Vaca Muerta: los pozos que ya no dan una gota y el dato que nadie mira

Los primeros pozos de Vaca Muerta empezaron a apagarse y ya son cientos los que no aportan ni un barril. El detalle que revela por qué la industria no puede dejar de perforar.

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Vaca Muerta: los pozos que ya no dan una gota y el dato que nadie mira
Vaca Muerta: los pozos que ya no dan una gota y el dato que nadie mira

El shale neuquino empieza a mostrar su otra cara. De los 3.337 pozos perforados en Vaca Muerta hasta el 31 de julio, 502 ya no registraban aportes, según los registros de la Secretaría de Energía de la Nación. La cuenta incluye 36 abandonados formalmente, 274 sin producción y 192 inactivos.

El fenómeno no es una anomalía: es la lógica misma del shale. Sus pozos tienen una vida útil mucho más corta que los convencionales. Mientras un yacimiento tradicional puede bombear durante unos 20 años, en Vaca Muerta buena parte del volumen se extrae en los primeros años. Esa particularidad obliga a las operadoras a no frenar nunca la perforadora si quieren sostener la producción.

De la prueba de 2010 al boom de Loma Campana

El primer pozo de la formación se perforó en 2010 como un ensayo, cuando la tecnología para desarrollar la roca todavía no estaba disponible. Un segundo intento llegó en 2011 y el salto a escala se dio a fines de 2012, con el acuerdo entre YPF y Chevron para desarrollar Loma Campana.

Desde entonces el crecimiento fue vertiginoso. Los primeros pozos fueron verticales y recién a partir de 2016 se consolidó el uso de ramas horizontales, hoy imprescindibles para las fracturas hidráulicas. Con los años también creció el tamaño: algunas ramas horizontales llegan a unos 5.000 metros, por lo que ciertos pozos superan los 8.000 metros de extensión total. Esa evolución es parte de la llamada curva de aprendizaje de la industria, que permitió perforar más rápido, producir más y bajar costos.

¿Qué pasa con los pozos que dejaron de aportar?

Dentro de los 502 pozos sin aportes, los 36 abandonados ya fueron retirados de operación con los procedimientos técnicos y legales correspondientes. Los 274 sin producción están en condiciones de operar, pero ya no aportan volumen: en muchos casos cumplieron su ciclo y podrían avanzar hacia un abandono seguro.

Los 192 inactivos responden a un abanico más amplio de situaciones: problemas técnicos, incidentes, decisiones comerciales o perforaciones que esperan conexión con instalaciones de tratamiento.

El gas, el petróleo y el peso del shale

De los 2.835 pozos que producían a fines de julio, 643 estaban orientados al gas natural, apenas el 22,65% del total. Aun así, esos pozos aportaban cerca del 60% del gas producido en todo el país. Dentro del grupo, 415 estaban en la ventana de gas seco, 165 en gas condensado y 125 en gas húmedo, la de mayor potencial para futuros proyectos de GNL.

El petróleo, en cambio, concentra la mayor parte de los pozos activos: 2.191, equivalentes al 77,28% del total productivo. Esa producción representa cerca de siete de cada diez barriles que se extraen en Argentina y confirma el peso del shale neuquino en el crecimiento de la actividad petrolera.

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