Una jujeña convierte batatas descartadas en un material que podría reemplazar al plástico
Una jujeña lidera un proyecto que convierte batatas descartadas en un material que podría reemplazar al plástico. La investigación ya tiene aplicaciones en carpeta, pero el detalle que las define todavía no se conoce.
Una joven investigadora jujeña integra un equipo de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT) que busca transformar las batatas que quedan fuera del circuito comercial en un bioplástico biodegradable. Leila Almará Gussoni, estudiante de Ingeniería Química, es parte del grupo dirigido por Carolina Saracho, doctora en Ciencia y Tecnología de los Alimentos.
Del proyecto también participan Paula Araujo, Nicolás Nieva, Daniel Valdeón, Gabriela Mistretta y Ana Cuezzo. Los ensayos se llevan a cabo en el Laboratorio de Alimentos del Departamento de Procesos y Gestión Industrial de la Facultad de Ciencias Exactas y Tecnología (FACET) de la UNT, en el marco de un proyecto PIUNT financiado por la universidad.
La investigación apunta a aprovechar recursos disponibles en el territorio y a diversificar las producciones de pequeños productores y emprendimientos familiares.
De las batatas descartadas al laboratorio
El proyecto tiene un antecedente concreto en Simoca, donde el equipo acompaña a una cooperativa de productores de batata. En una primera etapa trabajaron en la elaboración de dulce de batata y luego desarrollaron una premezcla o harina de batata apta para personas celíacas, que actualmente requiere la aprobación correspondiente para su incorporación al Código Alimentario Argentino.
Esos procesos ampliaron las posibilidades de comercialización, pero todavía quedaba una parte de las batatas sin destino. De esa situación surgió la nueva etapa de la investigación. “¿Por qué no le damos la vuelta a esta situación y vemos la posibilidad de crear un nuevo material?”, planteó Almará Gussoni.
La propuesta consiste en recuperar el almidón presente en las batatas que, debido a su deterioro, ya no pueden ingresar al circuito comercial y utilizarlo como materia prima para fabricar un biopolímero.
Cómo se fabrica el bioplástico
La batata presenta una característica fundamental para el proyecto: aunque pierda su valor como alimento, conserva una cantidad importante de almidón. Los investigadores recuperan ese componente y lo combinan con otros materiales para obtener las propiedades necesarias. Entre los elementos utilizados en las formulaciones se encuentran glicerol proveniente de la industria del biodiésel y gelatina como material de refuerzo, además de agua.
Para obtener el material utilizan una técnica conocida como casting. El procedimiento consiste en preparar una solución con los diferentes componentes, colocarla en un molde y dejarla secar. Como resultado se obtiene una película que puede presentar distintos niveles de flexibilidad y resistencia.
“Ya obtuvimos las principales películas, lo que nos muestra que estamos teniendo un producto viable”, explicó la estudiante a Daniela Orlandi para la Universidad Nacional de Tucumán.
Actualmente, el equipo analiza las características del material y realiza diferentes ensayos para determinar su resistencia y comportamiento frente a distintas condiciones. El objetivo es ajustar propiedades como la durabilidad y la flexibilidad según la aplicación que se busque desarrollar.
Una posible aplicación en la agricultura
Una de las alternativas que analiza el equipo está vinculada con la producción de frutillas, una actividad importante en Tucumán. Durante el cultivo se utiliza plástico negro para cubrir el suelo, un material que luego de cumplir su función se convierte en residuo. Frente a esta problemática, la investigación busca avanzar en el desarrollo de una cobertura biodegradable elaborada a partir de los descartes de batata.
“Como es un biopolímero en donde podemos ir ajustando las propiedades y las características, tiene un rango amplio de aplicación”, explicó Almará Gussoni.
Otra de las posibilidades que estudian es la producción de un material similar al cuero que pueda utilizarse en la industria de la moda, aunque ambas alternativas todavía se encuentran en etapa de investigación y requieren nuevos ensayos.
El proyecto también mira hacia la medicina
La investigación abrió además una línea exploratoria relacionada con la medicina regenerativa. En este caso, el objetivo a futuro sería determinar si las características del material permitirían utilizarlo como soporte o “andamio” para favorecer la regeneración de tejido óseo.
La idea plantea desarrollar un material que pueda ocupar determinados espacios durante el proceso de regeneración y que posteriormente sea reabsorbido por el organismo. Sin embargo, esta posibilidad todavía se encuentra en una etapa inicial y requeriría nuevos estudios sobre las propiedades del material, su biocompatibilidad y su seguridad antes de pensar en una eventual aplicación médica.
Por ahora, el trabajo del laboratorio está concentrado en determinar cuánto puede aprovecharse de una batata que, hasta hace poco, tenía como único destino el descarte. “Cuando termine su vida útil, buscamos que vuelva al ambiente, pero que no contamine”, resumió la investigadora.
Una joven jujeña entre los investigadores seleccionados
El trabajo de Leila Almará Gussoni fue seleccionado entre los 40 estudios que participarán de la 33ª edición de las Jornadas de Jóvenes Investigadores de la AUGM, que se desarrollarán en Porto Alegre, Brasil.
La investigación representa además la participación de una joven jujeña en un proyecto que busca vincular la ciencia y la tecnología con problemáticas concretas de la producción regional, a partir del aprovechamiento de un residuo para desarrollar nuevos materiales.