Tres décadas de esterillado: la artesana catamarqueña que rescata muebles y memorias
Detrás de cada silla restaurada hay una historia familiar que vuelve a la vida. Roxana Sánchez encontró en el esterillado una forma de conservar recuerdos, pero también de crear piezas únicas. ¿Cuál es el secreto de una técnica que resiste a la industria?
Roxana Sánchez lleva más de 30 años dedicada al esterillado, una técnica artesanal que aprendió a los 18 y que hoy comparte con sus hijas. Su taller en Catamarca no solo restaura muebles antiguos, sino que también crea diseños propios para mantener vivo un oficio que considera ancestral.
“Empecé a los 18 años y desde ese momento no lo dejé más. Puedo decir que vivo de esta técnica hasta la actualidad”, contó Roxana en diálogo con INFORAMA. Su historia está atravesada por una preocupación: que esta técnica no termine desapareciendo frente a los métodos industriales.
Mucho más que una silla vieja
Para quienes crecieron viendo las clásicas mecedoras de las abuelas, el esterillado es esa trama geométrica que aparece en asientos y respaldos. La técnica consiste en entrelazar manualmente fibras para formar una trama que queda fijada directamente sobre la estructura del mueble.
En el caso del esterillado francés tradicional, las fibras atraviesan los orificios del bastidor y se van cruzando hasta construir el patrón característico. Roxana trabaja principalmente con esta técnica y explica que la fibra debe prepararse antes de comenzar: “Cuando la ponés en agua caliente empieza a tener una flexibilidad”.
El trabajo puede extenderse durante horas y exige seguir una secuencia precisa: son seis pasos y un cierre final. “Esto necesita muchísima paciencia”, resumió.
De restaurar muebles a crear diseños propios
Roxana comenzó vinculada a la restauración de muebles, donde aprendió tapizado, lustre a muñeca, dorado a la hoja y, necesariamente, esterillado. “En la misma restauración, la técnica tiene que estar sí o sí”, explicó.
Muchos de los muebles antiguos que llegan a su taller necesitan conservar su diseño original. Pero Roxana entendió que restaurar no alcanzaba: si los muebles antiguos desaparecían, también podía desaparecer el oficio. Por eso empezó a desarrollar sus propios diseños. “Es la manera que encontré de que la técnica siga creciendo en cada casa”, contó.
Entre sus creaciones se destaca un sillón de meditación completamente diseñado por ella, realizado con fibra vegetal y construido a partir de perforaciones. También creó una hamaca o columpio utilizando esterillado, que presentó en el Centro Cultural Borja.
Un oficio que pelea contra la industria
La competencia no es sencilla: la industria permite conseguir paños de esterilla ya preparados que se colocan en mucho menos tiempo. “No podemos competir con la industria”, reconoce Roxana. Pero su respuesta es seguir haciendo las cosas de manera artesanal, mostrando que el tejido puede realizarse directamente sobre el mueble.
Para Roxana, conservar la técnica significa dejar abierta la posibilidad de que alguien pueda continuar el trabajo en el futuro. “El día de mañana, otro esterillador va a poder seguir conservando la pieza”, explicó.
Una fibra que llega desde lejos
Hasta los materiales cuentan una parte de esta historia. La fibra vegetal que utiliza no se produce actualmente en Argentina y debe llegar desde Indonesia. Esa dependencia del material fue uno de los factores que dificultaron la continuidad del oficio. En algunos trabajos también utiliza fibra sintética, según el presupuesto del cliente.
Cuando una silla vale mucho más que una silla
Hay muebles que no llegan al taller por su precio, sino por lo que representan. Roxana cuenta que muchas veces recibe mecedoras y sillas que pertenecieron a madres, padres o abuelas, algunas incluso desde otras provincias. “Para otros dirían: ‘sí, pero es una silla’. Pero para ellos no es tan solo una silla, es la silla de su mamá, de su papá, de su abuela”, relató.
Ese momento en que el cliente vuelve a ver el mueble restaurado es, para ella, una de las partes más importantes de su trabajo. “Les devolví un poco de ellos, de los recuerdos de ellos”, dijo. Ahí el oficio deja de ser solamente restauración: se convierte en una forma de recuperar una parte de una historia familiar.