millones de dólares y contratos que durarán décadas.

El desafío de fondo

Con Trump condicionado por un Congreso opositor y Lula con cuatro años más de mandato, la Argentina enfrenta un escenario internacional distinto al que le permitió expandir sus exportaciones durante 2026. Un petróleo más barato puede recortar ingresos, pero también aliviar costos energéticos e inflación. Menos conflicto global puede restar atractivo a ciertos proyectos, aunque aporte previsibilidad.

Sidicaro no cree que el crecimiento de Vaca Muerta se interrumpa por la derrota republicana. "Por el momento, de todas maneras, el sector viene creciendo y sigue pareciendo atractivo a nivel internacional. Con lo cual, no creo que sea un desenlace fatal, ni mucho menos, lo que sucedió, sino que a lo sumo cambia un poco en el margen", explicó.

La conclusión coincide con la de Rabinovich y Kornblum sobre la solidez de los fundamentos productivos del shale, con matices sobre cuánto pesa el precio del crudo y las condiciones financieras. El desafío argentino excede a la política estadounidense: consolidar una industria capaz de atraer inversiones y exportar incluso cuando el contexto deje de ofrecer precios extraordinarios, con infraestructura, financiamiento y reglas que permitan atravesar los cambios sin perder competitividad.

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