Una santiagueña de 24 años desafía los límites y escribe su historia en el cielo

¿Qué se siente al tomar los mandos de un avión por primera vez? La historia de una joven santiagueña que desafía las alturas y los estereotipos, convirtiendo un sueño de la infancia en su realidad diaria.

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Una santiagueña de 24 años desafía los límites y escribe su historia en el cielo

Con la licencia de piloto privada en su poder, Delfina Cuba convirtió una pasión de la infancia en una disciplina que la lleva a surcar los cielos de Santiago del Estero. Esta joven arquitecta de 24 años, formada en el Aeroclub local, no solo rompe estereotipos en un ámbito tradicionalmente masculino, sino que también impulsa una iniciativa para que otros descubran la ciudad desde una perspectiva única.

¿Cómo comenzó esta pasión por volar?

La historia de Delfina está profundamente arraigada en el Aeroclub santiagueño, un lugar que fue su segunda casa desde niña. Allí, rodeada de aviones y escuchando las conversaciones de pista, creció su vocación, una llama que también ardía en su padre y su hermano, ambos pilotos. Hace poco más de dos años, ese sueño tomó forma concreta cuando obtuvo su licencia de piloto privado, un hito que transformó el cielo de un simple paisaje en su escenario personal.

Su profesión de arquitecta no quedó relegada, sino que logró entrelazarse con su amor por la aviación. Incluso su proyecto de tesis universitaria estuvo vinculado al aeropuerto, demostrando que para ella “el verdadero amor y las pasiones son las dos”. En un espacio donde las mujeres pilotos son una minoría, Delfina es una de las tres que actualmente operan en el Aeroclub, un número que espera crecer con más jóvenes en formación.

La experiencia imposible de describir

Delfina recuerda su primer vuelo en solitario como una vivencia que trasciende las palabras. Lo define como “una sensación hermosa, que todo piloto sueña vivir”, un momento cumbre que marca la transición de aprendiz a comandante de su propia aeronave. Esta experiencia fundacional es la que ahora busca compartir con otros a través de su proyecto “Volar Santiago”.

Esta iniciativa ofrece vuelos de bautismo para vecinos y turistas, abriendo una ventana aérea para contemplar la ciudad. La propuesta está diseñada para todas las edades y tiene un doble objetivo: ofrecer un paseo extraordinario y, quizás, despertar nuevas vocaciones entre quienes se suban a la cabina.

“Sea mujer o varón, el que sienta el llamado puede hacerlo”, afirma Delfina con convicción. Para ella, volar representa mucho más que un medio de transporte; es un acto de cambiar de perspectiva, de confiar en uno mismo y de comprender que, con decisión y trabajo constante, los horizontes se expanden. Su mensaje es claro: cuando hay pasión y disciplina, el cielo nunca es el límite.

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