Usan a los hijos como arma: la violencia que nadie ve y que reclama una ley propia

¿Sabías que los hijos pueden ser usados como herramienta de maltrato hacia las madres? Conocé qué es la violencia vicaria y por qué se reclama una ley específica.

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Usan a los hijos como arma: la violencia que nadie ve y que reclama una ley propia
Usan a los hijos como arma: la violencia que nadie ve y que reclama una ley propia

Tras la violencia contra la mujer, las agresiones pueden continuar a través de los hijos. Organizaciones de todo el país exigen una legislación específica para esta modalidad que, en general, permanece invisible.

La violencia vicaria es una forma de maltrato que utiliza a los niños para lastimar a sus madres. Consiste en manipular el vínculo materno-filial, promover denuncias sin fundamento o incluso generar situaciones que terminan separando a los chicos de su mamá. Para las entidades que trabajan en la temática, estas conductas constituyen una modalidad de violencia de género que aún no tiene reconocimiento legal en Argentina.

El caso que reavivó el reclamo

La demanda por una norma que aborde la violencia vicaria volvió a cobrar fuerza en los últimos días, cuando organizaciones de madres sobrevivientes realizaron movilizaciones en distintos puntos del país para pedir la aprobación de la llamada Ley Joaquín. La iniciativa lleva el nombre de un niño de ocho años asesinado por su padre, Alejandro Ruffo, quien meses después se quitó la vida en prisión.

Ruffo había confesado que mató a su hijo para “mandarle un mensaje a la mamá”, luego de que ella le comunicara su decisión de divorciarse. A un año del crimen, el caso volvió a poner en primer plano una problemática que, según advierten las organizaciones, puede alcanzar consecuencias extremas.

¿Qué es la violencia vicaria?

Desde el Frente Nacional contra Violencia Vicaria Argentina la definen como “aquella que tiene como objetivo seguir dañando a la mujer a través de sus seres queridos, especialmente de sus hijas e hijos”. El daño hacia los chicos funciona como un mecanismo para continuar ejerciendo violencia sobre la mujer.

No se trata solo de una disputa familiar. Es una agresión que utiliza los vínculos más importantes de una madre para provocar sufrimiento, profundizar el daño psicológico y ejercer control.

“Creíamos que eran casos aislados, pero los mensajes siguieron llegando. Desde cada rincón del país”, cuentan desde el Frente Nacional, y aseguran que “detrás de cada punto del mapa hay una historia real”.

Desde Somos Muralla Argentina, otra de las organizaciones que aborda esta problemática, afirman que muchas madres que forman parte del espacio ya habían denunciado situaciones de violencia de género cuando atravesaron nuevas formas de agresión. Entre ellas mencionan manipulaciones, denuncias sin sustento, calumnias e injurias destinadas a debilitar o romper el vínculo con sus hijos.

Por eso, la organización reclama que estas situaciones sean reconocidas específicamente dentro del sistema judicial argentino. El Frente Nacional, en tanto, pone el foco en las “madres desesperadas” por decisiones judiciales que muchas veces no escuchan la voz de los hijos involucrados ni consideran su sufrimiento.

“No todas las violencias son iguales. Reconocer sus características permite prevenirlas, atender a las víctimas y actuar de manera oportuna”, sostuvieron desde el Frente Nacional. Y agregaron: “Nombrar las violencias no divide; permite comprenderlas para combatirlas mejor”.

¿Qué pasa con la ley?

La problemática no tiene una tipificación específica en el Código Penal. Los proyectos destinados a establecer un marco legal propio se encuentran actualmente en debate en comisiones de la Cámara de Diputados, aunque todavía no tienen sanción parlamentaria definitiva.

Las iniciativas buscan incorporar herramientas específicas para abordar esta modalidad de violencia y establecer mecanismos de protección para las mujeres y los niños, niñas y adolescentes afectados.

Para las organizaciones, el objetivo de una legislación específica es evitar que determinadas situaciones queden reducidas a simples conflictos entre adultos. Reclaman que el Estado pueda reconocer las características de esta forma de violencia y actuar para proteger tanto a las madres como a las infancias involucradas.

“La conversación nunca debería centrarse en proteger reputaciones, sino en prevenir, reconocer y erradicar la violencia”, plantean.

El reclamo apunta, en definitiva, a que la discusión deje de centrarse únicamente en las disputas entre adultos y contemple también el impacto sobre los chicos. “Así como un diagnóstico correcto puede salvar una vida -sostienen-, identificar correctamente una forma de violencia puede cambiar una historia”.

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