Tres pibes de 14 años y una foto: lo que hicieron con la IA que ahora preocupa a los expertos
¿Qué encontraron en la escuela de Concordia que encendió todas las alarmas sobre el uso de la IA entre los más chicos? La respuesta incomoda a más de una familia.
Un estudio de la UADE y la Asociación Educar puso el foco en una realidad incómoda: los filtros de seguridad de las herramientas de inteligencia artificial son fáciles de burlar y los adolescentes no alcanzan a dimensionar los riesgos. El doctor en psicología Santiago Resett dialogó con UNO y explicó por qué el problema excede a la tecnología.
El contexto no es abstracto. En una escuela agrotécnica de Concordia, tres adolescentes de 14 años manipularon fotografías de sus compañeras con IA para simular desnudez parcial. En Catamarca, en paralelo, se viralizó un video en el que una estudiante del Colegio Pía contaba sin remordimientos cómo humilló físicamente a una compañera durante el viaje de egresados a Bariloche; la víctima ya había sufrido antes la difusión no consentida de material íntimo de contenido sexual.
Los dos episodios, recientes y mediáticos, volvieron a mostrar la urgencia de abordar la violencia digital y el ciberacoso tanto en la escuela como en la casa.
La falsa impunidad de la pantalla
Para Resett, docente de la Universidad Argentina de la Empresa, el origen del problema está en el acceso temprano y sin control. "El problema en los menores de edad se debe a su introducción a edades tempranas y sin ningún tipo de control o supervisión por parte de las familias", sostuvo.
El especialista advirtió que muchos adultos desconocen o minimizan los peligros del entorno virtual. Sobre las herramientas generativas, fue claro: "En el caso de la IA esta es una herramienta con gran potencialidad y utilidad, pero usada sin criterio, como cualquier herramienta, puede generar consecuencias negativas".
Entre los riesgos que enumeró aparecen la manipulación no consentida de imágenes de desnudez y la creación de noticias falsas. En ambos casos, recordó que los filtros de seguridad de las plataformas resultan muy vulnerables.
El psicólogo también apuntó a una distorsión ética. "Algo que sucede en el caso de internet o redes sociales es que las personas (no solamente los menores de edad) creen que es un espacio separado de la realidad y sin consecuencias legales, sociales o psicológicas: ahí vale todo", señaló.
La inmadurez y la impulsividad juvenil agravan el cuadro: los chicos no logran medir el alcance real de la viralización ni el daño que le provocan a otros.
Delegar la cabeza al celular
El impacto no queda solo en el terreno social. Resett alertó sobre el cognitive offloading o delegación cognitiva, un fenómeno que también atraviesa el aula. "Es una delegación cognitiva que el problema que conlleva es que resuelven la tarea, pero no aprenden", explicó.
La diferencia está entre la destreza técnica y el juicio crítico: "Un menor de edad puede ser muy bueno manejando tecnológicamente el celular, conocer lo que es un prompt, usar IA generativa, etc., pero no tiene en cuenta que una foto subida a internet luego es casi imposible de eliminar".
En el horario de clase, el celular tampoco ayuda. Para el docente, "el celular dentro del aula es un poderoso distractor", y por eso reclamó un debate serio, basado en evidencia científica, que fije lineamientos claros sobre su regulación pedagógica en el ámbito nacional y provincial.
Educación digital: la materia que falta
Con el ciberbullying y las apuestas en línea como problemas acumulados, el psicólogo cuestionó la inacción de las políticas públicas: "¿Así como hay educación sexual integral en las escuelas, por qué no hay educación digital?".
Para él hace falta una acción coordinada entre el Estado, las instituciones educativas y los padres. En el hogar, las recomendaciones son concretas: postergar la entrega del primer smartphone con internet hasta los 10 u 11 años, limitar las pantallas antes de dormir y durante las comidas, y sostener un diálogo sincero y continuo.
"Acá no se trata de discursos moralistas, sino de sentarse con el menor y hablar de consecuencias reales que inviten a la reflexión", enfatizó Resett. Y cerró: "Aunque las nuevas tecnologías implican un desafío, la cuestión no es prohibirlas, pero sí enseñar a convivir con ellas en un mundo cada vez más desafiante".