Todos los días hace 75 kilómetros de ida y 75 de vuelta para llegar a una escuelita donde es maestra, directora y hasta consejera de las familias. Lo que contó sobre su vocación, a poco de jubilarse.
Juana Soria es maestra y directora de la Escuela N°256 'Provincia de Salta', en Balde de Retamo, departamento Ayacucho. Tiene cinco alumnos de primaria y cinco de secundaria, y todos los días recorre 75 kilómetros de ida y 75 de vuelta para llegar.
La escuelita está lejos de todo. Por eso Juana no puede quedarse a dormir: es chica, no hay dónde, y cada jornada empieza y termina con el auto en la ruta. Son 150 kilómetros diarios que hace sin faltar, según contó durante el almuerzo al que la invitó el Gobierno para festejar el Día del Maestro Rural Sanluiseño.
En ese rol de personal único, Juana es mucho más que la docente. Es la directora, y cuando la situación lo pide, también un poco la mamá de sus alumnos, la doctora improvisada o la consejera de los padres.
“Son muy poquitos chicos, pero estamos unidos a ellos”
“En este momento estoy a cargo de la escuelita, de la dirección. Son cinco alumnos de primaria y cinco de secundario. Son muy poquitos chicos, pero desde la ruralidad nos vemos involucrados mucho con los chicos, con las familias, así que siempre estamos unidos a ellos y a disposición de lo que sea necesario para ayudar”, relató con orgullo.
Para Juana, el rol de la escuela rural es clave en las comunidades alejadas de los centros urbanos. “Cuando hay un problema, la familia nos pide siempre consejos, ayuda, asistencia, que los guiemos para continuar en lo que les ha tocado vivir”, aseguró.
La diferencia entre enseñar en la ciudad y en el campo
La maestra marcó un contraste fuerte con la docencia urbana. “Hay una diferencia abismal entre ser docentes urbanos y docentes rurales. En la ruralidad nos vemos involucrados con cada uno de los chicos, cada uno es una individualidad y tenemos que estar ahí presentes, al pie del cañón. Hay que estar en todo”, sostuvo.
Y enumeró: “Si viene con dolor de garganta, si el papá se fue porque viajó a San Luis, si la mamá está enferma, en todo eso nos vemos involucrados, en todo, porque los chicos además se refugian en nosotros”.
32 años de docencia y una elección que repetiría
Juana está cerca de jubilarse, pero no duda de su vocación. “Elegiría mil veces la ruralidad y ser maestro creo que es lo más. Llevo 32 años como docente”, afirmó.
El viaje diario no es un sacrificio menor: “Hago 75 kilómetros de ida y 75 kilómetros de vuelta todos los días porque la escuela es chiquita y no me puedo quedar a dormir. Son 150 kilómetros a diario y no falto”.
