Tras 25 años de silencio artístico, Rubén Tomatis vuelve con una muestra que nació de un error
¿Qué llevó a un odontólogo a crear arte con resina acrílica? Un error de 1995 y el empujón de Yuyo Noé. La historia detrás de la muestra que marca su regreso.
El artista plástico Rubén Tomatis rompió un silencio de 25 años. Tras dos décadas sin crear, inauguró el 1 de agosto en el Centro Cultural Alberdi de Neuquén la muestra “T. Gregorio y su Rubén Tomatis”, un recorrido por 16 obras entre pinturas y esculturas que reflexionan sobre la fragilidad humana.
Nacido en Rosario en 1948 y radicado en Neuquén desde 1974, Tomatis se inscribe en el informalismo. Su obra explora la condición humana y los desafíos del mundo contemporáneo, con una técnica que logra cuerpos que parecen emerger y desintegrarse a la vez.
El accidente que lo cambió todo
El hallazgo de su material distintivo, la resina acrílica, fue casual. Tomatis es odontólogo, y en 1995, mientras charlaba con un paciente, olvidó una prótesis dental para bruxismo que se estaba calentando. Al retirarla, quedó fascinado con la forma resultante.
“Eso ocurrió probablemente en 1995”, recuerda. “Ahí es cuando empiezo a guardarlo. En vez de tirarlo, porque todo eso se tiraba, empecé a guardarlo”.
El artista relata: “Un día, por un error mío, por hacer dos cosas al mismo tiempo, algo en lo que soy absolutamente ineficaz, me quedé charlando con un paciente mientras había un proceso que se estaba realizando en el taller contiguo al consultor. Y cuando me acordé, ya ese proceso que era el calentamiento de la placa de acrílico, se había pasado. La quité de la fuente de calor y la moví. La moví con mis manos, como jugando. Y cuando la moví con mis manos, dije ¡epa! este material me está diciendo algo, acá hay un potencial. Y lo volví a mover hasta que encontré una forma, como quien está haciendo una arcilla, pero con plástico. Y entonces la puse bajo la canilla y seguí trabajando. Y a la noche la miré, la miré y dije definitivamente esto tiene un potencial”.
El impulso de Yuyo Noé
Durante 20 años, Tomatis dejó de producir, aunque nunca dejó de observar. La pandemia agravó su aislamiento. Pero un reencuentro fortuito con su amigo Luis Felipe Noé lo impulsó a retomar el trabajo.
“Yo llevaba 25 años sin exponer en Neuquén, y realmente de esos 25 años, 20 estuve inactivo, es decir, inactivo desde el punto de vista del hacer, pero no del mirar, no del observar. Después de la pandemia, durante la pandemia, las cosas se agravaron desde el punto de vista de que uno estaba encerrado en su departamento, o en su casa, y apenas se salía. Y ocurrió que, bueno, hubo un encuentro fortuito con un amigo, que era Luis Felipe Noé. Yo llevaba 15 años sin hablar con él. Y una hija mía lo pudo contactar, porque yo no tenía la experiencia o la sapiencia de los jóvenes para encontrar caminos de llegarle, yo me comunicaba con él con su teléfono fijo (risas). Y bueno, ella consiguió lo que yo no pude conseguir. Y entonces volvimos a hablar, volvimos a hablar de nosotros, y me preguntó qué estaba haciendo. Yo le dije que haciendo no estaba haciendo nada, pero que tenía algunas cosas que estaba pensando hacer y que cuando yo tuviera algo se lo iba a mostrar. Y bueno, siguió la charla, poco de arte, más de vivencias y de sentimientos, y de cosas de la vida cotidiana. Y bueno, hice algo en ese momento para él. Él, por supuesto, no lo sabía, y cuando lo estaba haciendo ocurrió que me di cuenta que estaba haciendo algo más interesante que lo que había hecho 20 años atrás, y con más potencial. Yo me daba cuenta”.
Cuando Tomatis le mostró la escultura, Noé reaccionó con sorpresa: “Hiciste tridimensional”. El reconocimiento del maestro fue clave. “Esto no lo vi nunca”, le dijo. El crítico de arte Julio Sapollnik, ex director del Palais de Glace, también elogió la obra.
Pintar contra la rutina
Antes de la resina, Tomatis pintaba por necesidad emocional, escapando del mundo laboral. “Pintaba por una necesidad emocional, por la huida del mundo del trabajo y de la eficiencia, en donde trataba de cumplir las pautas para las cuales había sido formado”.
El artista reconoce que la rutina lo llevó a buscar otros caminos: “Empecé a leer sobre arte, porque era un ignorante, y eso me llevó a descubrir el mundo del arte visual”.
La muestra “T. Gregorio y su Rubén Tomatis” estará en el Centro Cultural Alberdi, en Alberdi 12, Neuquén. Una oportunidad única para ver la obra de un creador que convirtió un error en arte.