Tres alumnas de Bariloche crearon un videojuego con el Nahuelito y la rompieron en Buenos Aires
Una parodia del Nahuelito que se queja de los baches y las escaleras de Bariloche fue la idea que llevó a tres alumnas del Don Bosco a la final nacional de programación. Lo que consiguieron, y el detalle que sorprendió a sus propios profesores.
Tres estudiantes de séptimo grado del colegio Don Bosco de Bariloche subieron al podio en una competencia nacional de programación, mientras otro equipo del mismo establecimiento se metió entre los diez mejores en robótica. Fue el único colegio rionegrino que llegó a la final del certamen que organizó la Universidad Abierta Interamericana en Buenos Aires.
Martina Sganzetta, Camila Villagra y María Paz D'Andrea Jaramillo se quedaron con el tercer puesto de la Olimpíada de Programación Informática. El torneo arrancó con 580 equipos de todo el país y solo veinte lograron pasar a la instancia final. Las barilochenses fueron la única representación de Río Negro.
Un Nahuelito que se queja de los baches
El proyecto que les valió el reconocimiento tiene al monstruo del lago como protagonista. Según describió Pablo Daniel Chiesa, referente escolar técnico del colegio, el videojuego aborda la inclusión en la ciudad a través de una parodia: el Nahuelito se lamenta por las deficiencias urbanas que complican el tránsito de las personas con discapacidad.
«El videojuego está vinculado a cómo lograr que Bariloche sea una ciudad más inclusiva. Las chicas armaron una especie de parodia con el monstruo del Nahuelito que se queja por las deficiencias: con tantos baches y escaleras, una persona con discapacidad encuentra múltiples dificultades para transitar», explicó Chiesa, que acompaña el taller junto a Nicolás Pugliese.
A medida que avanza la partida, los jugadores deben encontrar estrategias para resolver distintas problemáticas de la ciudad. El trabajo de las alumnas se impuso en una competencia con equipos de todo el territorio argentino.
Chiesa puso el acento en un detalle que hace más meritorio el resultado: las chicas no son jugadoras habituales de videojuegos. «Lo que hay que destacar es que estas alumnas que alcanzaron el tercer puesto no son gamers, es decir que no juegan videojuegos en su vida habitual. Al no tener ese background, resolvieron la consigna: la estética del videojuego era muy interesante, la mecánica funcionaba muy bien, pero faltaba esa cuota extra del que conoce de videojuegos», señaló.
El colegio trabaja la introducción al pensamiento computacional y la programación desde cuarto grado, según contó el docente.
El robot que juntaba energía
En paralelo, otro grupo de tercer año del secundario compitió en la Copa Robótica Educabot 2026, organizada por la empresa Educabot junto a los ministerios de Educación de todo el país. Participaron 42 equipos, dos por provincia. El primer puesto se llevaba la clasificación al Mundial de Robótica, la First Global Challenge, que se disputa en octubre con un representante por país y que el año próximo tendrá sede en España.
Mateo Galindo, Dara Aguayo, Joaquín Saez, Dante Ferrari y Gonzalo Franze terminaron en el noveno lugar. «El valor extra es que son estudiantes de tercer año que compiten con otros de quinto año o sexto año de escuelas industriales. Tienen tiempo para clasificar capaz en un futuro para el Mundial», valoró Chiesa.
El referente aclaró que la robótica y la programación se dictan en el Don Bosco a través de un taller extraescolar. La competencia de este año giró en torno a la energía renovable: había molinos de viento armados con cajitas que largaban pelotitas simulando energía, y el robot debía recolectarlas y llevarlas a unos depósitos para su distribución.
«Era como una especie de juego. La base del robot se las dieron en la competencia y los chicos tenían que armar el sistema para recolectar las pelotitas. Esta competencia no fue con jurado sino con puntos. En cada partido sumabas puntos y el que quedaba en primer puesto ganaba», detalló.
El docente comparó el formato con un evento deportivo: «Había relatores y los jueces eran como árbitros. No se trataba de estar sentados en una mesa para resolver un problema individualmente sino de armar alianzas con otros, competir contra otros».
«Arrancamos en las vacaciones de invierno»
Mateo, de 15 años, fue el capitán del equipo barilochense y repasó el camino: «Arrancamos en las vacaciones de invierno, con la etapa online, que tiene que ver más con las habilidades blandas, de comunicación, de trabajo en equipo, cooperación. En agosto nos mandaron el robot y tuvimos que armar todo el sistema para agarrar la pelotita».
Lejos de conformarse, el grupo ya piensa en la próxima competencia. También imagina cómo aplicar lo aprendido cuando termine el secundario: las opciones van desde ingeniería y sistemas hasta talleres de reparación de celulares.
Desde el Colegio Don Bosco agradecieron a la empresa Vía Bariloche por gestionar los pasajes a Neuquén y a la dirigente gremial Rosa Negrón por facilitar el alojamiento de las estudiantes en Buenos Aires.