¿Quiénes serán los cinco misioneros que viajarán a Buenos Aires para rezar junto al papa León XIV y qué lugar ocuparán en la Catedral?
El padre Gervasio Silva, rector del Seminario Diocesano Santo Cura de Ars, será uno de los referentes de los equipos sinodales que compartirán el rezo de vísperas con el papa León XIV en la Catedral Metropolitana de Buenos Aires. El encuentro está previsto para el lunes 9 de noviembre, en el marco de la visita del Pontífice a la Argentina.
En diálogo con FM 89.3 Santa María de las Misiones, el sacerdote explicó que la invitación se relaciona con su trabajo en un equipo de reflexión sobre la identidad de la Iglesia, dentro del Sínodo de la Sinodalidad. En un principio el Papa iba a rezar solo con los obispos, pero después se resolvió sumar a integrantes de los equipos sinodales de las distintas diócesis.
Quiénes viajan desde Misiones
Silva no viajará solo. Lo acompañarán los presbíteros Leandro y Bruno, y los laicos Luciano y Natalia. En total serán cinco misioneros que saldrán el domingo de madrugada desde la provincia en vehículos del Seminario.
La delegación partirá alrededor de las 4 y se alojará cerca del Monumento a los Españoles. El lunes por la mañana permanecerán en ese lugar y por la tarde se trasladarán a la Catedral para la oración de vísperas junto al Papa. El martes tienen previsto sumarse a la vigilia de los jóvenes en el mismo monumento: como los menores de 30 años tendrían prioridad para ubicarse cerca del Pontífice, algunos del grupo podrían quedar más lejos. El regreso a Misiones está previsto para el miércoles temprano, sin paso por Luján.
Qué es la oración de vísperas
Se trata de una práctica litúrgica que se sostiene desde hace siglos y forma parte de la liturgia de las horas, con la que los sacerdotes mantienen momentos de encuentro con Dios a lo largo del día. Incluye salmos, fragmentos de la Palabra de Dios y otras oraciones. Silva señaló que tanto los sacerdotes como los seminaristas la rezan a diario, por lo que hacerlo junto al Papa tendrá un significado especial para el grupo.
Una Iglesia que no deje a nadie afuera
Al explicar el sentido de la reflexión sinodal, el rector definió la sinodalidad como la posibilidad de caminar juntos, reconocerse hermanos y trabajar para que ninguna persona quede excluida. El desafío, dijo, es integrar a todos más allá de sus creencias o de su vínculo con la institución religiosa. En esa línea destacó el lema de bienvenida al Papa, que no apunta solo a los católicos sino también a evangélicos, ateos y personas de distintas convicciones.
Consultado sobre el contexto argentino, consideró que la llegada de León XIV es una oportunidad para transmitir un mensaje de unidad y paz. Espera que el Pontífice invite a recuperar el diálogo, el perdón y la reconciliación para superar divisiones que, a su entender, dificultan construir un proyecto común como nación.
Silva advirtió que dar por imposible la unidad implicaría resignarse a un escenario cada vez más desigual, donde algunos crecen a costa de otros, sobre todo de quienes atraviesan la pobreza. Planteó avanzar hacia una sociedad donde nadie quede excluido, se respete la dignidad de todos y las oportunidades no dependan de la vestimenta ni de la condición social.
También aclaró que no espera que el Papa intervenga en la política argentina ni que confronte con dirigentes. Según su mirada, León XIV transmitirá un mensaje centrado en la luz, el amor y las enseñanzas de Jesús, aunque esas palabras puedan interpelar a quienes encuentren en ellas aspectos de la realidad que necesitan cambiar.
La huella de Francisco
El sacerdote se refirió a las similitudes entre el actual Pontífice y Francisco, a quien conoció personalmente en tres encuentros durante su estadía en Roma, cuando estudiaba allí y se produjo la elección del Papa argentino. Para Silva, León XIV continúa un camino que no pertenece a una figura individual sino a un proceso más amplio de la Iglesia, marcado por el Concilio Vaticano II. Ambos, explicó, se formaron dentro de esa renovación eclesial y eso se expresa en sus pontificados.
Consideró que los dos comparten una manera de anunciar el Evangelio que prioriza la enseñanza de Jesús y el mensaje de su amor antes que concentrarse en confrontar lo que consideran equivocado.
Sobre la ausencia de Francisco en la Argentina durante su pontificado, reconoció que generó desconcierto y tristeza entre los fieles. Sostuvo que no se conocen con certeza los motivos y que existen distintas interpretaciones. Prefiere pensar que priorizó los lugares que, según su criterio, necesitaban más su presencia, como una madre con varios hijos que dedica más atención al que atraviesa mayor dificultad. Recordó que una de las primeras visitas de Francisco fue a Lampedusa, donde se había producido un naufragio con numerosas víctimas.
Misiones, entre la cercanía y la pobreza
Si pudiera hablar unos minutos con León XIV sobre la provincia, Silva le transmitiría su valoración de la identidad misionera: una comunidad donde todavía se conserva la cercanía entre vecinos, la cultura del saludo cotidiano y una presencia natural de la fe en distintos ámbitos de la vida social.
Al mismo tiempo, expresó su preocupación por la pobreza que atraviesa Misiones. Consideró que la provincia puede crecer si los distintos actores sociales trabajan de manera conjunta para acompañar a quienes más necesitan ayuda. En ese sentido, cuestionó las situaciones en las que, según planteó, se termina hostigando a las personas pobres que buscan alternativas para subsistir en lugar de generar condiciones para salir adelante.
Durante la entrevista también se refirió a la fortaleza física que observa en León XIV tras la intervención médica que atravesó antes de la visita. Desde su mirada religiosa, esa recuperación puede entenderse desde la gracia de Dios, que asiste y fortalece a quienes tienen una misión que cumplir. A la vez, reconoció la vitalidad del Papa y los cuidados personales que sostienen su actividad.
Con expectativa por el encuentro, Silva destacó que la visita representa una oportunidad para renovar la esperanza y promover una sociedad más fraterna. Para él, el desafío no se limita a compartir una celebración religiosa: implica asumir el compromiso de construir una comunidad en la que todos puedan reconocerse como hermanos y nadie quede al margen.

