El director que recorre casa por casa a sus 25 alumnos en un paraje perdido de San Luis
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El director que recorre casa por casa a sus 25 alumnos en un paraje perdido de San Luis

Sus padres fueron directores rurales y su hermana también eligió el aula, pero él hizo algo más: recorre casa por casa a sus 25 alumnos. Lo que encontró adentro de esas viviendas lo marcó.

Luis Amaya lleva la docencia en la sangre: sus padres fueron directores rurales y su hermana también eligió el aula. Él hace casi 22 años que está al frente de la escuela de La Vertiente, un paraje del departamento San Martín donde nace el río Conlara, y su obsesión tiene un solo nombre: que sus chicos no se queden con la primaria.

“Que cursen Enfermería o entren a la Policía, yo trato de armarles una carrera”, asegura este docente que desde el 26 de junio de 2005 sostiene la jornada completa de 9:00 a 15:30, con desayuno y almuerzo incluidos para los 25 alumnos que hoy asisten.

De la escuela hogar a la matrícula de hoy

Amaya recuerda con nostalgia otro tiempo, cuando el establecimiento funcionaba como escuela hogar y los chicos dormían allí. “Uno tenía la responsabilidad de cuidarlos de noche, ser como un padre, acompañarlos en todo momento”, cuenta sobre aquellos años en los que la matrícula era mucho mayor.

Hoy la realidad es otra: las familias tienen menos hijos y el número de estudiantes bajó. Aun así, el director sostiene que “seguimos con el mismo amor de siempre, en la lucha para que los chicos progresen”.

El sacrificio de llegar, todos los días

La geografía no perdona en esa zona. La Vertiente está en el camino entre la ruta N°2 que va de Paso Grande a La Toma y de Las Chacras a La Carolina, y muchos alumnos deben recorrer a pie o a caballo una hora, o una hora y media, para sentarse en el aula.

El panorama viene cambiando: varios chicos ya pueden moverse en bicicleta gracias al gobernador Claudio Poggi, aunque otros siguen haciendo el trayecto como antes, con el mismo esfuerzo de siempre.

Visitas domiciliarias y una realidad que no siempre se ve

Para Amaya, ser docente rural significa “el orgullo de ayudar, no solamente a los alumnos, porque también compartimos con la sociedad”. Por eso hace visitas a las casas y conoce de cerca la situación de cada familia.

Ahí aparece una dificultad que, dice, no suele tenerse en cuenta: muchas viviendas no tienen un espacio para estudiar y los chicos conviven todos en un monoambiente, lo que les complica el día a día escolar.

Su propósito, insiste, excede el aula: que los chicos aprovechen, que avancen y crezcan “como personas y económicamente”. Que no se queden nada más con esto.

Luis Amaya, director de la escuela de La Vertiente

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