Vaca Muerta paga sueldos millonarios, pero en esas casas falta algo que la plata no compra
En Neuquén los sueldos petroleros superan varias veces a los de la docencia o el comercio, pero adentro de esas casas falta algo que la plata no compra y que se hereda de generación en generación. Una especialista explica por qué ganar mucho no es lo mismo que ser rico.
En Neuquén, los salarios petroleros superan varias veces a los de la docencia o el comercio. Sin embargo, detrás de los autos de alta gama y las mansiones en barrios privados, una especialista advierte una carencia que se hereda de generación en generación.
La transformación económica que Vaca Muerta impuso en Neuquén no tiene precedentes. Las inversiones y las oportunidades laborales empujaron los ingresos de determinados puestos muy por encima de lo que ganan un docente, un empleado de comercio o tantos otros profesionales. Esa brecha salarial, atomizada y desigual, es el punto de partida de una pregunta que incomoda.
Detrás de esos sueldos altos aparece un interrogante que excede la cuenta bancaria: ¿estamos criando a nuestros hijos para administrar dinero o solo para ser empleados bien remunerados? La fundadora de FINANZASLAND, Bibiana Sagripanti, lo plantea sin vueltas en un artículo de opinión: ganar mucho no es lo mismo que ser rico.
El sueldo alto no garantiza nada
Una persona puede cobrar un salario excelente y vivir endeudada, pagando el mínimo de la tarjeta, refinanciando créditos y sosteniendo un nivel de vida que se come cualquier ingreso. Autos de alta gama, casas con más metros de los que una familia necesita, mansiones en barrios privados con expensas caras: un establishment social que se paga muy caro.
El problema estalla cuando falta lo básico: un colchón de ahorro o un fondo para enfrentar una emergencia. Para Sagripanti, carecer de esa reserva es una de las mayores desinteligencias financieras, y vivir por encima de las posibilidades termina pasando factura.
La ecuación, insiste, no pasa por cuánto entra sino por cuánto se guarda, cuánto se reinvierte y cómo se administra. La inflación complica cualquier planificación sustentable, pero la educación financiera desde temprano —desde sala de 5 hasta quinto año de la secundaria— podría darles a las próximas generaciones las herramientas para manejar los recursos con responsabilidad emocional.
El gasto hormiga que se lleva puesto un auto
Hay un enemigo silencioso que no aparece en las grandes decisiones: el gasto hormiga. Esos desembolsos invisibles que, sumados a fin de mes, en los salarios petroleros equivalen a un auto, una casa, un fondo de retiro o el capital para un negocio propio. Un salario alto no compra independencia financiera. Y ahí la responsabilidad es compartida: familias, escuelas, empresas, gobiernos y toda la sociedad.
La pregunta que sobrevuela es por qué la escuela no enseña a administrar el dinero y por qué en las casas cuesta tanto hablar del tema. Los estudiantes aprenden matemática, historia y ciencias, pero muchos llegan a la adultez con un título universitario sin saber cómo funciona una tarjeta de crédito, qué es el interés compuesto, cómo armar un presupuesto o cómo planificar un retiro real. Y, quizás lo más importante, sin saber equilibrar el trabajo con la vida familiar.
Para la autora, la contradicción más dura del sistema educativo es preparar a un joven durante años para conseguir empleo y dedicar tan poco tiempo a enseñarle qué hacer con su sueldo. La educación financiera debería ocupar el mismo lugar que la alimentación saludable, el deporte o la educación emocional en la vida cotidiana de niños y adolescentes.
La pregunta que Neuquén debería hacerse
El debate trasciende las aulas. Sagripanti lo formula como un dilema para la provincia y para el país: ¿queremos una provincia que produzca millones de dólares o una sociedad que además sepa construir y conservar riqueza a largo plazo?
Vaca Muerta transforma la economía todos los días. Pero la verdadera transformación llegará cuando ese crecimiento se convierta en oportunidades duraderas para las próximas generaciones. No alcanza con educar para conseguir un buen empleo: hay que enseñar que también se pueden crear ingresos propios, administrarlos, hacerlos crecer y usarlos con responsabilidad. Sea como empleado, autoempleado, dueño de un negocio o inversor, la responsabilidad emocional en el manejo del dinero es la misma.
Desde FINANZASLAND, una iniciativa educativa nacida en la Patagonia, proponen que chicos y jóvenes aprendan sobre ahorro, inversión, emprendimiento y decisiones económicas responsables a través de juegos y experiencias participativas. La idea es que en todas las escuelas y familias del país se hable de dinero, porque hablar de dinero también es hablar de amor.
La meta no es formar pequeños economistas. Es formar jóvenes capaces de decidir.
Bibiana Sagripanti es fundadora de FINANZASLAND — Finanzas para jóvenes y niños.