Un jurado popular leyó el veredicto y el grito de "presente" retumbó en Neuquén
Aguantaron la lluvia desde las 8 de la mañana con banderas y un altar. Cuando el jurado popular terminó de leer el veredicto en la Sala 12, el grito que hacía un año esperaba retumbó en la Ciudad Judicial.
El veredicto llegó de noche, con la lluvia y el frío golpeando la puerta de la Ciudad Judicial. Cuando el presidente del jurado popular terminó de leer la palabra «culpable», la Sala 12 se llenó de un grito que hacía un año esperaba: «Azul Semeñenko, presente, ahora y siempre», con los puños en alto y rosas azules en las manos.
Es la primera vez que Neuquén juzga un transfemicidio. Y el resultado no fue menor: doce jurados dieron por acreditada la responsabilidad penal de Roberto Daniel Sánchez por el homicidio de Azul con tres agravantes —ensañamiento, Justicia tomó una decisión con el arma en la mano">violencia de género y odio a la identidad trans—, lo que implica una condena a perpetua.
El hermano de la víctima, Marco Millapán, que conformó la querella y encabezó el reclamo de justicia, se quebró en llanto al escuchar la sentencia. Adentro de la sala, Fiscalía y querella se saludaban con lágrimas. Sánchez, en cambio, apenas intercambió unas palabras con su defensor Ezequiel Leanza antes de que un policía lo esposara y se lo llevara.
Once jornadas y más de 60 testigos
El debate arrancó el 2 de octubre y se extendió a lo largo de once audiencias por las que pasaron más de 60 testigos. Los doce integrantes del jurado evaluaron una prueba voluminosa que reconstruyó, paso a paso, qué pasó con Azul desde la madrugada del 25 de septiembre de 2025.
Afuera, la espera había empezado a las 8 de la mañana. Compañeras de trabajo del Centro de Atención a la Víctima, militantes de ATTTA —la filial provincial de la Asociación de Travestis, Transexuales y Transgéneros de Argentina— y organizaciones sindicales aguantaron bajo la lluvia con banderas del orgullo trans y un altar improvisado sobre calle Leloir.
«Un día histórico»
«Hoy para nuestra familia es un día histórico, un día de mucha lucha a la cual nunca desistimos», dijo Millapán por un megáfono, rodeado de una multitud que encendía velas. «Haber conseguido este veredicto del jurado popular es fruto colectivo de cada uno de los que hoy están presente».
El hermano de Azul remarcó que durante todo el proceso la familia se mantuvo en la verdad: «Nunca dijimos ni intentamos evadir la realidad de Azul. Azul fue y será una persona del común y corriente como somos todos, con defectos, con virtudes, pero sobretodo con un corazón noble».
También habló de un año atravesado por la hostilidad: «Hemos tenido que tolerar injurias, falta de respeto, situaciones muy humillantes. Logramos lo que todos queríamos: Justicia para Azul. Esto fue un transfemicidio, un crimen de odio».
Janet Hernández, compañera de la víctima, acompañó desde el primer día: primero el pedido de aparición con vida, después la condena. «Nada nos devuelve la vida de Azul, pero sabemos que ahora descansa en paz, que su transfemicidio, el odio a la identidad de género, no quedó impune».
La palabra de la querella
Shirley Sarasola, abogada querellante y excompañera de Azul en el CAV, habló con la voz tomada: «Para mí es una responsabilidad muy grande. No fue un expediente más, me atravesó como compañera. Hoy se hizo Justicia, hoy Azul descansa en paz».
Fernando Gómez, el otro letrado de la familia, habló de «sensaciones encontradas». Por un lado valoró que el jurado pudo ver la culpabilidad en la prueba; por el otro, advirtió que el juicio expuso «los prejuicios de una comunidad que necesita construir un aprendizaje».
«Uno se va satisfecho de que el jurado pudo ver que acá hubo un crimen de odio, de una mujer que tiene la protección de la violencia de un hombre contra una mujer, de la saña en un crimen horrendo», sostuvo. Y agregó: «Es una brisa fresca de la Justicia que no te devuelve a Azul, entonces es seguir con las brasas ardiendo del dolor que no se apaga».
Jéssica Falcone, también querellante, puso el acento en el valor del jurado popular: «Muy orgullosa del pueblo neuquino. Son las personas de a pie, las que nos cruzamos en la calle, las que definen el veredicto. Me reconforta poder salir mañana sabiendo que las personas logran empatizar con una forma de vida que capaz no es la suya y pudieron ver cuáles son las problemáticas que afectan a las personas travesti trans, lamentablemente en todo el país».
Y cerró con amargura: «Azul no está, no va a volver a estar, pero se encuentra representada por sus compañeras de trabajo que no la dejaron de buscar desde el día uno».
Cómo se reconstruyó el crimen
La Fiscalía, representada por el jefe Agustín García y la asistente letrada Agustina Jarry, había pedido la culpabilidad por las tres agravantes. Según la acusación, la última imagen de Azul con vida quedó registrada en la camioneta Ford Ranger blanca de Sánchez, que llegó hasta la casa de Copahue al 1100 durante la madrugada del 25 de septiembre de 2025.
Después, según la reconstrucción, el acusado siguió con su rutina como si nada mientras la búsqueda de Azul todavía no había empezado. La madrugada siguiente habría trasladado el cuerpo envuelto en un gazebo y atado con cuerdas y alambres hasta un canal de desagüe en el límite entre Neuquén y Plottier, a unos 16 kilómetros de su vivienda.
Azul estuvo desaparecida 19 días. Su cuerpo apareció el 14 de octubre, cuando un vecino que paseaba a sus perras percibió un olor nauseabundo y llegó hasta el lugar. Para la acusación, la forma en que fue ocultado el cuerpo fue parte de una secuencia deliberada.
Las cámaras de seguridad, los registros de circulación de la camioneta, las manchas de sangre en la casa y en el vehículo y las pericias criminalísticas fueron los pilares de la acusación. García rechazó la hipótesis de emoción violenta que planteó la defensa: la continuidad de la rutina, el traslado del cuerpo y las maniobras para borrar rastros no encajaban con una pérdida repentina de control. También descartó la versión de una agresión mutua, porque los informes médicos no hallaron lesiones recientes en Sánchez.
Las 25 puñaladas
La autopsia del médico forense Gerez determinó al menos 25 heridas de arma blanca, además de fracturas en el rostro, la mandíbula, las costillas y los antebrazos. Dos de las puñaladas comprometieron órganos vitales: el corazón y la aorta.
Para la Fiscalía y la querella, la agresión excedió lo necesario para matar. Las heridas defensivas en manos y brazos y la cantidad de lesiones fueron presentadas como prueba de un sufrimiento innecesario. Gómez apeló al concepto de overkill, que los especialistas usan para describir una violencia muy superior a la letal.
El querellante también se detuvo en las fracturas del rostro. Los peritos no pudieron establecer si se produjeron antes o después de la muerte por el estado de descomposición del cuerpo, pero para Gómez eso no impedía leer el conjunto. «Le rompió la cara tres veces», afirmó, y definió esas lesiones como «la marca indeleble del odio a la identidad y expresión de género».
El odio como agravante
La acusación sostuvo que el prejuicio hacia la identidad de género no podía medirse solo por el encuentro sexual entre Sánchez y Azul, sino por el trato hacia la víctima, las expresiones discriminatorias incorporadas a la causa, la violencia desplegada y el modo en que fue tratado su cuerpo.
Los testimonios de la antropóloga Josefina Fernández, de la referente trans María Belén Correa y de trabajadoras sexuales permitieron contextualizar la discriminación y las condiciones de vulnerabilidad que atraviesan muchas mujeres trans.
La querella, en tanto, puso el foco en la historia de Azul: la búsqueda de reconocimiento, el camino para acceder a su identidad registral y los proyectos que había empezado. Había conseguido un trabajo estable y había iniciado el proceso para una cirugía importante para su vida.
«Ninguna víctima viene a un juicio a rendir examen para que le reconozcan el derecho a no ser asesinada», dijo Gómez, al cuestionar los testimonios que buscaron desacreditarla por su identidad, su actividad laboral o sus decisiones. Y sentenció: «Desde mucho antes de llegar a esa esquina, Sánchez ya la había deshumanizado a Azul».
Violencia de género y encubrimiento
El tercer agravante se apoyó en la relación desigual de poder y en los antecedentes de violencia atribuidos a Sánchez durante el debate. La querella cuestionó la imagen de hombre pacífico que, según planteó, intentó construirse desde algunos testimonios de la defensa.
Las acusaciones también apuntaron a las maniobras posteriores al crimen. La Fiscalía señaló contradicciones en declaraciones y recordó comunicaciones telefónicas que, a su criterio, mostraban intentos de condicionar relatos. Entre ellas, la conversación en la que Carola Araneda, expareja del acusado, le indicó a su hija que no dijera ante la Fiscalía que Sánchez la golpeaba porque podía perjudicarlo.
Para la acusación, esos episodios debían leerse junto con la evidencia material, sin aislar los relatos que favorecían la versión defensiva.
El pedido final
El alegato de Gómez había cerrado con un ruego directo al jurado: que reconociera la responsabilidad de Sánchez y las tres agravantes. El abogado destacó el impacto del crimen en la familia, las amigas y las compañeras de Azul, y recordó que ella había empezado una etapa marcada por proyectos que quedaron truncos. «La decisión es clara: el único mandato es pedirles justicia», había dicho.
Afuera de la sala, el juicio fue acompañado en cada jornada por personas cercanas a Azul, integrantes del colectivo travesti-trans, trabajadoras del CAV y organizaciones sindicales.
Con el veredicto, el jurado dio por acreditada la responsabilidad penal de Roberto Daniel Sánchez por el homicidio de Azul Semeñenko y las tres agravantes. La lectura puso fin a la deliberación popular. Ahora resta la instancia judicial en la que se determinará la pena.