Trabajó 30 años en la mina y reveló el pedido que nadie escucha en la Puna
Economía · Salta

Trabajó 30 años en la mina y reveló el pedido que nadie escucha en la Puna

Trabajó 30 años en la mina y conoce la Puna como pocos. Su reclamo a las empresas que llegan a la zona incomoda y nadie le responde.

Mario Sangüezo empezó como chofer a los 18 años en Mina Tincalayu y hoy es un referente en Manufactura Los Andes. En diálogo con El Tribuno, repasó su trayectoria y lanzó un reclamo que incomoda: las empresas que llegan a la Puna no miran a los que viven allí.

Corría 1997 cuando Mario Sangüezo, con apenas 18 años, se subió por primera vez a un camión de la empresa Marcilese en Mina Tincalayu. Desde entonces no se bajó más de la actividad minera. Hoy, casi tres décadas después, trabaja en Manufactura Los Andes, una firma del grupo Minera Santa Rita, donde en noviembre cumplirá cinco años en esta nueva etapa.

Su vínculo con la compañía, sin embargo, es viejo. "Siempre trabajé anteriormente con Minera Santa Rita. No en lo que es el proceso del material, del mineral, sino en la parte de extracción, que era en Mina Patito", contó a El Tribuno. En esa mina estuvo unos diez años.

También probó suerte lejos de la cordillera. Pasó casi cinco años en la ciudad de Salta trabajando en La Veloz del Norte, hasta que lo enviaron a Quebrachal. El clima lo terminó doblegando. "Me fui para Salta, trabajé casi cinco años también en La Veloz Norte. Me enviaron a Quebrachal y la verdad que el cambio de clima es lo que me terminó acobardando. Elegí de nuevo volver a La Puna", relató.

Una actividad que cambió de raíz

Sangüezo fue testigo directo de la transformación del sector. Cuando arrancó, la minería tenía menos tecnología, menos servicios y menos oportunidades laborales que ahora. "Yo trabajo en minería desde que tengo 18 años y la verdad que es un cambio grandísimo con lo que era antes", señaló.

En sus primeros años, la extracción se concentraba en el borato y la sal. Con el tiempo, el sector sumó nuevos proyectos, procesos y herramientas tecnológicas. "Hay que ir reinventándose, porque con los cambios vienen cosas modernas también. El tema de la tecnología avanzó bastante, sobre todo en el proceso", dijo.

Pero lo que más valora no es la tecnología, sino la gente. "Lo más lindo que destacaría es el compañerismo que se genera en el trabajo", sostuvo. A lo largo de los años estuvo al frente de distintos equipos y siempre encontró colaboración y respeto. "Destaco mucho el trato que sabemos desarrollar cada uno de nosotros allá en la mina. Tratamos de apoyarnos unos a otros, contarnos vivencias y experiencias. La verdad que eso es lo lindo".

El clima, el desafío de todos los días

Las tareas en la cordillera no son sencillas. El clima, las distancias y los turnos laborales forman parte de las dificultades cotidianas. "Creo que el clima es lo más difícil, pero uno ya va mentalizado en que es lo que toca. Tratamos siempre de saberlo sobrellevar", explicó.

También reconoció que las empresas mejoraron en ese aspecto. "Hoy las empresas acompañan muchísimo con la ropa de abrigo, la atención y la salud. Siempre hay médicos y enfermeros". Y comparó con sus inicios: "Antes éramos los obreros, uno o dos medios de movilidad y nada más. La verdad que cambiaron para bien muchas cosas".

Hubo un tiempo, recordó, en que la minería no era una opción buscada por los jóvenes de la región. "Antes era un trabajo que casi nadie quería. La mayoría elegía venirse a las ciudades a ver qué otras posibilidades podía encontrar". Con el crecimiento de la actividad y los nuevos proyectos, la mirada cambió: hoy se ve como una posibilidad concreta de desarrollo profesional y estabilidad.

Una familia minera

Mario tiene cuatro hijos. El mayor trabaja como camionero, una de sus hijas está terminando la carrera de Ingeniería y Seguridad, otra se desempeña en el Servicio Penitenciario y el menor estudia Geología en la Universidad de Salta. Crecieron viendo a su padre trabajar lejos de casa. "Siempre me conocieron trabajando lejos. Trato de que sepan valorar lo que tienen y de ayudar en lo que se pueda", afirmó.

El pedido que no se escucha

Pero hay un tema que a Sangüezo le preocupa especialmente: el acceso de los habitantes de la Puna a los puestos de trabajo que genera la minería. Él nació en la zona y cursó la primaria en Cobres, un pequeño pueblo cerca de San Antonio de los Cobres. Luego se trasladó a Salta para completar el secundario.

Conoce de cerca la realidad de muchos puneños que no pudieron seguir estudiando y hoy buscan una oportunidad. "Hay mucha gente de aquí que no tuvo la oportunidad de seguir estudiando y hoy buscan un lugar en algún puesto de trabajo", señaló.

Para Sangüezo, las dificultades no pasan solo por la falta de capacitación. También hay obstáculos para armar un currículum, acceder a un correo electrónico o trasladarse hasta la ciudad para dejar una postulación. "Hay gente que sigue en los campos esperando una oportunidad", advirtió. Por eso, pidió que las empresas que llegan a la Puna tengan en cuenta a los habitantes locales.

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