Un nene de 13 años se sumó a los rescatistas y conmueve a Colombia: “No voy a dejar solo a mi país”
Con apenas 13 años, Juan Pablo Sánchez de Espinel se convirtió en un símbolo de esperanza en Pereira. ¿Qué lo llevó a arriesgarse entre los escombros? Su respuesta emociona.
Mientras los equipos de emergencia buscaban sobrevivientes entre los escombros de Pereira, un adolescente de 13 años decidió dejar la seguridad de su casa y sumarse a las tareas de rescate. Su nombre es Juan Pablo Sánchez de Espinel y su historia ya dio la vuelta al mundo.
El terremoto que sacudió Colombia el pasado 10 de agosto dejó una estela de destrucción en varias ciudades, pero también destapó historias de solidaridad que emocionan. Una de ellas es la de este joven que, pese a que su familia y su vivienda están intactas, no dudó en arremangarse y ayudar.
¿Qué hizo Juan Pablo?
El adolescente contó a TN que se acercó hasta una casa derrumbada donde los rescatistas intentaban sacar a una mujer atrapada. “Estaba allá atrás, en una casa derrumbada, sacando escombros para que sacaran a una señora. Aunque la sacaron muerta, yo ayudé a abrir campo para que la rescataran”, relató con una madurez que sorprende a su corta edad.
Juan Pablo nació en Bogotá, vivió un tiempo en Pasto, Nariño, y en 2023 se mudó a Pereira. La imagen de la ciudad que conoció al llegar nada tiene que ver con la que ve ahora cada vez que sale a la calle. “Cuando yo llegué de mudanza aquí a Pereira, todo estaba súper bien. Yo iba a salidas, al centro, y cuando regreso, todo derrumbado, todo destruido”, describió con tristeza.
“No voy a dejar solo a mi país”
Cuando le preguntaron por qué, con apenas 13 años, había decidido involucrarse en las tareas de ayuda, su respuesta provocó el aplauso de los presentes: “Porque yo no voy a dejar solo a mi país. Ningún colombiano puede dejar solo a su país”. Y agregó: “Somos hermanos y nos apoyamos codo a codo”.
El chico contó que su familia está bien y que su casa sigue en pie, pero él prefirió salir a colaborar. “Los dejé allá en la casa y de una me fui solito a ayudar”, explicó.
El terremoto también interrumpió su rutina escolar. Juan Pablo estudia desde su casa y, desde el desastre, las actividades quedaron suspendidas. “Todo se paró. Ya no me mandan tareas”, señaló.
El momento de mayor tensión
La entrevista terminó de forma abrupta cuando los rescatistas que trabajaban a pocos metros pidieron silencio absoluto ante la posibilidad de detectar señales de vida bajo los escombros. Celulares en modo avión, maquinaria apagada y todos inmóviles: el silencio se apoderó de la escena mientras los equipos especializados intentaban escuchar entre los restos del edificio.
Juan Pablo también guardó silencio. A sus 13 años, estaba otra vez en el mismo lugar al que había llegado por decisión propia: entre los escombros de su ciudad, acompañando una búsqueda que todavía no termina.