Un frigorífico catamarqueño lleva 25 años faenando con tráfico federal y una oficina del Senasa adentro
Cinco cámaras frigoríficas, 130 empleados y flota propia para llegar a otras provincias: así opera la empresa que visitaron en el Parque Industrial.
En el Día de la Industria, El Esquiú Play cerró su recorrido por el Parque Industrial El Pantanillo con una visita al frigorífico Natilla S.A. Carlos Miranda, representante de la firma, mostró cómo opera una empresa que lleva más de dos décadas y media en la cadena cárnica provincial.
Con unos 130 empleados repartidos entre producción, logística, administración y mantenimiento, la planta funciona con una lógica distinta a la de una fábrica tradicional. “Nosotros no ensamblamos componentes; recibimos la hacienda viva y la desarmamos para transformarla en alimento”, explicó Miranda.
El establecimiento tiene tráfico federal, lo que le permite distribuir con flota propia tanto en Catamarca como en otras provincias. Su negocio se divide en dos: compra y faena de animales propios para vender directamente, y servicio de faena para terceros, como matarifes y carniceros de la zona.
Para sostener esa operación, la planta cuenta con cinco cámaras frigoríficas –tres para bovinos y dos para porcinos– más una cámara de congelados inaugurada hace poco con la presencia del gobernador, pensada para almacenar menudencias y achuras.
El sello sanitario
Uno de los diferenciales que destacó Miranda es que Natilla es el único frigorífico de la provincia con una oficina permanente del Senasa adentro de sus instalaciones. Eso garantiza que el ganado entre bajo normas sanitarias estrictas y que la carne salga con condiciones óptimas de higiene, inocuidad y trazabilidad.
En cuanto a los subproductos, la planta recupera cebo, hueso y órganos para otras industrias, como la elaboración de grasas o alimentos y snacks para mascotas. El cuero, en cambio, perdió valor: Miranda señaló que el mercado internacional y la responsabilidad ambiental lo convirtieron en un bien de descarte de bajo recupero, y las empresas tuvieron que adaptarse.
Además, aclaró que por disposiciones del Senasa las cabezas no pueden venderse para consumo directo y deben derivarse obligatoriamente a plantas de procesamiento secundario, conocidas como Ciclo 2.
Un contexto difícil
Miranda reconoció que el sector atraviesa un momento complicado por la caída del consumo general. Aun así, ratificó el compromiso de la firma de sostener los puestos de trabajo, mantener la calidad sanitaria y seguir apostando al desarrollo productivo de la región.