Tres robos en dos meses a la misma panadería: el dueño salió con una escoba y lo reconoció en la calle

Una panadería de Paraná con más de 50 años de historia recibió a un cliente que, en realidad, venía a otra cosa. Cuando la esposa del dueño quedó sola detrás del mostrador, todo se descontroló y el hombre terminó persiguiéndolo con una escoba por la calle.

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Tres robos en dos meses a la misma panadería: el dueño salió con una escoba y lo reconoció en la calle
Tres robos en dos meses a la misma panadería: el dueño salió con una escoba y lo reconoció en la calle

La panadería El Nuevo Cóndor, un clásico de Paraná con más de medio siglo de historia, volvió a ser blanco de la inseguridad. Es el tercer robo que sufre el comercio en apenas dos meses y el último episodio, ocurrido este martes, dejó a la esposa del propietario con una crisis nerviosa tras ser amenazada con lo que ella creyó que era un arma de fuego.

El local está en Garrigó y Albariño, a metros de avenida Provincias Unidas. Pablo Ávalos, responsable del establecimiento, contó a Elonce cómo se desarrolló el asalto y la reacción que tuvo al escuchar los gritos de su mujer.

“Ingresó una persona a comprar”

El relato del dueño describe una maniobra rápida y calculada. “Ingresó una persona a comprar. Dio la vuelta del mostrador, le apuntó con un arma, le sustrajo un celular, la plata de la caja y la hizo ingresar al fondo. Allí tomó su mochila”, detalló Ávalos.

El asaltante simuló ser un cliente más antes de revelar sus intenciones. Cuando la mujer quedó reducida en la parte trasera del local, el delincuente tomó lo que pudo y se dispuso a huir.

La reacción del panadero

Ávalos escuchó el llanto de su esposa y no dudó. “La escuché llorar y salí. Ella gritaba: ‘Dejalo que tiene un arma’. Me le fui encima, agarré una escoba, pero salió rápido y me cerró la puerta”, recordó.

Lejos de quedarse quieto, el comerciante persiguió al sospechoso hasta la esquina. “Le tiré con la escoba, le pegué en la espalda, pero salió corriendo. Después escuché llorar a mi señora. Unas vecinas la tenían medio desvanecida. No sabía si le había hecho algo con el arma”, contó.

Recién cuando comprobó que su esposa estaba fuera de peligro, Ávalos decidió recorrer las inmediaciones para intentar ubicar al responsable. Según su testimonio, los propios vecinos le aportaron datos que le permitieron identificar una vivienda donde podría estar el presunto autor.

Mochila recuperada y un arma de juguete

El comerciante aseguró que acompañó a los efectivos de la Comisaría Tercera hasta el domicilio señalado. “Me dijeron que habían recuperado la mochila. Cuando pregunté dónde la encontraron, me respondieron que estaba tirada en el fondo de la casa de este tipo”, sostuvo.

Los agentes también hallaron prendas de vestir que coincidían con la descripción del asaltante. Más tarde, Ávalos se enteró de un dato que terminó de explicar la reacción de su esposa: el arma con la que la amenazaron era de juguete. Aun así, remarcó que la mujer quedó profundamente afectada porque durante todo el episodio creyó que se trataba de un arma real.

El dueño no ocultó su malestar por el accionar judicial. “Saben el nombre, encontraron las cosas en su casa, yo los llevé hasta ahí y va a quedar imputado en una causa, pero no va a pasar más nada”, manifestó.

“Te da una sensación de impotencia”

La indignación de Ávalos no se limita a este último robo. Según contó, la semana anterior su yerno también había sido víctima de un robo, y en el comercio acumulan tres episodios en dos meses.

“Te da una sensación de impotencia porque sabemos quién fue, sabemos el nombre, la Policía sabe quién fue”, expresó el comerciante.

También mencionó situaciones anteriores vinculadas a personas que frecuentaban el negocio por su relación con un exempleado. De acuerdo con su relato, vecinos le habían advertido sobre movimientos sospechosos después de revisar imágenes de cámaras de seguridad.

Más de 50 años de historia

El Nuevo Cóndor es un comercio tradicional del barrio. Ávalos empezó trabajando como empleado y con el tiempo asumió la administración del establecimiento, que alquila desde hace más de dos años.

“Yo era empleado de la panadería. Después la tomamos en sociedad con un compañero, que abrió su panadería en otro lado, y yo seguí acá”, explicó.

Pese al contexto, el panadero destacó el esfuerzo diario para sostener la actividad y ofrecer precios accesibles. “Tratamos de prestar un servicio a la sociedad. Somos todos trabajadores y el pan acá está económico. No intentamos hacernos ricos”, concluyó.

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