Un andinista subió a la cordillera de Mendoza y encontró algo que nadie había registrado jamás
Un andinista recorría la alta montaña de Mendoza cuando se topó con unas pircas que seguían un patrón imposible de ignorar. Lo que encontró podría reescribir más de un siglo de arqueología provincial.
Lo que empezó como una salida de montaña terminó destapando un hallazgo sin registro en la arqueología mendocina. A fines de 2025, el andinista Carlos Gobbi recorría la zona cordillerana del Tigre, a más de 3.000 metros de altura, cuando se topó con unas pircas de piedra que seguían un patrón y formaban una estructura de dimensiones y forma poco habituales.
Gobbi no era un visitante cualquiera: integra el equipo de investigación que desde hacía tiempo trabaja en esa zona por su valor patrimonial. Al ver lo que tenía adelante, dio aviso a sus colegas y así nació ArqueoAndes, el proyecto que buscará explicar qué es esa construcción.
Una estructura que no tiene comparación en la provincia
La directora del proyecto, Cristina Prieto-Olavarría, investigadora del IANIGLA (CONICET), no dudó al describir lo que vieron cuando analizaron las imágenes satelitales y las fotos tomadas por Gobbi.
“Cuando vimos las imágenes, tanto satelitales como las que Carlos (Gobbi) obtuvo, nos dimos cuenta de que las dimensiones y la forma de la estructura eran muy complejas y no registramos, al menos en Mendoza, nada parecido”, reveló a Sitio Andino.
El equipo ya inició una amplia revisión bibliográfica, de relatos y de todos los registros posibles vinculados al monumento de piedra. No existe, hasta ahora, nada que se le parezca.
Las hipótesis que manejan los arqueólogos
El codirector del proyecto, Horacio Chiavazza, explicó que hay dos líneas fuertes de trabajo. Por un lado, la forma de la estructura podría corresponder a un geoglifo vinculado al arte rupestre; por otro, a un centro ceremonial utilizado por los incas.
“Barajamos distintas hipótesis y todas como modo de plantear preguntas que después las corroboramos por medio de investigaciones, que suponen excavaciones arqueológicas y análisis de los materiales que se recuperan”, afirmó.
Pero la incógnita no es solo qué función cumplía. También habrá que determinar su antigüedad y a qué período histórico corresponde, porque existe la posibilidad de que sea muy anterior a la civilización inca, tomada como referencia por la ubicación de la estructura en la zona meridional del Tawantinsuyu.
Incluso se analiza cómo pudo haber convivido con los tiempos coloniales y el tránsito de los arrieros. Para eso será clave realizar un relevamiento planimétrico de la arquitectura, analizar los objetos que puedan existir alrededor, determinar cómo fue construida y llevar adelante excavaciones microestratigráficas.
Por ahora, todo se mueve en terreno hipotético: el equipo se guía por la aproximación que hizo Gobbi en una primera visita y por las imágenes satelitales.
¿Tiene relación con los geoglifos de Nazca?
Los dibujos y trazos geométricos grabados en el desierto de Ica, Perú, que datan de antes de Cristo, muestran cierta familiaridad con la estructura hallada en Mendoza. Para Prieto-Olavarría, esa puede ser una hipótesis fuerte, pero no hay ninguna certeza.
“Tiene que ser contrastada desde una perspectiva metodológica y con una interpretación desde la perspectiva científica y también tomando información tanto histórica como, por ejemplo, de crónicas de la primera parte de la conquista que dan mucha información sobre actividades y lugares en medio de los Andes”, sostuvo.
Chiavazza agregó que la referencia a Nazca también obliga a pensar en la extensión del Tawantinsuyu, en cuyo extremo sur de la cordillera de los Andes se ubica la estructura. Si se tratara de un geoglifo como los peruanos, para Mendoza sería un hallazgo histórico.
“Si fuera de períodos anteriores, sería muy significativo porque estaría dando pautas de ciertas conductas que se repiten a lo largo del área andina, aunque de modo discontinuo en distintos sectores”, sumó.
Un operativo internacional en el verano de 2027
Las expectativas están puestas en el verano de 2027, cuando los trabajos de exploración e investigación se desarrollen a pleno. ArqueoAndes no será el único equipo presente: habrá un trabajo interdisciplinario entre el Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (IANIGLA) y el Grupo Historia Ambiental del CONICET, y el Laboratorio de Arqueología Histórica y Etnohistoria del Instituto de Arqueología y Etnología de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCuyo.
A eso se suma la colaboración internacional de la Universidad de Jaén, de España, cuyos especialistas trabajarán en geoarqueología y arqueología del paisaje, además de aportar conocimientos metodológicos y tecnológicos.
“La idea es tener una ventana de 10 días como máximo, entre principios y mediados de abril, para poder acceder al sitio de acuerdo con toda la tecnología que vamos a llevar para trabajar”, reveló Chiavazza.
El financiamiento es uno de los frentes abiertos. La logística de la expedición es muy costosa porque se trata de una zona alejada de cualquier fuente de agua. Hoy cuentan con fondos de la Secretaría de Investigación de la Universidad Nacional de Cuyo (SIIP) y de proyectos PIP del CONICET, pero el presupuesto es elevado y los recursos, limitados. Por eso el grupo trabaja con distintas prestadoras y busca apoyo económico de la provincia, la Nación o cualquier alternativa.
“Tratamos de indagar si, en términos de la provincia, Nación o de distintas alternativas, podemos conseguir apoyo económico porque es una campaña muy costosa”, dice Horacio.
“Es conmovedor e impactante”
A meses de iniciar la campaña, Cristina y Horacio comparten la misma pasión por la ciencia, la arqueología y el descubrimiento. Ambos están especializados en arqueología andina y cuentan con amplia experiencia en arquitectura.
“Ir siempre a todos los hallazgos y todas nuestras campañas y nuestros proyectos nos apasionan, es como la energía que necesitamos para seguir adelante y con ganas”, revela la directora de ArqueoAndes.
Para Chiavazza, el hallazgo representa aquello para lo que se preparó como arqueólogo: “Representa un hallazgo y una posibilidad de trabajo que, desde mi perspectiva, constituye una bisagra en lo que es la interpretación de la forma de pensar el territorio en tiempo prehispánico”.
Frente a la posibilidad de conocer nuevos sistemas de creencias, modos de vida domésticos o cosmovisiones antiguas, el especialista espera que el hallazgo ofrezca un correlato sobre la presencia de las comunidades originarias en Mendoza y su relación sagrada con las montañas.
“Es muy conmovedor e impactante para las concepciones con las que venimos trabajando”, finaliza.
Ver esta publicación en InstagramUna publicación compartida por Diario Digital Sitio Andino (@sitioandinomza)