Tres mujeres descubrieron que sus partidas llevaban la firma de una partera que ya pisa los 90
Una partera de barrio Parque firmó las partidas de nacimiento de tres mujeres que hoy buscan su identidad. Una de ellas lo descubrió por una frase casual de su madre en pleno 11-S. Ahora la Justicia la procesó, pero ella no responde.
El Juzgado Federal Nº3 de Rosario procesó el 3 de agosto de 2026 a Olga Concepción Artale de Silva, una partera de barrio Parque, por alteración y supresión de la identidad de tres mujeres: Ana, Paola y Romina. La causa, que también investiga un cuarto caso aún incipiente, expone un entramado de partidas de nacimiento apócrifas firmadas por la acusada entre 1976 y 1982.
Las tres llegaron a los brazos de sus familias adoptivas en invierno, sin ropa, con el cordón umbilical y en un estado de salud delicado. No fueron adoptadas: fueron apropiadas. Sus partidas de nacimiento llevaban la firma de Artale de Silva, un nombre que en su momento no les llamó la atención pero que con el tiempo se volvió la pieza clave de sus búsquedas.
El procesamiento y las pruebas
Según la notificación de la fiscalía a cargo de Hernán Flores, a la que accedió La Capital, Artale de Silva firmó partidas de nacimiento apócrifas, algo penado por los artículos 292 y 293 del Código Penal, y cometió el delito de alteración y supresión de identidad de menores de 10 años, encuadrado en el artículo 139 del mismo cuerpo legal.
La fiscalía aseguró que el accionar de la partera no se trató de un descuido administrativo: utilizó documentos públicos "para dotar de apariencia de legalidad a una filiación falsa". A pesar del procesamiento, la Justicia dispuso que Artale de Silva siga en libertad.
Las denuncias se sostienen en declaraciones de familiares, amigos y de las propias víctimas, además de resultados de ADN negativos y otras pruebas. La causa recayó en los juzgados federales de Rosario.
Ana: una entrega sin ropa y con 1,6 kilo
Ana Carolina Alzugaray creció en Maciel y siempre supo que sus padres eran "del corazón". Lo naturalizó hasta la adolescencia, cuando los cuestionamientos propios de esa etapa la llevaron a preguntarse por sus orígenes sin alejarse de su núcleo familiar. "Muchos casos sienten que son ingratos con sus padres", remarcó a La Capital.
Sus padres de crianza, José Alzugaray y Clorinda Ceresole, buscaban adoptar un hijo y se cruzaron con Susana Artale, hermana de Olga, que oficiaba de intermediaria entre mujeres embarazadas y personas que quisieran adoptar. El 11 de junio de 1981 la pareja fue convocada a Richieri 2030, en barrio Parque de Rosario, y recibió sorprendida a una beba: Ana. "Me contaron que me entregaron desnuda y pesaba 1,6 kilo", declaró ante la Justicia.
Más tarde, José llamó a Olga para preguntar por los orígenes de los progenitores de Ana y la partera cortó la comunicación. Ana comenzó a preguntar y su círculo íntimo no tenía respuestas. Un último llamado a Olga, hace más de diez años, fue el último intento de José, con quien Ana tenía una relación "divina". En su última esperanza, decidió publicar su historia en Facebook.
Ana tuvo que habilitar la exhumación de los cuerpos de sus padres para poder tomar la prueba de ADN que confirmó que fue apropiada. Eso demoró su denuncia unos seis meses. Su ADN tampoco estaba en la base de datos de Abuelas de Plaza de Mayo, aunque se esperanza con que esos registros se actualizan constantemente.
Paola: la revelación en medio del 11-S
Paola Andrea Gianmaría tiene 50 años. Según su DNI, nació el 31 de julio de 1976, pero ella festeja su cumpleaños el 8 de agosto "porque ese día llegué a mi familia".
En septiembre de 2001, Paola era vendedora y llevaba una vida normal. La televisión mostraba una y otra vez el impacto de los aviones contra las Torres Gemelas. Ese día llegó a la casa de su madre y le comentó que había hecho una buena venta a un abuelo que celebraba la llegada de tres nietas adoptivas. "Claro, igual que vos", le dijo la madre sin pensarlo. El cimbronazo fue total. "Papá traía cosas y un día te trajo a vos", agregó. Paola quedó atónita.
Hasta entonces no había dudado de su identidad, pero reconocía que se sentía extraña: no podía abrir placares ni puertas sin permiso, no tenía acceso a fotos ni a documentos de su infancia. En su casa de barrio Alberdi vivía sola con sus padres. Con la noticia fresca, comenzó a buscar respuestas.
En Abuelas de Plaza de Mayo le dijeron que su ADN no era compatible con la base de datos. Su abuela paterna le dio la mayor cantidad de datos: llegó el 8 de agosto, de noche, la fueron a buscar a la zona del bajo en Rosario y había costado "lo que un departamento vale". Pidió su partida de nacimiento en el registro civil y leyó: "Olga Artale de Silva". En ese momento no le dio importancia.
La infancia de Paola estuvo marcada por la época. Su familia administraba agencias de lotería que, al cerrar, abrían la puerta al juego clandestino. "Tengo recuerdos de ver las botas de policías o militares en la agencia. Iban a jugar al póker. Mi bautismo fue en el Círculo de la Marina y solíamos ir a pescar a la Fábrica Militar de Fray Luis Beltrán. Mi familia iba a las fiestas de la Fábrica de Armas en la zona sur", relató.
A mediados de 2024, Paola decidió contar su historia para llegar a más personas y encontrar algún dato sobre sus orígenes. Dos años después se enteró de que Olga Artale estaba detrás de su apropiación. "Quiero que salga a la luz. Hay gente que ni siquiera sabe lo que pasó en su vida. Solo los que nos arrebataron la identidad sabemos lo que es pasar por eso. Uno busca su rostro en otros porque yo no me parezco a nadie de mi familia y a mí el médico me pregunta antecedentes familiares y no puedo responder", expresó.
Romina: la verdad que siempre intuyó
Romina Elisabet Lobos nunca se sintió cómoda en su familia. Se sentía distinta. Aunque le daba importancia, nunca imaginó el desenlace. Recién a los 30 años comenzó a cuestionarse su identidad. Algo daba vueltas en su cabeza, pero no fue hasta los 37 que parte de su familia de crianza se lo contó en una reunión orquestada para esa revelación.
Entre sus primeros cuestionamientos mencionó la falta de fotos de su madre embarazada. Romina preguntó, pero su madre de crianza, Esther Candusso, lo negaba, y su padre de crianza, José Lobos, ya había fallecido.
Parte de su familia la convocó en mayo de 2022 y le contó toda la verdad. Para esa época, Candusso ya había sido diagnosticada con demencia y permanecía en un geriátrico. Las primas le confesaron a Romina que siempre lo supieron, pero que era un tema cerrado en el núcleo familiar. Años antes habían intentado que Esther se lo dijera, pero la mujer se negaba rotundamente y hasta amenazó con autolesionarse si Romina se enteraba.
Romina tomó la noticia con entereza y, al llegar a su casa, comenzó a averiguar. Llamó de inmediato a su mejor amiga, María Eugenia, que también sabía, y juntas empezaron a investigar por teléfono. Fue María Eugenia quien encontró la publicación de Facebook de Ana.
Romina no dudó en contactarla y coordinaron un encuentro. En poco tiempo entendieron que habían atravesado la misma situación y desde hace cuatro años comenzaron el sinuoso camino de la Justicia. Por la misma red social, Romina leyó la historia de Paola, publicada en Facebook en 2024, y cuando encontró el nombre de Olga Artale de Silva la contactó de inmediato.
Romina confirmó que no era hija de sus padres el día en que falleció Candusso. Horas antes del entierro de su mamá de crianza, tuvo que permitir la extracción de sangre y la prueba de ADN. Ella sabía que era negativo, pero la Justicia lo solicitaba.
El historial de Olga, la partera
La Capital accedió a los registros de actividad de Olga Artale. Tiene registros en los sanatorios Plaza y Rosendo García, además de varios nosocomios públicos: de 1973 a 1976 en el hospital Provincial, de 1992 a 2001 en el Samco de San Lorenzo, de 1994 a 2001 en el hospital de Cañada de Gómez y desde 2002 hasta su jubilación en 2011 en el hospital de Casilda.
Lo llamativo es el agujero negro entre 1976 y 1992. Según Anses, presentó aportes entre julio de 1978 y mayo de 1991 en Ospim, la obra social de la industria maderera en San Nicolás. Sin embargo, tanto la obra social como el Colegio de Médicos de Buenos Aires niegan actividad alguna en sus registros de aquella época. En 1981 entregó a Ana, en 1982 a Romina y en 1976 a Paola, que hoy reside en Córdoba. Existe un cuarto caso, aún más incipiente y en estudio.
Olga nunca reconoció sus actos. Los padres de Ana la contactaron y no respondió. Hace diez años, su hermana Susana dijo que Olga padecía demencia. La Justicia la llamó a declarar y desconoció todo. Con la denuncia sobre sus espaldas, en 2025 presentó un recurso para declararse inimputable: un certificado médico explicaba que se había golpeado la cabeza, que se había olvidado de todo y que presentaba signos de demencia.
Ni las víctimas ni la abogada que las representa, Julia Giordana, fueron notificadas de que la habían declarado insana. Romina y Ana lucharon por dar vuelta esa prueba médica y lo lograron, por eso la Justicia llegó a procesarla.
De todas formas, la partera ya jubilada no pudo ser notificada de los delitos que se le imputan porque no respondía a los llamados de los funcionarios judiciales que la visitaban en su casa del centro de Rosario. Incluso llegó a mudarse para no enfrentar las consecuencias.
El próximo paso de Giordana es pedir la detención de la mujer, que pisa los 90 años. Aunque sea domiciliaria, permitirá que Olga enfrente a la Justicia y responda por los casos de supresión de identidad por primera vez en su vida.
Ana, Paola y Romina, por su parte, instan a quien pueda aportar información: "Si alguien ve en su partida el nombre de Olga Artale de Silva u Olga A. de Silva y duda de su identidad, pueden contactarnos".