Viajó a EE.UU. por una oferta laboral, la despidieron sin pagarle y terminó 26 días presa
Una joven argentina confió en una propuesta de trabajo en Estados Unidos y todo salió mal. Al volver de ver a la Selección, agentes la esposaron y la subieron a una silla de ruedas. Lo que vivió adentro...
Valentina Sanz, una argentina de 29 años, viajó a Estados Unidos con una visa de turista para trabajar en una propuesta que le hizo una persona de confianza. Pero a los tres meses la despidieron sin pagarle y su vida dio un giro inesperado: quedó detenida por el ICE cuando volvía de ver la final del Mundial.
En diálogo con TN, Valentina contó que llegó a ese país con un acuerdo no formal: trabajaría durante tres meses y cobraría al final de la temporada. Sin embargo, a los tres meses la echaron y no le pagaron nada. "Literalmente terminamos con US$200 en el bolsillo entre los dos (con su novio). Nos fuimos con eso y nuestra ropa", recordó.
Ante esa situación, iniciaron una demanda laboral en California y decidieron quedarse en el país, aunque con la visa vencida. Con ayuda de amigos y familiares lograron recomponerse y continuar con su vida allí.
El viaje al Mundial y la detención
En julio, Valentina y un grupo de amigos que vivían en Maui, Hawaii, viajaron para ver a la Selección argentina en el Mundial. La idea era asistir al partido contra Suiza y después seguir al equipo. Mientras se trasladaban en auto, escucharon historias de personas detenidas por ICE en aeropuertos.
El jueves 23 emprendieron la vuelta desde Washington hacia Maui, con escala en San Francisco. Durante la parada, agentes de ICE le pidieron el pasaporte y la detuvieron. "Me esposaron las manos, me pusieron en una silla de ruedas, me taparon con una manta y me sacaron del aeropuerto", relató.
Luego la llevaron a un galpón, donde permaneció varias horas con dos guardias, sin que nadie le explicara qué pasaría. Después la trasladaron a una comisaría, donde le quitaron sus pertenencias y la encerraron en una celda. Valentina denunció que su oficial de ICE hizo todo el trámite en inglés: "Mi lengua materna es el español y es un derecho mío poder entender todo lo que me están diciendo", cuestionó.
26 días detenida
Valentina fue trasladada al centro de detención de California City, en el desierto de Mojave, donde compartió celda con una joven afgana de 21 años que llevaba 17 meses detenida. "Fue la primera persona después de un día y medio de tanto caos que me dio un abrazo y que me recibió con amor", recordó conmovida.
Uno de sus primeros problemas fue que el PIN para hacer llamadas no funcionaba. Durante seis días no pudo comunicarse con su familia ni con el consulado argentino. Sus compañeras le prestaron dinero y tiempo para poder llamar desde sus cuentas.
También describió las malas condiciones del lugar: comidas "horribles" que llegaban en mal estado, agua de la canilla no potable y maltrato por parte de los guardias. Recordó el caso de una compañera que pidió papel higiénico y recibió como respuesta: "En tu celda tenés agua y también tenés manos, usalas". Además, el espacio al aire libre era peligroso por la presencia de culebras y el calor que provocaba desmayos.
"Me parece que todo es como un plan sumamente macabro y orquestado para destruirle la cabeza a la gente, para denigrarte y humillarte en todos los sentidos", afirmó.
"Todo esto es un negocio"
Valentina contó que desde el primer momento quiso volver a Argentina y que incluso estaba dispuesta a pagar su propio pasaje. "Yo puntualmente desde que me agarraron dije que me quería ir, que no quería poner abogados, que no estaba interesada en pelear nada, pero me denigraron", sostuvo.
La experiencia cambió su percepción sobre el sistema migratorio: "Todo esto es un negocio, parece medio conspiranoico, pero todo es un negocio. Para ellos somos plata". Cuestionó el costo de productos y servicios dentro del centro, desde el agua hasta las llamadas.
Finalmente fue liberada y trasladada a Italia, porque las autoridades la procesaron como ciudadana italiana, ya que había ingresado a Estados Unidos con una visa de ese país. Rechazó quedarse un mes más detenida para ser enviada a Argentina y aceptó viajar a Europa. Días después volvió a Argentina con una restricción de 10 años para solicitar la documentación requerida.
"No volvería a trabajar ni a vivir en ese país. No es un lugar que elegiría para vivir, de hecho ya estaba planeando irme", manifestó. Y concluyó: "No volvería, menos después de lo mal que me trataron solo por quedarme un poco más de tiempo y por lo profundo que calaron en mí esos recuerdos".