Una piba de 15 años de una comunidad mbya de Misiones se recibió de árbitra y sueña con dirigir en el Monumental
La adolescente, que vive en la aldea Paí Antonio Martínez, ya tuvo su debut con un traspié que casi la hace dejar todo. Ahora, con el apoyo de su padre, recorre la provincia para cumplir su sueño.
Celeste Núñez tiene 15 años, vive en la aldea Paí Antonio Martínez, en Fracrán, y acaba de cumplir un objetivo que parecía lejano: se recibió de árbitra de fútbol. La joven, que pertenece a la comunidad mbya guaraní, dejó atrás su etapa como jugadora para formarse en San Vicente y hoy recorre las canchas de Misiones con una meta clara: llegar al profesionalismo.
Su historia empezó en el equipo Paula Mendoza, donde jugaba como delantera y mediocampista. Pero el amor por el fútbol la llevó a querer entenderlo desde otro lugar. "Mis ganas de ser árbitra nacieron por el gran amor que siento por el fútbol y porque quería conocer el deporte desde otro punto de vista", contó Celeste. Para lograrlo, asistió a clases quincenales en la localidad vecina de San Vicente, donde obtuvo su diploma habilitante. "En ese curso estudiamos todas las reglas que se ponen en juego dentro de la cancha", recordó con orgullo.
Un debut con obstáculos
El primer partido oficial no fue fácil. Durante un encuentro de fútbol infantil masculino en San Pedro, Celeste ofició como asistente y la inexperiencia le jugó una mala pasada. "Me puse nerviosa y nos terminaron corriendo a todos de la cancha", admitió. El error fue no cobrar un offside, algo que ella misma explicó: "Yo estaba de jueza de línea y mi compañero, de árbitro principal. No cobré un offside. Después de eso paré un tiempo, pero no dejé de ir a la cancha para ver los partidos en los que dirigía mi papá".
El regreso y el apoyo de su padre
Lejos de rendirse, Celeste retomó la actividad de la mano de su padre, Marcos, que trabaja en su chacra y los fines de semana se desempeña como árbitro. Es, además, el único miembro de su comunidad en la Comisión de Árbitros de San Vicente. Hace pocas semanas, ante la falta de un asistente en El Soberbio, Celeste no dudó en acompañarlo en un viaje en moto de 120 kilómetros para cubrir la vacante. Al llegar, su padre la presentó ante los organizadores y la joven asumió la responsabilidad de la línea de banda. "Tuve un poco de nervios, pero ya sabía lo que tenía que hacer y fue una experiencia muy linda", aseguró.
Entre partido y partido, Celeste cursa el tercer año del secundario en la escuela de su comunidad, con excelentes calificaciones. Pero su cabeza está puesta en las grandes ligas. "En mi comunidad no hay muchas oportunidades para seguir creciendo y yo quiero llegar a lo más alto", afirmó.
Con el italiano Pierluigi Collina como referente, la joven ya proyecta su carrera hacia los máximos escenarios del fútbol argentino y mundial. "Me gustaría en unos años ir a dirigir en canchas de mundiales, como por ejemplo el Monumental. Quiero llegar a esos lugares", concluyó.