Villa Elisa levanta un nido de hornero de casi dos metros: ¿qué se siente al entrar?
¿Qué se siente al entrar en un nido de hornero de casi dos metros hecho de barro? Villa Elisa está a punto de estrenar una experiencia inmersiva única, construida a mano por toda la comunidad. El detalle que nadie espera, adentro.
Villa Elisa se prepara para estrenar un espacio que no tiene antecedentes en la provincia: una réplica inmersiva del nido del hornero de 1,90 metros de altura, construida íntegramente con barro y técnicas de bioconstrucción, que el público podrá recorrer por dentro. La cita es el viernes 6 de noviembre al atardecer, en el parque del Museo Regional Histórico Estancia El Porvenir, durante la Noche de los Museos Entrerrianos.
La propuesta apunta a cambiar la forma en que los vecinos se vinculan con el patrimonio natural. Betina Bremm, museóloga del equipo del museo, lo explicó con claridad: "Es una propuesta pensada para atrapar a las familias y a las escuelas de una forma diferente, permitiendo descubrir desde adentro cómo se resguarda el hornero en su propio hábitat".
Del cemento al barro: cómo nació la idea
El proyecto arrancó con un viaje. Un integrante del museo conoció en Misiones una réplica de nido a gran escala, pero hecha de cemento. De vuelta en Villa Elisa, la propuesta surgió casi sola: "Estaría lindo poder hacerlo, pero hacerlo de barro como corresponde, como lo haría el hornero". La reacción del equipo fue de asombro: "Nos miramos entre todos y dijimos: ¿cómo hacemos esto?".
La apuesta fue por el rigor: bioconstrucción al aire libre, sin materiales sintéticos. Se moldeó una mezcla idéntica a la del nido natural —tierra negra, greda (arcilla), paja y arena—, y la solidez de la estructura estuvo supervisada por un bioconstructor y una arquitecta. La obra arrancó en abril y el modelado terminó en septiembre, después de sortear un invierno atípicamente lluvioso que frenó los trabajos por tratarse de una construcción a cielo abierto.
Hoy el nido ya está en pie. Solo faltan los últimos retoques: una capa de impermeabilizante exterior para proteger la greda y el acondicionamiento del terreno perimetral para recibir a los visitantes.
Manos chicas, obra grande
El corazón del proyecto fue su carácter colectivo. La construcción convocó a adultos, jóvenes y niños desde el nivel inicial. Los más chicos de los jardines de infantes se sumaron a amasar el barro y aportaron a los muros del nido. El entusiasmo cruzó las puertas del museo: de vuelta en las aulas y en las casas, los alumnos de las escuelas primarias siguieron investigando sobre las aves de la zona y armaron sus propios modelos a escala.
"Suponemos que varios padres nos habrán odiado, porque se pusieron a armar su nido de horneros en las casas", cuenta Bremm entre risas, al recordar cómo la experiencia se coló en las ferias de ciencias. Y agrega: "La participación de los chicos fue super importante. Vinieron chiquitos hasta de jardín a amasar el barro. Muchos construían mismo con sus manitos, se emocionaban muchísimo y decían: 'Bueno, cuando esté lista nosotros queremos venir a ver cómo quedó'. Sentimos que formar parte de esto para ellos fue muy importante".
Para el equipo, lo que queda va más allá de la obra material: "Sabíamos que más allá de que se parezca o no, lo que íbamos a dejar era algo mucho más significativo en la comunidad", reflexiona la museóloga.
Un parque que vuelve a latir
El nido forma parte de la segunda etapa de un proyecto integral financiado por la Fundación Williams, que también respaldó la primera fase. Esta instancia buscó recuperar un sector del parque que estaba desaprovechado, integrarlo al circuito de educación ambiental y potenciar las jornadas de avistaje de aves que el museo organiza en verano.
La propuesta pone el foco en tres aves emblemáticas de la región:
El colibrí: elegido como ave emblema de Villa Elisa por votación popular entre los vecinos. Se instaló una escultura tallada en madera con cartelería educativa sobre su rol ecológico.
El cardenal: representante de la avifauna provincial. Se edificó un nido habitable de menor escala, también con ingreso para chicos, construido con la colaboración de escuelas locales.
El hornero: ave emblema nacional y pieza central de la propuesta, con su estructura habitable de 1,90 metros para el aprendizaje vivencial de toda la comunidad.
46 años de historia
El escenario que cobija esta experiencia es, en sí mismo, un símbolo de la identidad elisense. El Museo Regional Histórico Estancia El Porvenir celebró sus 46 años de trayectoria el pasado 2 de septiembre, tras haber sido fundado en 1978. Funciona en el antiguo casco de una estancia que el municipio adquirió en 1980, decisión fundada en el valor patrimonial y en la arquitectura atípica del conjunto dentro del paisaje entrerriano. Hoy combina la calidez de sus salas históricas con la reactivación de su parque exterior, y se consolidó como el principal atractivo turístico de la ciudad y punto de encuentro para delegaciones escolares y visitantes de todo el país.
La inauguración oficial de la réplica inmersiva y la puesta en valor del parque nativo será el viernes 6 de noviembre al atardecer, en el marco de la Noche de los Museos Entrerrianos, en el parque del Museo Regional Histórico Estancia El Porvenir.