Vendió su auto para ver a Messi en el Mundial y terminó llorando afuera del estadio
¿Qué harías por ver a Messi? Ella vendió su auto, cruzó medio continente y se quedó en la puerta del estadio. Su historia viral te dejará helado.
Luciana viajó desde Tucumán hasta Dallas, vendió su auto para costear el sueño mundialista, pero se quedó en la puerta del estadio. Su historia, contada en TikTok, se volvió viral: llegó sin entrada, confió en que conseguiría una sobre la hora, pero los precios se dispararon.
¿Qué pasó con las entradas?
Para el partido de Argentina ante Austria, el 22 de junio, las entradas más baratas en reventa oficial y plataformas como StubHub o SeatGeek iban de 1.500 a 3.000 dólares. En la reventa callejera, alrededor del estadio, algunos pedían hasta 10.000 dólares. La FIFA, a través de su directora de marketing Noelle LeVeaux, calculaba que 80.000 argentinos viajarían solo a Dallas.
Luciana contó que días antes la habían tranquilizado: “que en Dallas iba a conseguir entrada”. Pero no fue así. “Comienza la reventa de entradas, 2.600, 3.000, 3.500 dólares”, enumeró. Montos a los que no llegaba. “Si he tenido que vender el auto para venir para acá”, admitió.
El laberinto de la reventa
La FIFA montó su propia plataforma de reventa en FIFA.com/tickets, 100% digital, donde cada entrada está atada a una cuenta personal. A diferencia de Qatar 2022, en Estados Unidos la FIFA permite que cada hincha fije el precio y cobra una comisión del 15% a comprador y vendedor. Pero Luciana operó en un mercado paralelo: grupos de WhatsApp con “millones de personas”. Allí apareció la figura del garante, un administrador que verifica la entrada y cobra una comisión. “No es mucho, pero yo ya sé que es segura”, resumió.
También aprendió a detectar estafas: “A los que te están vendiendo las entradas falsas te la pasan por wallet en el celular, y esas no sirven. Lo más seguro es que te la tienen que mandar a la página de FIFA”, advirtió.
La apuesta que salió mal
En el debut de la Scaloneta en Kansas City, las entradas bajaron de 2.000 a 300 dólares el día del partido. Muchos pensaron que en Dallas pasaría lo mismo y esperaron. “En Dallas no bajaron. Subieron”, contó Luciana. “El día del partido la estuvieron vendiendo a 4.000 dólares”. Su consejo: “Que primero se aseguren con la entrada, que la paguen, que ya no va a bajar como pasó en Kansas. Si está 2.000, hoy la aprovechan y la compran, porque después sale más cara”.
Afuera del estadio, vio estafas: un grupo pidió 800 dólares para colarlos por otra puerta, pero querían el dinero antes. Un hombre con su familia pagó 1.000 dólares por entradas falsas. “Tengan cuidado, porque todo eso es estafa”, alertó.
La puerta que no se abrió
Con la billetera vacía, Luciana generó una entrada falsa y pasó controles hasta el último molinete. Intentó colarse pegada a otro argentino. Ofreció coima a los porteros: 800, 1.000, y al final 2.000 dólares con un amigo. “Hacenos pasar, por favor, aunque sea”, insistió. Pidió entrar diez minutos en el entretiempo para sacarse una foto. Se filtró cuando un seguridad se distrajo, pero la sacaron. “Afuera, afuera, afuera”, le gritaron. La página de la FIFA, saturada, no respondió.
“Mi sueño era entrar al partido, verlo a Messi, porque nunca lo vi a Messi, solamente por la tele, que para eso vine”, lamentó. Lo que más bronca le da: “Gente de cualquier país que no eran argentinos, todos estaban adentro viéndolo a Messi. Yo no lo podía ver. Yo soy argentino”.
No es su primer Mundial. Estuvo en Brasil 2014 y tampoco entró, pero se quedó con el Fan Fest. Esta vez sacó la visa, planificó durante meses, cruzó medio continente. Le queda un sueño: pisar un estadio como los de Estados Unidos. “Allá en Tucumán no existen”, dice. Y cierra: “Pero bueno, qué va a ser, gente. Así es la vida”.