Ruth Harf dio una entrevista y dejó una frase que incomoda: la repitencia no se elimina con un decreto. La especialista reveló cuánto tiempo calcula que llevará encontrar la modalidad adecuada y qué habría que cambiar en las escuelas.
La especialista en educación Ruth Harf se mostró a favor de terminar con la repitencia en la escuela secundaria, pero advirtió que el cambio demandará mucho más que una decisión oficial. Durante una entrevista con El Tribuno, tras su paso por el congreso educativo por los 150 años del primer escrito del Sistema Preventivo de Don Bosco, Harf señaló que aplicar la medida exigirá revisar contenidos, horarios, formas de enseñanza y las condiciones laborales de los docentes.
“No va a ser por decreto”
Harf fue categórica: “Estoy totalmente de acuerdo con la no repitencia”, dijo. Sin embargo, aclaró que llevarla a la práctica será un proceso complejo que no se resuelve de un día para el otro. “Va a tardar por lo menos 10 años hasta que logremos encontrar la modalidad adecuada, entre los derechos de los docentes, trabajando con contenidos, de qué manera, en qué horario, etcétera”, explicó.
Para la especialista, el sistema actual tiene incoherencias difíciles de justificar. Un alumno que desaprobó tres materias no debería tener que recursar las diez, sostuvo: “No entra en la cabeza de nadie”. Pero modificar ese esquema requiere encontrar nuevas formas de organización escolar y de acompañamiento de las trayectorias educativas. “Llevarla a la práctica no va a ser por decreto”, remarcó.
La diversidad va más allá de la discapacidad
En su disertación en Salta, Harf abordó el tema “Cuidar y atender la diversidad y la singularidad”. Allí planteó que la diversidad en las aulas no debe reducirse a los alumnos con discapacidad o dificultades cognitivas. “Hace 10 años la palabra diversidad era sinónimo de discapacidad. Hoy ya sabemos que diversidad es más que eso”, afirmó. El concepto también abarca las diferencias socioeconómicas, socioculturales y familiares que atraviesan a los estudiantes.
Desde esa mirada, consideró que la escuela debe investigar qué hay detrás de las ausencias reiteradas o las dificultades de aprendizaje antes de atribuirlas a las capacidades de los chicos. Recordó su experiencia en una escuela de una zona de villa, donde algunos alumnos faltaban porque se les mojaban las zapatillas cuando llovía. La solución fue concreta: fabricar pantuflas para que pudieran llegar a clase con los pies secos.
“Tenemos que buscar un poquitito más e indagar. No siempre las dificultades tienen que ver con posibilidades cognitivas o motrices. A veces tienen que ver con contextos socioculturales en los cuales la llegada se hace difícil”, explicó.
También pidió mirar hacia adentro de la institución. El maltrato entre compañeros, las dificultades socioafectivas y otras situaciones pueden afectar el aprendizaje y la asistencia. En algunos casos, dijo, la escuela podrá resolverlas por sí misma; en otros, deberá pedir ayuda profesional.
Inclusión con recursos y formación
Harf subrayó que la inclusión no depende solo de la voluntad de los maestros. Para atender a todos los alumnos hacen falta recursos, decisiones organizativas, acompañamiento y formación continua. “Que vos tengas 30 alumnos no es problema del que llega, es una cuestión de políticas públicas, de decisiones organizativas”, afirmó.
En ese sentido, diferenció dos conceptos que suelen confundirse: lograr que todos los estudiantes se sientan parte de la escuela es una cosa; garantizar que aprendan exactamente lo mismo y al mismo ritmo es otra. “Es una cosa que todos se puedan sentir incluidos y otra garantizar que todos aprendan lo mismo”, explicó.
Reconocimiento económico y evaluaciones con contexto
La especialista también defendió el reconocimiento económico de los trabajadores de la educación. Señaló que la tarea docente no termina cuando suena el timbre, porque incluye planificación, corrección y preparación de clases fuera del horario escolar. “No es simplemente cantidad de horas, es responsabilidad del cargo. Y la responsabilidad del cargo tiene que ser remunerada como todo profesional recibe”, sostuvo.
Sobre las evaluaciones estandarizadas, cuestionó que se utilicen pruebas con situaciones alejadas de la realidad de los estudiantes. “Nosotros trabajamos en escuelas situadas, no sitiadas”, expresó, al defender la necesidad de considerar los contextos particulares de cada comunidad educativa.
Repensar la estructura escolar
Otro de los planteos de Harf apuntó a revisar las estructuras tradicionales del sistema educativo. Para ella, las divisiones rígidas por edades, grados y materias no son las únicas formas posibles de organizar la enseñanza. Mencionó como ejemplo los talleres que agrupan a los estudiantes por intereses y no por edades, así como las experiencias de las escuelas rurales con plurigrados.
También propuso aprovechar los espacios escolares de otra manera. Los patios, por ejemplo, pueden ofrecer algo más que un lugar para correr o jugar al fútbol: “Yo he estado en escuelas donde en una pared del patio tienen instrumentos musicales, en la otra libros y en otra juegos de estrategia. Entonces, cuando el chico sale al recreo, tiene un espacio libre para jugar al fútbol o si quiere leer o juegos de estrategia si quiere jugar”.