Trabajó 18 años en Vaca Muerta y compró una chacra: el detalle que lo convenció

¿Qué fue lo primero que le dijo el ingeniero agrónomo que lo ayudó a elegir el terreno? El detalle que Germán miró antes de pagar US$100.000 por las nueve hectáreas de Allen.

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Trabajó 18 años en Vaca Muerta y compró una chacra: el detalle que lo convenció
Trabajó 18 años en Vaca Muerta y compró una chacra: el detalle que lo convenció

Germán Schamberger tiene 37 años, es oriundo de Centenario y acaba de cumplir un sueño que arrastra desde la primaria: tener su propia chacra. La compró en Allen, tiene nueve hectáreas y la pagó US$100.000. Detrás de esa cifra hay casi dos décadas de trabajo en una empresa argentina de ingeniería, construcción y servicios petroleros vinculada a Vaca Muerta.

Entró a esa compañía en 2009, con 18 años y el secundario recién terminado en la EPET 22, donde se recibió de técnico mecánico. Arrancó como ayudante de tareas generales y hoy es jefe de obra. Fue su primer y único empleo formal.

El camión de su papá y una imagen que quedó grabada

El vínculo de Germán con la producción es anterior a Vaca Muerta. Su papá era camionero y retiraba fruta de las chacras del Alto Valle para llevarla a los galpones de empaque. Su mamá trabajaba como portera en una escuela primaria.

“Yo iba con mi papá en el camión desde muy chico. Recorríamos los valles de la zona: San Patricio del Chañar, Centenario, Vista Alegre, Cinco Saltos. Así empecé a ver cómo era la fruticultura y la vida y el trabajo en la chacra”, recuerda.

No era solo el paisaje de alamedas, frutales y canales. Era la dinámica cotidiana de quienes trabajaban esas tierras. “Para mí era un sueño tener una chacra desde que tengo uso de razón. Desde que iba a la primaria”, resume.

La alameda que le indicó el camino

La oportunidad apareció a través de un ingeniero agrónomo amigo, reconocido en el Alto Valle por su trabajo al frente de chacras de una empresa frutícola. Juntos recorrieron varias alternativas hasta que una lo convenció.

La elección no fue solo emocional. El ingeniero le enseñó a leer el terreno: “Me explicó que cuando uno llega a una chacra tiene que mirar la alameda: si es prolijita, pareja, si no tiene altos y bajos, quiere decir que es buen suelo. Él también vio determinados yuyos y me dijo que era buena tierra. Así que encaré por esa chacra.”

Una parte del dinero salió de sus ahorros y otra de una ayuda financiera de la empresa donde trabaja. En 2025 concretó la compra y en 2026 recibió la escritura.

Cuatro contenedores de basura y una chacra a pulmón

La propiedad venía con maquinaria en desuso y deteriorada. El tractor, por ejemplo, necesitó reparaciones importantes para volver a funcionar. También había malezas, basura y sectores que exigían una limpieza profunda.

“Cuando llegué me encontré con muchísimo yuyo y muchísima mugre. Saqué cuatro contenedores de basura”, cuenta. Con su hermano mayor, Juan Enrique, y Don Juan, que vivía allí con su familia y sigue trabajando con él, acondicionaron los espacios y trabajaron sobre la acequia y el canal secundario. “Fue todo a pulmón. Mi hermano me dio una mano tremenda y Don Juan también. Hoy ya está todo limpito.”

Alfalfa sembrada a mano y brotes que ya se ven

A finales de agosto de 2026 terminó de sembrar las primeras cuatro hectáreas de alfalfa. Lo hizo de una manera tan artesanal como concreta: a mano.

“Las cuatro hectáreas las sembré al voleo, con la mano. Pasamos las rastras muchas veces, sacamos los yuyos y nos asesoramos con un amigo de mi papá que produce alfalfa. Agarramos los tachos de 20 litros y empezamos a revolear las semillas”, relató.

Juan Enrique volvió a ser parte de la tarea. También su hija Guadalupe, de 12 años, ayudó con la distribución de las semillas y empezó a entusiasmarse con la chacra. Ya se ven los brotes.

La idea es convertir esa producción en rollos o fardos. Para eso necesita incorporar maquinaria: piensa en una enfardadora, un rastrillo y otros equipos que le permitan trabajar de manera más independiente. “Me falta maquinaria hoy para ser un productor independiente. Quiero modernizarla porque me interesa mucho. En algún momento quiero dedicarme a la chacra”, dice.

Qué planea en las otras cinco hectáreas

Dos de esas hectáreas están destinadas a una huerta para producir cebolla, papa, morrón, zapallo y otras verduras, con intención de comercializarlas. También quiere incorporar maíz para hacer silo y, a partir de allí, sumar algunos animales.

La chacra conserva además una hectárea y media de manzanas Granny Smith. Germán la está acondicionando para recuperar ese monte y, más adelante, producir fruta para vender. El riego es por manto, por lo que la producción depende de los canales: buena parte del trabajo actual pasa por mantener esa infraestructura en condiciones y aprovechar el agua disponible.

Todavía falta mucho para que las nueve hectáreas alcancen todo su potencial, pero una parte fundamental ya está cumplida. La tierra que imaginó durante años mientras acompañaba a su papá en aquel camión que recorría el Alto Valle ahora es suya. “Estoy haciendo realidad mi sueño. Estoy muy feliz con eso.”

Su objetivo es seguir invirtiendo en maquinaria y transformar la chacra en una unidad productiva que le permita depender cada vez menos de terceros. Y, algún día, dejar las obras para dedicarse por completo a esas nueve hectáreas que empezó a trabajar con su hermano, con Don Juan y con Guadalupe.

Germán sembrando a mano la chacra recientemente comprada

La alameda de la chacra

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