Dos delfines que no despegan, un rival que crece sin freno y un antecedente que todavía duele: en Mendoza nadie se anima a descartar que Cornejo tenga preparada una jugada para no repetir el mismo trago amargo de la interna anterior.
En el mundillo político mendocino hay una pregunta que se repite en cada charla: ¿Alfredo Cornejo ya tiene preparada la jugada para definir a su sucesor o le espera otra vez el mismo trago amargo? La duda no es caprichosa. Ya le pasó una vez.
En la anterior interna de Cambia Mendoza, el gobernador tuvo que bajar a su preferido, Martín Kerchner, y terminar aceptando a Rodolfo Suarez como el candidato que representara a su espacio. Una resignación doble: personal y para todo su sector, que apenas se quedó con la continuidad dentro del Estado como consuelo del trueque.
Ahora, con su segundo mandato terminando, nadie en la política local se anima a descartar que la historia se repita.
Los delfines que no despegan
El problema de fondo son los números. Las encuestas que circulan no terminan de respaldar del todo a los dos nombres que Cornejo imagina como continuidad: Tadeo García Zalazar y Natalio Mema.
Mientras tanto, Suarez vuelve a consolidarse —el caso de Ulpiano es la muestra más visible— y Luis Petri sigue creciendo. Para las filas del gobernador, el exministro de Defensa pasó de ser un fenómeno a convertirse en una verdadera pesadilla: su intención de voto no baja ni siquiera con la caída de imagen de Javier Milei, que era justamente la mayor apuesta de sus detractores.
En ese contexto, en el mundo político mendocino hay una sospecha que se repite en voz baja: que Cornejo «algo va a hacer».
Los trucos que quedan a mano
No hay margen para la magia, pero siempre quedan recursos. Una PASO para dirimir la interna puertas adentro, conteniendo a todos. Aunque la posibilidad de ceder una vez más sigue acechando.
Lo cierto es que la desesperación por conservar la cuota de poder —o al menos el salario— ya no es del gobernador. Cornejo está satisfecho con la historia que lo tendrá como el único mandatario que completó dos períodos íntegros, y sus allegados repiten a coro que «solo quiere tener capacidad para incidir en las decisiones».
El apuro es de sus equipos. En un desgaste vertiginoso, en las más diversas áreas empiezan a aparecer signos de agotamiento, cuando no de descomposición directa. Las jugarretas de unos contra otros están a la orden del día con tal de que alguien les garantice quedarse donde están. Y también hay un corredor hacia los posibles ganadores, todos en busca del mismo objetivo: que su realidad personal y política no cambie.
La tierra fértil sigue siendo oficialista
En el esquema general, el terreno sigue siendo del oficialismo. Mendoza volverá a estar gobernada por gente del mismo origen, el radicalismo, con los aliados que tuvo o que vengan. Varios de los que se alejaron de Cambia Mendoza ya piden pista.
El PRO, por ejemplo, titubea entre quedarse con lo que Cornejo les pida o jugársela por Petri. También hay instrumentos electorales menores pero eficaces, utilizables como «caballos de Troya» por otros: el Partido Demócrata coquetea tanto con el exministro de Defensa como con el intendente de la Ciudad de Mendoza.
El peronismo, su peor adversario
Otro análisis merece el peronismo, que soñó con un derrumbe masivo del oficialismo para poder avanzar. Ese sueño habla de su incapacidad de reunir a todas las «cabezas» para diagramar un proyecto alternativo: sufre todo el tiempo el tironeo de las disidencias y no logra un liderazgo conductor, como exige su práctica y doctrina.
Su único líder, Carlos Ciurca, actúa desde las sombras y sin hambre propio de candidaturas. En la semana que termina logró afiatar una «unidad», la posible, conteniendo a gusto o a regañadientes a otros sectores. Entre ellos está la única voz que realmente salió a gritar que quiere gobernar Mendoza, Flor Destéfanis, a quien mandaron a caminar su municipio, Santa Rosa, con un cargo de presidenta local del PJ.
Se les escapó, en cambio, una corriente de massistas que —a diferencia de Matías Stevanato— se fue y armó el «Encuentro por Mendoza» junto al eterno candidato de cualquier partido, Jorge Difonso. Llenaron un salón, lo que no convence a muchos de su capacidad de entusiasmar, pero representan el dato del quiebre. Por otro lado, el kirchnerismo de La Cámpora sigue prohibido en la estructura oficial del PJ, obligado a ir por las orillas aunque con su capacidad de «hacer daño» intacta. Así, el peronismo sigue siendo el peor adversario del peronismo.
El crupier al que todos miran
Enfrascados cada uno en su propia algoritmización, las miradas en las decisiones que se acercan están en la mano —o en la manga— de Cornejo. Pero hoy por hoy el crupier al que todos observan desconcertados es Javier Milei, y su hermana Karina. Ahí radica el secreto de cómo terminará el juego.