Una mamá, dos mochilas y un regreso que sorprende en plena Quebrada del Toro
Todos los días, a la misma hora, una mamá cruza la Quebrada del Toro para buscar a sus hijos. Lo que traen en las manos al volver es lo que nadie esperaba.
En la inmensidad de la Quebrada del Toro, a unos 3.500 metros sobre el nivel del mar, una escena cotidiana quedó retratada por el fotógrafo aficionado Carlos Alberto Figueroa. Una madre vuelve al rancho junto a sus hijos después de la escuela, en Potrero de Chañi, y el camino entre cerros se convierte en una postal que conmueve.
La vida urbana suele transformar la salida del colegio en una carrera contra el reloj: apurarse para llegar, encontrar estacionamiento, esperar el timbre y divisar a los chicos entre el enjambre de guardapolvos. En otros rincones de Salta, esa misma rutina se vive de otra manera. No hay filas de autos ni bocinazos. Hay senderos angostos, distancias enormes y muchas veces se recorren a pie.
Un regreso que es travesía
Entre silencios profundos y caminos solitarios, los chicos avanzan como si el regreso fuera parte de un juego. Para los padres, cada paso habla de una tarea sencilla y enorme al mismo tiempo. Ir hasta la escuelita y volver a casa puede convertirse en toda una travesía.
En la imagen captada por Figueroa, la mamá emprende la vuelta al rancho con las mochilas, los útiles y algunos recuerdos de un día distinto. Uno de los compañeritos había festejado su cumpleaños y ellos vuelven llevando una porción de torta y globos.
Lo extraordinario de lo cotidiano
Nada extraordinario parece ocurrir y, quizás, allí está la fuerza de la postal. Es "apenas una mamá" que fue a buscar a sus hijos a la escuela y ahora vuelve con ellos a casa. Pero en medio de la inmensidad de la Quebrada del Toro, entre cerros y caminitos, esa escena adquiere otra dimensión y pone en valor esos pequeños esfuerzos que, repetidos todos los días, también son una profunda muestra de amor.