Un seminarista de Río Cuarto fue elegido para servirle la misa al Papa: "No cabían palabras"
¿Qué tuvo que pasar para que un seminarista de Río Cuarto termine sirviendo la misa del Papa en Córdoba? La respuesta está en un sorteo que él mismo contó y en una reacción que no esperaba.
Se llama Gino Catania, tiene 26 años y está a punto de vivir uno de los momentos más importantes de su vida. El seminarista diocesano fue seleccionado para cumplir la función de monaguillo en la misa que el papa León XIV celebrará en Córdoba, en el marco de la Fadea. La noticia la confirmó él mismo en diálogo con Puntal, y no ocultó su emoción: "Será una alegría gigantesca".
Gino colabora actualmente con el padre Osvaldo Leone en la localidad de Sampacho. Su designación no fue un trámite menor: se definió por sorteo entre los cinco seminaristas mayores de la Diócesis de Río Cuarto, que reunían las mismas condiciones de idoneidad para el servicio litúrgico.
Un sorteo que definió su destino
El propio Gino se encargó de contar cómo se llegó a su nombre. "Con respecto a lo del Papa, de la organización estaban buscando representar a los seminarios del país con un seminarista por cada uno. De Río Cuarto salí sorteado yo", explicó.
Según relató, la elección se hizo entre los cinco seminaristas mayores, que compartían los ministerios, el conocimiento y la responsabilidad en la liturgia. "Se hizo un sorteo en el comedor", precisó. Y agregó: "Cuando se hizo el sorteo, salí yo, así que la Providencia me ayudó. No cabían palabras para contar la alegría".
Lejos de adjudicarse un mérito personal, el joven mendocino lo atribuyó enteramente a la fe: "Aclaro que fue por Providencia y no por algo en especial que yo tenga. Pudo haber salido ganador cualquiera de mis compañeros también".
Quién es Gino Catania
Oriundo de General Alvear, Mendoza, Gino pertenece a la Diócesis de San Rafael. Está transitando su octavo año de Seminario, el último de la formación. "Si Dios quiere el año que viene me ordenan de diácono", contó con ilusión.
Sobre el servicio que le tocará cumplir junto al Sumo Pontífice, fue contundente: "Es una gran alegría y significa algo magnífico tenerlo cerca en la celebración de la santa misa. Poder ayudarlo en el servicio del altar es una alegría gigantesca".
Y si bien reconoce la magnitud del momento, también asume la responsabilidad que implica: "Ahora estoy preparándome para semejante servicio que me va a tocar vivir".
"Siento una emoción muy grande y también gran responsabilidad", concluyó el seminarista, que ya se prepara para una jornada que difícilmente olvide.