Tucumán llevó sus vinos a Italia y un enólogo uzbeko no lo podía creer
La vitivinicultura tucumana se metió en la elite del movimiento Slow Food y dejó a más de un especialista con la boca abierta. El objetivo que ahora empuja la provincia puede cambiarle el lugar a los productores de Amaicha y Colalao en el mapa del vino.
La referente de la Ruta del Vino de Altura, Ana Cristina Nores, fue la única becaria argentina en el programa de la Fundación Negroni y presentó vinos tucumanos en Torino. La experiencia abrió la puerta para que la provincia avance en su incorporación al movimiento Slow Wine.
Tucumán dijo presente en Terra Madre, el encuentro internacional más importante del movimiento Slow Food, que durante cuatro jornadas ocupó distintos espacios de la ciudad italiana de Torino con charlas, actividades y propuestas vinculadas a la producción responsable y al respeto por los territorios.
En ese marco, Ana Cristina Nores, referente de la Ruta del Vino de Altura de Tucumán, participó como única becaria argentina del programa de formación impulsado por la Fundación Negroni, que se desarrolló a lo largo de los cuatro días del evento. La propuesta reunió a 18 participantes de distintos países, todos vinculados al trabajo con pequeños productores y a una filosofía basada en la calidad, el respeto por la biodiversidad y el impacto positivo en las comunidades.
El momento que sorprendió a los especialistas
Uno de los pasajes más destacados de la experiencia fue la presentación de vinos tucumanos en la Piazza San Carlo, uno de los espacios donde se desarrolló Terra Madre. A través de esa acción, la producción vitivinícola de la provincia llegó a especialistas y referentes de distintos lugares del mundo.
La degustación coincidió con el cierre del programa de formación de Negroni y sirvió como espacio de celebración en torno a los vinos tucumanos, que fueron valorados positivamente por los participantes y especialistas presentes.
Entre las devoluciones recibidas se destacó especialmente la del enólogo uzbeko Sergei Danilov, quien manifestó su sorpresa al degustar los vinos tucumanos y señaló que se encontraba ante una propuesta diferente a lo que había probado anteriormente.
Un perfil vitivinícola distinto dentro de Argentina
La experiencia también significó una oportunidad para dar a conocer un perfil vitivinícola diferente dentro de Argentina y poner en valor la producción de Amaicha y Colalao del Valle, destacando la relación entre las distintas cepas y las características particulares del territorio.
Durante la experiencia, Nores compartió con participantes de América Latina, el Caribe, África y Europa, generando vínculos e intercambios que permitieron mostrar a Tucumán como un territorio vitivinícola con identidad propia.
En este sentido, uno de los principales objetivos hacia adelante es avanzar en la incorporación de los vinos de Tucumán al movimiento Slow Wine, fortaleciendo su vínculo con una filosofía que reconoce el trabajo de los productores, el respeto por la biodiversidad y el entramado social y cultural que existe detrás de cada producto.
La participación en Terra Madre permitió así abrir nuevas puertas para la vitivinicultura tucumana y reforzar el desafío de seguir construyendo una identidad propia, basada en las particularidades del territorio y en una producción que encuentra en su origen uno de sus principales valores.