Una carta desde las islas y el secreto que guardó durante décadas: la confesión de un veterano
Una misiva enviada desde el frente de batalla contenía un mensaje de esperanza, pero lo que sucedió después cambió todo. ¿Quién salvó la vida de este soldado en medio del combate?
Una carta enviada desde las Islas Malvinas en 1982 revela la incertidumbre de un soldado que no sabía lo que ocurriría minutos después. Jorge Enrique Juarez, un conscripto de Infantería de Marina, escribió a su familia en Monteros mientras combatía, sin imaginar el giro que tomaría su destino.
“Querida familia: espero que con estas pocas palabras estén tranquilos y se sientan seguros como lo estoy yo que voy a volver perdonen lo poco y lo improlijo que le estoy escribiendo pero es la situación que no me deja escribirle más tengo fe que se va a terminar pronto esto. Chau Jorge saludos a todos”, firmó el soldado el 28 de mayo de 1982. Esa misiva, junto a otras, es atesorada como un trofeo de vida.
Juarez, oriundo del Barrio 34 Viviendas, rememoró sus vivencias en la guerra que marcó un antes y un después. “Me tocó el Servicio Militar Obligatorio en la Infantería de Marina de Berisso (La Plata), tuvimos dos meses de entrenamientos muy duro, nadie estaba enterado ni por asomo de que íbamos a ir a la guerra”, recordó.
¿Qué ocurrió en el campo de batalla?
“Teníamos inferioridades tecnológicas y de entrenamientos, pero luchábamos igual”, afirmó. Relató cómo los ataques ocurrían de día con aviones y de noche desde un barco. En una de esas jornadas, una bomba cayó muy cerca de él, produciéndole una herida grande en una pierna.
Con lágrimas en las mejillas, reveló un detalle impactante: “los ingleses me salvaron la pierna y la vida, si no, me moría ahí desangrado”. Explicó que fueron las tropas enemigas quienes le brindaron los primeros auxilios, tras lo cual estuvo cuatro meses internado en el Hospital Naval de Bahía Blanca y luego en La Plata.

Documentos históricos. Las cartas que enviaba a sus familiares.
La vida como prisionero
Después de ser capturado, Juarez fue llevado a un campo de concentración en San Carlos. “Los baños eran tachos estaban tirados por todos lados, y para comer, nos hacían ir a buscar en las campañas abandonadas, si había ahí comíamos, si no, no”, describió con crudeza. Pasó más de 15 días allí junto a otros 592 prisioneros, hasta que la guerra concluyó para ellos el 15 de julio de 1982.

La tapa de Clarín del 14 de Julio. Juarez fue uno de los 593 prisioneros que regresaba a Puerto Madryn.
¿Cómo fue el regreso a la vida civil?
Al acercarse cada aniversario, Juarez experimenta sentimientos de nostalgia y culpa. “Culpa por haber vuelto”, exclamó. “Para mi la guerra tiene más valor para el que quedó ahí luchando como un verdadero héroe, para nosotros acá es una pesadilla”.
Tras ser condecorado por el Senado de la Nación en 1984, trabajó en ENTEL hasta que la empresa fue comprada por TELECOM. Cuando lo derivaron a su provincia de origen y los accionistas se enteraron de que había combatido en Malvinas, lo despidieron sin razón aparente. “Pensaban que estábamos locos”, comentó.
Fueron años difíciles donde muchos de sus compañeros se suicidaron por no poder reinsertarse. “Comencé a trabajar por cuenta propia, y hace pocos años me jubilé gracias a una Ley del Congreso de la Nación”, señaló.
¿Qué similitudes ve con la actualidad?
Juarez reflexionó sobre la pandemia de 2020 y sus paralelismos con la guerra. “Por ahí veo como a las personas le cuesta estar en casa, pero aquí hay televisión, hay internet, hay baños y podés cocinar, si es un momento de incertidumbre, como la pasamos nosotros, pero acá con todas las comodidades”, comparó.
“Nuestras incertidumbres era que iba a pasar a los cinco minutos, no eran horas, eran minutos, no sabíamos nada, pero en el fondo, sabía que iba a volver a abrazar a mis familiares”, concluyó.

Juarez en plena tarea en las Islas Malvinas