Vendió todo, se fue al monte y armó su casa con 12 parabrisas usados: el detalle que nadie espera
Una mujer dejó todo y se fue a las sierras de Córdoba para vivir de otra manera. Lo que construyó con sus manos, y el material que nunca imaginarías, está cambiando su día a día por completo.
Mariana Di Pascuales tenía 38 años cuando dejó atrás la ciudad y se instaló en el barrio Los Hornillos, en Traslasierra, Córdoba. Allí construyó con sus propias manos una vivienda autosuficiente de barro, madera y 12 parabrisas de autos usados que hoy funcionan como ventanales con vista a las sierras.
La obra le demandó un año y medio de trabajo autogestionado. La estructura está formada por dos hexágonos unidos y, vista desde el aire, los techos dibujan la silueta de un corazón, un detalle que la distingue en el paisaje serrano.
Los parabrisas fueron adquiridos en un remate y aportan luz natural durante todo el día. Las botellas de vidrio incrustadas en los muros filtran la claridad del amanecer y suman colorido al interior, según contó Mariana en una entrevista con el canal Crónicas del Cambio en YouTube.
De la ciudad al monte: cómo empezó todo
La búsqueda de una vida más conectada con la naturaleza arrancó a los 22 años, cuando interrumpió sus estudios universitarios. Su recorrido incluyó una temporada en Uruguay, donde vivió sin agua ni electricidad, y un viaje por la Patagonia en motorhome junto a su hijo León.
Finalmente eligió las montañas cordobesas para establecerse de manera definitiva y aplicar técnicas de bioconstrucción. El diseño de la casa priorizó el aprovechamiento del espacio: sumó un dormitorio suspendido para su hijo y una cama móvil que se esconde bajo el piso.
Para garantizar la autosuficiencia, la vivienda se abastece de agua de una vertiente natural y cuenta con un biodigestor casero para procesar los líquidos.
Los desafíos de construir en el monte
El proceso no estuvo exento de obstáculos físicos y emocionales. Durante un invierno duro, Mariana decidió pausar la obra por cuatro meses y alquilar una cabaña vecina para cuidar su salud mental y evitar el agotamiento. Esa pausa le permitió retomar el trabajo con energías renovadas en la primavera.
Hoy se desempeña como pintora e instructora de Biodanza. Desde su refugio en Traslasierra, promueve la importancia de reducir las exigencias del futuro, soltar mandatos externos y recuperar la libertad creativa a través del contacto directo con la tierra.