Treinta mujeres escribieron para el Indio y una frase suya terminó siendo la consigna
¿Qué frase del Indio Solari terminó convertida en la consigna de un libro escrito por treinta mujeres? La respuesta está en la antología que se presenta en La Plata.
Treinta escritoras, músicas, actrices y fotógrafas se juntaron para responderle a la muerte de Ricardo Iorio Solari con poemas, cuentos, cartas y crónicas. El resultado es Bravas muchachitas. Antología para el Indio Solari, un libro compilado por Natalia Bericat y Nina Ferrari para la editorial Sudestada que se presenta el 14 de noviembre en Vonnegut Libros de La Plata, con varias de sus autoras presentes.
La obra reúne voces que comparten un mismo repertorio: imágenes de barrio, frases que pasaron de fan en fan y una épica armada con recitales, cassettes y despedidas. Según Bericat, la idea surgió apenas se conoció la muerte del músico, dentro de un grupo de poetas y escritoras de la editorial, muchas de ellas ricoteras de toda la vida. El nombre cayó casi solo.
De las escritoras consagradas a las que nunca habían publicado
La búsqueda de voces no se restringió a quienes ya escriben por oficio. La editora quiso que también participaran mujeres que nunca habían tomado la pluma y que encontraran en el libro la excusa para hacerlo.
Esa mezcla se nota desde las primeras páginas. Hay poesía, canciones, cuentos, monólogos y cartas, y ninguna pieza se parece del todo a la anterior. Aparecen los recuerdos de la primera vez que alguien escuchó a Los Redondos, dos cuentos y dos relatos que tienen al propio Indio como centro, y textos poéticos que conviven con otros de lenguaje más crudo y popular. Leer el volumen es como recorrer generaciones distintas de fans, cada una con sus fechas, sus lugares y su manera de nombrar las cosas.
El prólogo se titula Elegía para el poeta de los olvidados y define al libro como un texto vivo. Allí se propone una imagen que ordena el conjunto: la de una misa colectiva de la que nadie queda afuera. También aparece la pregunta que sostiene toda la antología: si no es acaso un familiar aquel con quien compartimos un lenguaje, una forma particular de ver y de sentir.
De un cassette en Mar del Plata a la vigilia en Villa Domínico
Gloria Carrá abre el recorrido con No lo soñé, un relato de adolescencia: un cassette que se rebobinaba una y otra vez en una casa de El Faro, en Mar del Plata, para descifrar letras que nadie terminaba de entender. La voz del Indio, escribe, llegaba hasta los huesos. El texto va de la escucha a la conversación y del mito a la intimidad, y el título ya esconde un juego: el sueño que la autora quería tener lo tuvo un amigo, no ella.
Nina Ferrari firma Un idioma de fuego, un poema dirigido a un tú al que se le pide una manera de nombrar. Arranca con una imagen popular, la de los pueblos que tendrían decenas de palabras para la nieve, y la transforma en una pregunta sobre cómo se narra a alguien a quien se conoce apenas por unas pocas palabras. El cierre sostiene que la poesía no se inventa, se descubre, y que puede resucitar a un pueblo entero.
En Una pluma deambula en la eternidad, Natalia Bericat arma una crónica en primera persona de la vigilia en Villa Domínico, en Avellaneda, la noche anterior a la despedida. Hay cuerpos alrededor del fuego, una fila que avanza hacia el altar, una marcha hasta el Puente Pueyrredón y una frase que atraviesa quizás todo el libro: donde hay dolor habrá canciones.
Leer juntas y llorar
Las compiladoras cuentan que el orden de los textos se pensó en colectivo, respetando la voz de cada autora y cuidando de no repetir géneros. Durante la lectura conjunta, recuerda Bericat, el proceso fue intenso: “Después era leer juntas y llorar”. Sobre lo que movilizó a muchas de las participantes, sostiene que salían “de ahí directo a escribir algo porque era una necesidad”.
El vínculo con el músico tuvo además una dimensión de gesto. Antes de la pandemia y durante toda ella, las compiladoras le enviaban libros al buzón de su casa. La antología nace también de una frase suya que ellas convirtieron en consigna: “Hay que leer a las muchachas”. Saber que esos ejemplares estaban al alcance del Indio, dicen, fue un honor.
Bericat habla de las canciones de Los Redondos como una “memoria sonora casi inexplicable”, un territorio donde se guarda lo que las palabras no alcanzan a decir. Para las mujeres de su generación fue un rescate en las adolescencias de los años noventa, cuando el paisaje de género era otro y la música les daba un lugar propio.
El libro tiene 156 páginas y cuesta $29.000. La presentación será el 14 de noviembre en Vonnegut Libros, La Plata, junto a sus autoras.