¿Una prueba infalible? El ADN encontró su límite en un caso que desafía a la ciencia forense
Un doble asesinato en Francia enfrenta a la ciencia forense con un dilema: el ADN hallado en el arma coincide con dos gemelos idénticos. La epigenética surge como posible solución para distinguirlos con 89% de precisión.
Un doble asesinato en Francia puso en jaque a la investigación criminal cuando la prueba más confiable, el ADN, no pudo determinar al culpable entre dos sospechosos. La ciencia forense se enfrenta a un enigma que podría cambiar las reglas del juego.
Durante un juicio por un crimen ocurrido en 2020, los investigadores hallaron material genético en el fusil utilizado. El perfil coincidía con dos hermanos gemelos monocigóticos, quienes comparten prácticamente la misma secuencia de ADN. Los peritos demostraron que el ADN pertenecía a uno de ellos, pero no pudieron dilucidar quién disparó el arma.
El talón de Aquiles de la genética forense
Durante décadas, el ADN fue considerado una prueba prácticamente definitiva para identificar personas en crímenes. La tecnología forense compara regiones del genoma llamadas STR (short tandem repeats), que actúan como un código de barras genético.
En la mayoría de los casos, este método permite distinguir fácilmente entre dos individuos. El problema aparece con los gemelos idénticos, en quienes esas regiones del ADN no presentan diferencias detectables con las técnicas convencionales.
De las huellas dactilares a la epigenética
La búsqueda de métodos confiables para identificar individuos comenzó mucho antes del uso del ADN. En 1891, el policía croata-argentino Juan Vucetich desarrolló en Argentina el primer sistema moderno de clasificación de huellas digitales.
Aquella innovación permitió resolver crímenes mediante patrones únicos en los dedos de los sospechosos y marcó el inicio de la identificación científica en criminología. Un siglo más tarde, la genética molecular llevó ese mismo principio a una escala microscópica.
La epigenética: una nueva esperanza
Hoy, una nueva área de la biología molecular llamada epigenética podría aportar una solución a este callejón sin salida. En lugar de centrarse en las mutaciones del ADN, estudia las modificaciones químicas que regulan el funcionamiento de los genes sin alterar su secuencia.
Una de las modificaciones más conocidas es la metilación del ADN, donde pequeños grupos químicos se adhieren a determinadas regiones del genoma. Lo más interesante es que estas marcas no dependen solo de la herencia.
Factores como la dieta, el estrés, la exposición a contaminantes o los hábitos de vida pueden modificar estas marcas con el tiempo. El ambiente también escribe su historia sobre nuestro ADN.
Un estudio prometedor
Un estudio reciente publicado en Forensic Science International: Genetics analizó si estas marcas epigenéticas pueden servir para distinguir los genomas de gemelos idénticos. Los investigadores realizaron un perfil completo de metilación del ADN en 54 pares de gemelos recién nacidos.
El análisis permitió detectar 711 regiones del ADN en las que la metilación era diferente entre un gemelo y otro. A partir de ese conjunto, los científicos seleccionaron cinco marcadores particularmente informativos.
Cuando probaron esa combinación en distintos grupos de gemelos, lograron diferenciarlos con una precisión cercana al 89%. Las diferencias observadas parecen mantenerse desde el nacimiento hasta la edad adulta.
El futuro de la investigación criminal
Por ahora, esta técnica no forma parte de las rutinas de la policía científica. Los propios autores del estudio señalan que se necesitan más investigaciones y métodos de análisis más simples antes de que pueda utilizarse sistemáticamente en tribunales.
Sin embargo, el concepto detrás del descubrimiento es poderoso. Aunque dos personas compartan exactamente la misma secuencia genética, sus vidas van dejando marcas diferentes en el ADN. Ese mínimo detalle podría marcar la diferencia entre un caso irresoluble y una condena judicial.
Seguramente Sherlock Holmes nunca imaginó que el ambiente podría convertirse en un testigo molecular silencioso de un delito. La ciencia moderna confirma que nuestros hábitos y el mundo que nos rodea van dejando rastros microscópicos en lo más profundo de nuestras células.
El doctor Federico Prada, director del área de Biociencias de UADE, analiza cómo cada descubrimiento científico va dejando su huella en la sociedad, al igual que el ambiente deja sus marcas en nuestro ADN.