Vaca Muerta: por qué es el segundo reservorio de gas no convencional más grande del mundo
Mientras las grandes petroleras anuncian desembolsos millonarios y el empleo crece en Neuquén, Vaca Muerta sigue siendo la gran apuesta energética del país. Pero hay un dato que explica por qué las inversiones no paran de llegar.
Vaca Muerta no es un yacimiento cualquiera: es una formación geológica que ocupa unos 30.000 kilómetros cuadrados, más grande que toda la provincia de Tucumán y de tamaño similar a Misiones. Se extiende por la Cuenca Neuquina, que abarca gran parte de Neuquén y sectores de Río Negro, La Pampa y Mendoza.
Los recursos de hidrocarburos que alberga la convierten en un activo estratégico de Argentina: se trata del segundo reservorio de gas no convencional más grande del mundo y el cuarto de petróleo, según las estimaciones del sector.
Un imán para las inversiones
La explotación de los recursos no convencionales requiere grandes desembolsos de capital, tecnología especializada y trabajos de perforación para alcanzar los hidrocarburos acumulados en la roca. Por eso, el desarrollo quedó principalmente en manos de las grandes compañías energéticas.
Durante 2026, las principales empresas del sector anunciaron desembolsos multimillonarios, con el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) como uno de los instrumentos para promover nuevos desarrollos.
Según las estimaciones, las inversiones comprometidas por las empresas operadoras para el desarrollo alcanzarán los US$12.373 millones durante 2026, un 16% más que los US$10.637 millones registrados en el período anterior.
Los proyectos que mueven la aguja
Entre los proyectos más importantes se encuentra LLL Oil, impulsado por YPF, que prevé una inversión de US$25.000 millones a lo largo de 15 años para perforar 1.152 pozos y aumentar la producción de petróleo.
Otro anuncio destacado fue el de TotalEnergies, que destinará US$10.000 millones para ampliar su producción de hidrocarburos en el país. Dentro de ese plan, el desarrollo petrolero de San Roque, en Neuquén, contempla una inversión potencial de US$5.000 millones.
Además, en octubre, el Gobierno aprobó un proyecto de Tecpetrol por US$6.400 millones para desarrollar el bloque Los Toldos II Este. La iniciativa apunta a alcanzar una producción de 70.000 barriles diarios y generar miles de empleos directos e indirectos.
Un motor de empleo para la Patagonia
El desarrollo de Vaca Muerta se convirtió en uno de los principales generadores de trabajo en la región. En Neuquén, el empleo privado registrado entre el primer trimestre de 2023 y el mismo período de 2026 pasó de 143.209 a 160.113 trabajadores: la incorporación de 16.904 puestos de trabajo, un crecimiento del 11,8%.
El aumento no se concentró exclusivamente en la extracción de petróleo y gas. El transporte sumó 2.614 empleos, la construcción incorporó 2.291 y la fabricación de maquinaria y equipos agregó 1.683 puestos. La evolución refleja el efecto directo de la actividad energética sobre otros rubros.
Algo similar ocurre en Río Negro, donde el impacto se observa especialmente en los proyectos de infraestructura, entre ellos el oleoducto Vaca Muerta Oil Sur (VMOS), que conectará la Cuenca Neuquina con la costa atlántica. Meses atrás, el Gobierno provincial informó que el proyecto había generado alrededor de 9.800 puestos de trabajo directos e indirectos. De acuerdo con la misma fuente, unos 5.600 trabajadores estaban ocupados en ese momento, según la etapa de ejecución de las obras.
El impacto en la balanza energética
Uno de los efectos económicos más relevantes de Vaca Muerta es el crecimiento de la producción local de hidrocarburos. El aumento de la extracción permite sustituir parte de las importaciones energéticas y, cuando existe capacidad disponible, ampliar las posibilidades de exportación.
El crecimiento de la extracción de hidrocarburos no convencionales ayuda a cubrir una mayor proporción de la demanda interna con recursos nacionales. Esto reduce la necesidad de importar gas natural y combustibles, especialmente durante los períodos de mayor consumo.
La sustitución de importaciones tiene un efecto directo sobre la balanza comercial energética, disminuyendo los dólares destinados a comprar energía en el exterior. El impacto ya se refleja en las estadísticas comerciales. Según datos del INDEC, entre enero y agosto de 2026, la Argentina acumuló un superávit energético de US$7.834 millones, por encima de los US$7.815 millones registrados durante todo 2025.