Alfalfa: el plan del Inta Manfredi que apunta a un problema que ya golpea al campo
Economía · Santa Fe

Alfalfa: el plan del Inta Manfredi que apunta a un problema que ya golpea al campo

La alfalfa se fue corriendo hacia tierras cada vez más castigadas y el Inta Manfredi ya prueba materiales para ese escenario. Qué busca el programa que combina selección tradicional, edición génica y datos satelitales, y por qué puede cambiar las cuentas de los sistemas forrajeros.

El avance de la frontera agrícola sobre tierras que históricamente fueron ganaderas empujó a la alfalfa hacia zonas cada vez más marginales. Frente a ese escenario, el Inta Manfredi presentó en China los avances de un programa que lleva décadas buscando materiales capaces de rendir en ambientes hostiles.

Ariel Odorizzi, director de la unidad santafesina, expuso en la Conferencia Académica Internacional sobre Bienestar Agrícola 2026, organizada por el Departamento de Agricultura y Asuntos Rurales y la Academia de Ciencias Agrícolas de Shandong. Allí puso el foco en cómo el mejoramiento genético puede ampliar el aporte de la alfalfa dentro de sistemas productivos más resilientes.

Por qué la alfalfa pesa más de lo que parece

Para Odorizzi, el valor de esta forrajera excede su función clásica. La planta produce proteína de alta calidad, fija nitrógeno de forma biológica, mantiene cobertura permanente y desarrolla un sistema radicular profundo que explora distintos estratos del suelo.

Esos atributos tienen efectos concretos sobre el sistema productivo. La fijación de nitrógeno favorece el ciclado de nutrientes y puede reducir la dependencia de insumos externos. La biomasa y la cobertura perenne, en tanto, protegen el suelo, mejoran su estructura y colaboran con la captura de carbono.

La raíz profunda también mejora la capacidad de la planta para buscar agua y nutrientes en profundidad, algo clave en ambientes con restricciones hídricas. Y la persistencia de una especie perenne aporta mayor estabilidad al sistema durante períodos prolongados.

“El mejoramiento genético tiene el poder de influir en el desempeño y la resiliencia de todo el sistema productivo”, afirmó el investigador.

Cuatro décadas de selección

El programa del Inta Manfredi trabaja desde hace décadas en líneas orientadas a aumentar producción, persistencia y adaptación frente a distintos ambientes y condiciones de estrés. Por mejoramiento convencional se selecciona rendimiento, persistencia y resistencia combinada a las principales plagas y enfermedades del cultivo.

A esas líneas se suman desarrollos para responder a distintos tipos de estrés abiótico. Parte del trabajo se hace junto a otras unidades del organismo: con el INTA Santiago del Estero se evalúan materiales frente a sequía y salinidad; con el Inta Rafaela, frente a anegamientos; y con equipos de Castelar se avanza en edición génica para incorporar tolerancia a sequía, floración y resistencia a herbicidas, entre otras características.

“Estos objetivos cobraron mayor relevancia con el avance de la frontera agrícola sobre zonas tradicionalmente ganaderas. Como consecuencia, la alfalfa se fue desplazando hacia ambientes más marginales”, explicó Odorizzi. La mayor exposición al clima adverso llevó a profundizar la selección de materiales tolerantes a sequías, salinidad y excesos hídricos.

Hoy el programa evalúa alrededor de 40 poblaciones experimentales. Desde las primeras etapas de selección hasta obtener una variedad comercial pueden pasar entre 8 y 12 años, con evaluaciones sucesivas de comportamiento productivo, persistencia y adaptación.

Desde 1970 se desarrollaron cerca de 20 variedades para distintos sistemas productivos del país. Hace unos 30 años parte de ese trabajo se canaliza mediante convenios de vinculación tecnológica con empresas privadas, que articulan el desarrollo genético con la multiplicación y comercialización. El Inta Manfredi trabaja así con Palo Verde y ya registró seis variedades bajo ese esquema.

“Nosotros hacemos la generación genética de las variedades y después la empresa se ocupa de multiplicarlas y comercializarlas”, detalló el investigador.

El ambiente, una variable cada vez más pesada

Uno de los avances presentados fue la incorporación de la enviromics, un enfoque que usa grandes volúmenes de información ambiental para caracterizar los sitios de evaluación y entender con más precisión la interacción entre genética y ambiente.

Tradicionalmente la selección se apoyó en el fenotipo, es decir, en lo observable y medible de las plantas. Las nuevas herramientas suman otras capas. “Ya no se trata solamente de seleccionar por lo que uno ve, sino de integrar el genotipo, el fenotipo y el ambiente”, explicó Odorizzi.

El enfoque combina información genómica con datos fenotípicos obtenidos por imágenes satelitales, drones y sistemas de fenotipado de alto caudal, más registros ambientales de largo plazo para analizar cómo responden los materiales ante temperatura, disponibilidad hídrica u otros factores.

Para el Inta, la integración representa una oportunidad por la cantidad de información acumulada durante décadas y por la diversidad de ambientes donde se hacen ensayos. Cruzar esos registros con datos de rendimiento, persistencia y respuesta a plagas, enfermedades y estrés permite identificar mejor los materiales adaptados a condiciones específicas.

La meta no es reemplazar el mejoramiento convencional, sino complementarlo con herramientas que aceleren y precisen la selección. Genómica, edición génica, fenotipado de alta precisión e información ambiental permiten anticipar el comportamiento de los materiales y orientar el desarrollo de variedades hacia ambientes y demandas concretas.

“El mejoramiento genético no se trata solo de producir mejores plantas. Se trata de diseñar sistemas agrícolas más resilientes”, concluyó.

Siguiente nota Economía · Santa Fe

El boleto interurbano subió, pero los empresarios avisan: "Vemos un camino sin salida"

Seguí leyendo

Elegí tu provincia

Para ver tu edición local