Zylberberg vuelve a Rosario con la obra que nació de una separación: "Es dolorosa, pero con muchísimo humor"
La obra que retrata el final de una pareja con hijos pequeños llega a Rosario con una única función. Julieta Zylberberg habló del momento en que todo se rompe y de lo que aparece cuando ya no hay vuelta atrás.
Julieta Zylberberg regresa al Teatro La Comedia con "Carrera de fondo", la obra que adapta la novela de Nadine Lifschitz y que retrata el final de una pareja con hijos pequeños. La función será única y llega después de una temporada en El Picadero, en Buenos Aires, donde la actriz también presentó su unipersonal "Prima Facie".
La historia arranca con una escena cotidiana y brutal: una mujer acaba de dormir a su bebé de siete meses y hace malabares para que su hijo de tres no se despierte. En ese momento, el padre de los chicos le pide hablar y le suelta que quiere abrir la relación. Meses después, se separan. Esa es la premisa de "Carrera de fondo", con Zylberberg en el papel de Lisa y Gadiel Sztryk como Gonzalo.
La obra parte del libro de ficción que Lifschitz publicó en 2024. Mariana Chaud se encargó de la adaptación, la dramaturgia y la dirección. Sobre el escenario, los dos personajes reconstruyen el vínculo: revisan por qué se rompió, pero también qué los mantuvo juntos.
La metáfora de la maratón
El título no es casual. Una carrera de fondo es una prueba de resistencia donde no sirve apurar el paso: hay que administrar la energía, sostener un ritmo y aguantar. Los especialistas en esas pruebas son los fondistas. En la obra, esa idea funciona como espejo de la vida en pareja y de un final que no llega de un día para el otro.
Por eso la propia producción la define como "la caja negra de una separación". Lisa y Gonzalo intentan juntar los pedazos que quedaron desparramados y, al mismo tiempo, reconstruir qué había antes de que todo se quebrara. Aparece el amor que tuvieron, el que todavía persiste y ese otro que, aunque siga ahí, ya no alcanza.
"Me encanta ir a Rosario"
Antes del desembarco en la ciudad, Zylberberg dialogó con La Capital. La actriz ya había pasado por La Comedia con "Prima Facie" el año pasado y contó qué significa para ella volver. "La verdad es que me da alegría, me encanta ir a Rosario. Fui con 'Prima Facie' el año pasado y es hermoso poder mover las obras", dijo.
Para la actriz, la circulación fuera de Buenos Aires sigue siendo una materia pendiente del circuito teatral. "Siempre está todo tan centrado en Buenos Aires. O sea, es una idea que quizás tenemos nosotros, que vivimos acá, pero da como esa sensación. Y, cuando visitamos otros puntos del país que están buenos, es hermoso", agregó. Sobre el público local, fue tajante: "Rosario tiene un público muy activo, muy teatrero y eso se siente un montón".
De la novela al escenario
El primer contacto de Zylberberg con el material fue la novela de Lifschitz. "Me la devoré. Es hermosa, graciosa, a la vez dolorosa pero con mucho humor", recordó. Según la actriz, tanto el libro como la obra hablan de un desamor, del fin de un amor, atravesado por hijos pequeños, por todo lo que se pone en juego y por la ilusión que se apaga. Y todo contado con un humor absoluto.
La adaptación de Chaud sumó un elemento clave: el personaje de él. En la novela hay una sola voz, la femenina, casi como un monólogo. En escena, en cambio, aparece la voz de Gonzalo. Para Zylberberg fue un acierto total: al estar los dos, el relato se puede ver en acción, en el pasado y en el presente, y eso le da otra relevancia teatral.
Qué hay dentro de la "caja negra"
La sinopsis puede llevar a engaño. La propuesta de abrir la pareja aparece como el punto de inflexión, pero la actriz aclaró que no se trata de una obra sobre las nuevas formas de amor. "Es un poco engañoso eso. Quizás, de entrada, se puede leer como una obra sobre las nuevas formas de amor, sobre si abrir o no abrir la pareja, y no es eso", advirtió.
Lo doloroso, explicó, está en el momento en que aparece ese planteo. Podría haber sido cualquier otra excusa, incluso un viaje. En realidad, lo que él estaba diciendo era "se terminó". Y lo decía justo cuando ella estaba amamantando a un bebé y tenía otro de dos años. Por eso, en este caso, la idea de abrir la pareja funciona casi como sinónimo de cobardía: no aparece como una aventura ni como un deseo genuino de explorar otros amores, sino como una forma de esquivar el dolor.
Eso vuelve la historia más rica y compleja, porque muestra cómo cada uno transita el duelo. Habla de cómo uno deja de amar y de cómo el otro tiene que aceptar que dejó de ser amado.
Dos obras, una misma actriz
Durante buena parte del año, Zylberberg hizo "Carrera de fondo" y "Prima Facie" en paralelo, en la misma sala de El Picadero. Los jueves y viernes eran para una, los sábados para la otra. Al principio, la actriz dudaba: pensaba que se iba a confundir en el mismo escenario. No pasó. "Era como otro espacio, como que el espacio se bautiza con lo que está sucediendo", contó.
Sobre el vínculo con su compañero de escena, Gadiel Sztryk, fue elogiosa. "Él es un actorazo, pero además nos hicimos muy amigos muy rápidamente, fue muy fácil", aseguró. Ambos ya habían trabajado con Chaud, así que el triángulo se armó sin fricciones. "Nos entendíamos profesional y humanamente mucho", resumió.
Para la actriz, el resultado final es una ficción que se construyó entre varios. El libro es bastante autobiográfico, después lo tomó Mariana y después lo tomaron ellos. "Cuando ya está revisado por tres personas diferentes, opinado por tres personas diferentes, pasa a ser eso, una ficción", sostuvo.
El diálogo silencioso con el público
Consultada sobre qué la moviliza de subirse al escenario, Zylberberg habló de lo impredecible que es el encuentro con la platea. Una obra durante los ensayos es una cosa y, cuando toma contacto con el público, se transforma en otra. "Es muy difícil de predecir qué momentos serán los hits de la obra, muy difícil saber qué conmueve al otro", planteó.
También describió algo que, según ella, solo pasa en el teatro: un grupo de 100, 200 o 300 personas que no se conocen entre sí se sincroniza sin que nadie lo indique. Hay funciones silenciosas, funciones que se ríen y hacen sentir a los actores como capocómicos, funciones que lloran, funciones que comentan. "Se arma un diálogo silencioso entre el público", cerró.