¿Qué pasó con los fieles que aguantaron más de 40 grados de sensación térmica para ver al Papa en Cevil Pozo? La respuesta está en una tarde de 1987 que Tucumán no olvidó.
Pasaron 39 años, pero la escena sigue intacta en la memoria colectiva: el aeropuerto Benjamín Matienzo desbordado de fieles bajo un sol implacable, esperando ver bajar a Juan Pablo II del avión. Aquel 8 de abril de 1987, Karol Wojtyla se convirtió en el primer pontífice en pisar suelo tucumano, y la provincia no lo olvidó.
El recuerdo vuelve ahora con fuerza por un motivo concreto: la llegada de León XIV a la Argentina, prevista para el domingo 8 de noviembre en el marco de una gira apostólica por Sudamérica. Será el regreso de un Papa al país después de casi cuatro décadas, y aunque Tucumán no figura entre los destinos de esta nueva visita, el anuncio reavivó la nostalgia de aquella jornada histórica.
Una multitud que madrugó para no perderse nada
Era miércoles y el otoño apenas se hacía sentir. Desde muy temprano, miles de personas empezaron a moverse hacia el aeropuerto internacional, en Cevil Pozo. Familias enteras, jóvenes, ancianos y peregrinos llegados de distintos puntos del noroeste argentino buscaban un lugar desde donde ver al pontífice.
Muchos habían pasado la noche en las inmediaciones. Otros recorrieron varios kilómetros a pie. Para Tucumán era algo inédito: por primera vez, el máximo representante de la Iglesia católica visitaba la provincia.
El calor se transformó en un protagonista más de la jornada. Según las reconstrucciones periodísticas de La Gaceta, la máxima llegó a 33,5 grados, con una sensación térmica que superó los 40 y una humedad del 86%. El sol castigaba a una multitud que llevaba horas de espera.
Los bomberos intentaban aliviar a la gente lanzando chorros de agua sobre el público, mientras los puestos sanitarios atendían a personas descompensadas por las altas temperaturas. Aun así, nadie se movió: los rezos, los cánticos y las banderas sostuvieron una espera que terminaría siendo una de las escenas más recordadas de la historia reciente de Tucumán.
El aterrizaje y los 105 minutos que quedaron en la memoria
A las 16.23, el avión presidencial Tango 02 tomó tierra en el Benjamín Matienzo. Juan Pablo II descendió y fue recibido por autoridades eclesiásticas y civiles. La visita duró apenas 105 minutos, pero alcanzó para movilizar a decenas de miles de personas.
La cifra exacta de asistentes nunca quedó establecida. Las crónicas de la época ofrecen estimaciones muy dispares: La Gaceta y el diario La Razón calcularon alrededor de 50.000 fieles, mientras que otros medios nacionales hablaron de entre 70.000 y 130.000 personas. La comisión organizadora elevó la estimación hasta los 140.000 asistentes.
Más allá de las diferencias, todas las reconstrucciones coinciden en la magnitud de la convocatoria. Frente al aeropuerto se había levantado un gran escenario desde el cual el Papa encabezó una celebración de la Palabra. La multitud lo recibió con aplausos, banderas y muestras de emoción.
Una crónica publicada al cumplirse 30 años del acontecimiento recuperó un detalle elocuente: el mensaje del pontífice fue interrumpido una veintena de veces por los aplausos de los presentes. El propio Juan Pablo II hizo referencia al clima con humor y reconoció que los tucumanos estaban más acostumbrados que él a semejante calor.
El mensaje en la Cuna de la Independencia
Durante su homilía, el pontífice destacó el valor histórico de Tucumán y su papel en el nacimiento de la Argentina como nación independiente. Habló de la identidad de los habitantes del norte argentino, del amor por la patria y de la responsabilidad de preservar la libertad y las tradiciones culturales.
Su mensaje estuvo atravesado por una convocatoria a la unidad, la solidaridad y el compromiso de los ciudadanos en la construcción del futuro del país. La visita se produjo durante la presidencia de Raúl Alfonsín, en una Argentina que había recuperado la democracia menos de cuatro años antes y que todavía atravesaba importantes desafíos políticos, económicos y sociales.
En ese contexto, las palabras del Papa adquirieron una dimensión que trascendió lo estrictamente religioso. Juan Pablo II alentó a los argentinos a fortalecer sus familias, cumplir con sus responsabilidades y trabajar por una sociedad basada en la paz y la concordia.
Uno de los pasajes más recordados de su discurso fue una exhortación que sintetizó buena parte de su mensaje: “¡Creced en Cristo! ¡Amad a vuestra Patria!”. También expresó su esperanza en las nuevas generaciones y en la capacidad de los argentinos para construir un futuro mejor.
El momento en que rompió el protocolo
Uno de los episodios más emotivos llegó cuando la celebración estaba terminando. Según las crónicas periodísticas de la época, Juan Pablo II bajó las escalinatas del escenario y se acercó a la multitud para estrechar las manos de los fieles que intentaban saludarlo.
La escena provocó una fuerte reacción entre los presentes. Después de largas horas de espera, muchos tucumanos pudieron ver al Papa a pocos metros y algunos incluso lograron tocar sus manos.
Años después, el periodista y fotógrafo Daniel Salvador recordó el esfuerzo que había significado llegar hasta el aeropuerto. En su relato describió los caminos repletos de peregrinos, las mujeres que caminaban con sus hijos en brazos, los ancianos y los jóvenes que ayudaban a quienes tenían dificultades para desplazarse.
Aquellas imágenes permiten reconstruir la dimensión humana de una jornada en la que la expectativa religiosa transformó por completo la rutina de la provincia. El entonces arzobispo de Tucumán, monseñor Horacio Bózzoli, calificó la recepción del pueblo tucumano como hermosa, multitudinaria y piadosa.
La segunda visita de Wojtyla al país
La llegada de Juan Pablo II a Tucumán formó parte de su segunda visita a la Argentina. La primera había sido en junio de 1982, en plena guerra de Malvinas. En aquella oportunidad, el pontífice permaneció alrededor de 48 horas en el país, con un mensaje centrado en la paz y el fin del conflicto bélico.
Durante ese viaje quedó planteada la posibilidad de regresar para una visita pastoral más extensa. La oportunidad llegó en abril de 1987, cuando recorrió diez ciudades argentinas: Buenos Aires, Bahía Blanca, Viedma, Mendoza, Córdoba, Tucumán, Salta, Corrientes, Paraná y Rosario.
El viaje también estuvo vinculado con la celebración de la Jornada Mundial de la Juventud en Buenos Aires, uno de los acontecimientos centrales de aquella gira. En Tucumán, la presencia del pontífice adquirió un significado particular: no se trataba solo de recibir a una figura internacional, sino de participar de un acontecimiento sin precedentes para la comunidad católica provincial.
Un recuerdo que vuelve 39 años después
La visita quedó registrada en fotografías, crónicas y testimonios de quienes participaron. Las imágenes del aeropuerto colmado, los fieles bajo el sol y el Papa saludando a la multitud forman parte de la memoria colectiva tucumana.
El pontífice, que falleció en 2005 y fue canonizado en 2014, nunca volvió a visitar la provincia. Aquellos 105 minutos del 8 de abril de 1987 siguen siendo, hasta hoy, la única ocasión en la que un Papa estuvo en Tucumán.
Ahora, a 39 años de aquel acontecimiento, la inminente llegada de León XIV vuelve a poner en primer plano el recuerdo de una tarde que marcó a generaciones. Mientras el país se prepara para recibir otra vez al líder de la Iglesia católica, Tucumán conserva aquella multitud reunida en Cevil Pozo, el calor agobiante y la emoción de miles de personas que pudieron ver de cerca a Juan Pablo II.