Una urna de 1.500 años apareció en Choromoro: lo que encontraron adentro dejó a todos en silencio

Una urna funeraria de hasta 1.500 años apareció en Choromoro y los arqueólogos ya trabajan en el rescate. Pero cuando abrieron el recipiente, la escena no era la que esperaban: alguien había estado allí antes.

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Una urna de 1.500 años apareció en Choromoro: lo que encontraron adentro dejó a todos en silencio
Una urna de 1.500 años apareció en Choromoro: lo que encontraron adentro dejó a todos en silencio

Una urna funeraria de entre 1.000 y 1.500 años de antigüedad fue hallada de manera fortuita en Choromoro, Tucumán, y su estudio podría reescribir parte de la historia prehispánica de la zona. El recipiente quedó al descubierto tras las lluvias a la vera de un camino y desencadenó un operativo de rescate arqueológico que todavía sigue en marcha.

El hallazgo fue vinculado por sus características cerámicas con el estilo Candelaria y con la comunidad de Chuschagasta. Las arqueólogas María José Barazzutti y Tamara Taddei, del Instituto de Arqueología y Museo, quedaron al frente de la excavación.

Un rescate contra reloj

Las especialistas definieron el episodio como un “hallazgo fortuito”, la categoría que se usa para los descubrimientos que ocurren fuera de una investigación arqueológica planificada. En este caso, las precipitaciones y los trabajos que se hacían junto al camino dejaron visible la boca de la urna.

Taddei señaló que la aparición de restos arqueológicos durante la temporada de lluvias es relativamente frecuente. Vecinos que advirtieron la pieza se comunicaron con la Facultad de Ciencias Naturales, desde donde les indicaron que debían dar intervención al área de Patrimonio de la Provincia, dependiente del Ente Cultural. Ese organismo se contactó luego con el Instituto de Arqueología y Museo, que tiene un área específica de rescate coordinada por Barazzutti y Taddei.

La intervención debió organizarse con rapidez: las arqueólogas recibieron el aviso un jueves y dos días después ya estaban trabajando en Choromoro. A diferencia de una excavación programada, un rescate obliga a tomar decisiones sobre el terreno y a adaptarse a las condiciones en que aparecen los materiales.

Las dimensiones de la urna sorprendieron incluso a las especialistas. Para completar el trabajo tuvieron que excavar hasta alcanzar aproximadamente 1,85 metros de profundidad.

Lo que apareció (y lo que faltaba)

Durante la excavación se determinó que se trataba de una urna de carácter funerario. En sectores próximos aparecieron fragmentos de restos óseos humanos, un dato que reforzó la necesidad de aplicar protocolos específicos para este tipo de contextos.

Sin embargo, al avanzar sobre la pieza, las especialistas comprobaron que alguien había llegado antes que ellas y había intervenido su interior. Por esa razón, dentro del recipiente no encontraron restos óseos ni otros materiales que pudieran haber formado parte originalmente del contexto funerario.

Taddei remarcó que se desconoce quién realizó esa intervención y con qué motivaciones. Recordó que existe un mercado negro de bienes arqueológicos y que la extracción de este tipo de elementos es ilegal, pero tampoco descartó que alguna persona haya manipulado el hallazgo creyendo que así lo protegía.

La alteración previa no elimina el valor arqueológico de la urna. Las investigadoras continuaron con su recuperación siguiendo procedimientos destinados a documentar la posición de los materiales, los sectores donde fueron encontrados y las características del contexto.

¿Qué pasará con la urna?

La pieza se fragmentó durante el proceso y ahora deberá ser remontada. Antes de decidir su destino, las arqueólogas consultaron a la comunidad de Chuschagasta y plantearon dos posibilidades: entregar la urna una vez recuperada para que fuera resguardada localmente o trasladarla a San Miguel de Tucumán para estudiarla.

La comunidad optó por la segunda alternativa. Una vez reconstruida, la urna será sometida a estudios de gabinete y posteriormente los investigadores devolverán a la comunidad la información obtenida. Antes deberán completarse los registros realizados durante la excavación y establecerse cuándo comenzarán los diferentes análisis.

Por sus características, Barazzutti consideró que la cerámica puede asociarse al estilo Candelaria. Esa estimación permite ubicar inicialmente su antigüedad entre los 1.000 y 1.500 años, aunque la especialista señaló que ese rango podría extenderse.

El trabajo científico no se limitará a la estructura de la urna. También serán analizados los sedimentos recuperados para buscar microrrestos y microfósiles. Esos estudios podrían aportar indicios sobre el contenido que tuvo el recipiente, como posibles líquidos o bebidas, además de semillas y otros restos vegetales.

Qué hacer ante un hallazgo accidental

Las arqueólogas aprovecharon el descubrimiento para insistir sobre cómo debe actuar una persona ante la aparición accidental de materiales arqueológicos. Barazzutti explicó que debe informarse a la comunidad correspondiente y a los organismos provinciales responsables del patrimonio.

Hasta que intervengan especialistas, las piezas no deben tocarse, extraerse ni excavarse. La recomendación es alterar el lugar lo menos posible y protegerlo de manera preventiva, ya que modificar la posición de los objetos puede hacer desaparecer información indispensable para interpretar su contexto.

Taddei recordó además que estos materiales se encuentran protegidos por legislación provincial y nacional destinada a preservar el patrimonio arqueológico, cultural y paleontológico.

Los hallazgos fortuitos no son excepcionales en Tucumán y pueden producirse en diferentes sectores de la provincia. Las especialistas diferenciaron estos casos de las excavaciones previamente programadas dentro de proyectos científicos del Conicet o de actividades académicas de la carrera de Arqueología.

Mientras una investigación planificada permite preparar con anticipación los procedimientos, los recursos y los objetivos, un rescate obliga a los arqueólogos a llegar rápidamente al sitio, evaluar el contexto y adaptar las decisiones a medida que avanza la excavación.

Para Barazzutti y Taddei, difundir este tipo de descubrimientos también forma parte de la preservación. El hallazgo de Choromoro no sólo permitirá estudiar una pieza arqueológica de considerable antigüedad, sino que vuelve a poner en primer plano la necesidad de proteger un patrimonio que pertenece a las comunidades vinculadas con esos bienes y, en un sentido más amplio, al conjunto de los tucumanos.

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