Un Ford T de 1926 volvió a rodar en Rosario del Tala: cuatro generaciones y un secreto guardado en el taller

Un Ford T de 1926 llevaba décadas abandonado en un taller de Rosario del Tala. Cuatro generaciones de la familia Acosta se pusieron manos a la obra y lo devolvieron a la calle: el detalle que guarda el auto y que casi nadie conoce.

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Un Ford T de 1926 volvió a rodar en Rosario del Tala: cuatro generaciones y un secreto guardado en el taller
Un Ford T de 1926 volvió a rodar en Rosario del Tala: cuatro generaciones y un secreto guardado en el taller

La familia Acosta restauró un Ford T Touring de 1926 que estaba abandonado desde hacía décadas y lo devolvió a las calles de Rosario del Tala. Gerardo, Enrique, Mariano y Josefina encabezaron un proyecto que demandó cuatro años de trabajo y que unió a tres generaciones alrededor de los fierros.

El auto pertenecía a la familia desde al menos la década de 1950 y había quedado postergado durante años. Algunas piezas originales se conservaron, pero fue necesario conseguir una enorme cantidad de componentes para reconstruirlo y devolverle su aspecto de época. Todo se hizo en el taller familiar, con el aporte de cada integrante.

"Fue una cosa de chicos, de estudiantes de la escuela secundaria. Somos egresados de la escuela técnica y, con un amigo, empezamos con la idea de armar o tener un auto. Mi papá nos ayudaba y nos incentivaba. Después, por cuestiones de presupuesto y porque me fui a estudiar a Uruguay, quedó parado", recordó Gerardo Acosta en diálogo con Iván Rodríguez, de Canal 5.

Una carrocería en redes sociales y el proyecto que despegó

Hace aproximadamente cuatro años, Gerardo encontró en redes sociales una publicación que ofrecía una carrocería. Junto a Enrique decidió comprarla y, desde entonces, el trabajo se volvió sistemático.

"Al conseguir esta pieza, que era clave, el proyecto tomó fuerza. Nos pusimos en serio. Muchos de estos autos los cortaban y los hacían utilitarios, las famosas 'chatitas', porque les colocaban una caja de madera y los usaban como camionetas. Nosotros tuvimos que adaptar la estructura y hacer un trabajo importante de chapa y reconstrucción", explicó.

La restauración excedió la mecánica. Al tratarse de un vehículo de casi un siglo, la estructura metálica estaba deteriorada por el paso del tiempo y la intemperie, y las piezas curvas de la carrocería, hechas en madera, también exigieron un trabajo especial.

Un rompecabezas de repuestos que llegaron de todo el país

Conseguir los repuestos fue uno de los mayores desafíos. Gerardo recurrió a grupos de Facebook, contactos y aficionados de distintos puntos del país. Algunas piezas llegaron desde Neuquén, otras desde Junín, en la provincia de Buenos Aires, y también desde Córdoba y Bahía Blanca.

"Fue todo un rejunte de partes. Siempre digo que, si bien era un auto de la familia, hubo que conseguir todo lo que faltaba y rearmarlo", contó a Iván Rodríguez. Entre los componentes recuperados aparecen el volante, la columna de dirección, el botón de la bocina, los vidrios originales y distintos elementos del tablero.

"Todo está marcado 'Made in USA Ford'. Todas las piezas están identificadas. Los vidrios dicen Ford y son originales, tienen 100 años, igual que este cromado", destacó mientras mostraba los detalles del vehículo.

El Ford T Touring tiene un motor de cuatro cilindros y 2.900 centímetros cúbicos. Su conducción es muy distinta a la de los autos actuales: dos marchas hacia adelante —una de baja y otra directa—, un pedal de freno y otro para la marcha atrás, además del acelerador y el avance al volante, conocido como los "bigotes".

La familia conservó la mayor cantidad posible de piezas originales, aunque algunas adaptaciones fueron inevitables. La bocina se adaptó a 12 voltios, se incorporó un alternador y se agregaron luces auxiliares.

El modelo Touring era uno de los más accesibles de su época y estaba pensado para los trabajadores. El Ford T fue presentado el 1 de octubre de 1908 en Estados Unidos por la Ford Motor Company y fue pionero en la producción en serie mediante una línea de montaje móvil. Se fabricaron más de 15 millones de unidades y su producción terminó a mediados de 1927. El ejemplar de los Acosta cumplió 100 años el 24 de febrero de 2026, según los registros de Ford.

El trabajo de toda una familia

Mariano estuvo a cargo de buena parte de los trabajos de chapa, pintura y mecánica. Gerardo coordinó el proyecto y consiguió los repuestos. Enrique aportó su experiencia entre los fierros y Gabriel Torres realizó el tapizado. Josefina, la hija de Mariano, también participó: con ayuda de su padre confeccionó los pequeños botones del vehículo.

"Ha trabajado toda la familia. Incluso Josefina, que hoy no está porque está en la escuela, hizo los botoncitos. Gabi le enseñó y los hizo ella", relató Gerardo, que destacó el nivel de detalle con el que Mariano encaró cada etapa.

"Por ahí yo le decía: 'Ya está, ya está listo', y él me respondía: 'No, acá le falta, acá le falta'. Es súper detallista", recordó entre risas.

Para Enrique, la recuperación del Ford T también es una historia de vida. Oriundo de La Guacha, recordó que en su casa siempre hubo un vehículo de ese modelo y que aprendió a manejarlo cuando tenía apenas 11 años.

"Papá siempre estuvo con el auto. El que hubo siempre en casa fue el Ford T. Nosotros somos oriundos de La Guacha y ya allá había uno. Yo manejé por primera vez un Ford T a los 11 años", contó.

Su vida estuvo atravesada por el trabajo en talleres y el contacto con los motores. También guardó un sueño de infancia: "Me hubiera gustado haber sido relator, sobre todo de automovilismo, de la época de antes".

Enrique recordó las tardes en las que recreaba carreras y narraba las competencias como si estuviera frente a un micrófono. "Como me sabía el nombre de todos los corredores que corrían en carretera, yo transmitía, decía el avión, el paso y los tiempos. Venían todos los gurises de la cuadra y yo relataba", evocó entre risas.

Trabajó en talleres y condujo colectivos durante una etapa de su trayectoria. "Yo arranqué con un galponcito chiquito de chapa y abajo de un árbol. Después fui haciendo la parte de atrás y así fuimos creciendo", relató sobre los comienzos del taller familiar, que con el tiempo se convirtió en un espacio de encuentro para las distintas generaciones.

La pasión por los fierros también llegó a los más chicos. Gerardo contó que Josefina, la cuarta generación vinculada al Ford T, pudo manejarlo dentro del taller, con los cuidados necesarios.

"Ella decía: 'Lo llevamos en la sangre'. Mi abuelo, mi papá, Mariano y yo somos la tercera generación, y Josefina es la cuarta. Nos criamos con esto. Algunas partes del Ford las usábamos para jugar con Mariano cuando éramos chicos", expresó.

Un auto que despierta recuerdos y junta historias

Para Gerardo, el verdadero valor del Ford T está en las emociones que despierta cada vez que sale a la calle. En redes sociales compartió un video conduciéndolo junto a su mamá y recibió numerosos mensajes de personas que recordaban los autos que habían tenido sus padres o abuelos.

"Yo siempre digo que no me gustaría tenerlo tapado y sacarlo solamente el 9 de Julio o los fines de semana. La idea es salir, dar una vuelta y disfrutarlo en familia", sostuvo.

El automóvil ya participó de encuentros de vehículos antiguos, donde despertó la curiosidad de grandes y chicos. Gerardo recordó especialmente la convocatoria que se generó en Concepción del Uruguay y en el Palacio San José.

"Los comentarios de la gente mayor son muy lindos. Te cuentan que su papá o su abuelo tenían uno, que se iban al campo en ese auto, y aparecen un montón de historias. En los chicos y en los jóvenes también genera curiosidad: preguntan qué auto es, cómo funciona. Es muy lindo lo que se genera", destacó.

Aunque el vehículo ya volvió a circular, todavía quedan detalles por completar, como terminar ciertos cromados y parte de la instalación eléctrica. El objetivo principal, de todos modos, está cumplido: recuperar una pieza de la historia familiar y ponerla otra vez en movimiento.

Enrique ya piensa en los próximos desafíos. En el taller hay otros proyectos pendientes, entre ellos un motor completamente reconstruido y más vehículos que esperan su turno. La falta de espacio es una de las dificultades para continuar, pero la pasión sigue intacta.

"Lo importante ahora es disfrutarlo, andar, salir, recorrer", resumió Gerardo. Un sueño que empezó cuando eran estudiantes, que se sostuvo a lo largo de los años y que hoy, con el Ford T nuevamente en marcha, se convirtió en una historia para contar y transmitir a los que vienen detrás.

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