Tomaba el 123 para "entrenar" en Newell's: la tarde que su vieja lo descubrió
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Tomaba el 123 para "entrenar" en Newell's: la tarde que su vieja lo descubrió

Se subía al 123 con la plata que su mamá le daba para el boleto y se paseaba por Rosario durante las dos horas que duraba el entrenamiento en Newell's. Un mes después, la vio en bicicleta y la farsa se terminó. La historia de Martín Morel, el pibe que vio jugar a Messi y Rodas.

Martín Morel se formó en las inferiores de Newell's, compartió categoría con Lionel Messi y Billy Rodas, y llegó a primera en Tigre. Pero antes de todo eso, protagonizó una de las anécdotas más increíbles que un futbolista pueda contar sobre su propia vagancia.

En diálogo con La Capital, el delantero repasó su carrera desde los primeros picados en el barrio hasta el recuerdo imborrable de su padre. Y confesó, sin culpa, cómo se las ingenió para simular que iba a entrenar cuando en realidad se subía al colectivo a pasear.

Del barrio a la prueba en Newell's

Morel arrancó jugando "enfrente de mi casa, en el barrio" y también en San Francisquito, la iglesia de Cafferata y Gálvez. Su primer club en ligas regionales fue Athletic de Arroyo Seco. De ahí saltó a una prueba en el Parque Independencia.

"Estaba jugando en la calle y un amigo que nos vio me preguntó si quería ir a probarme", recordó. En las inferiores estaba Chiche Lutman, quien a los 20 minutos lo sacó de la prueba. "'Me limpiaron', pensé. Pero no, me llevaron a la pretemporada", contó.

La rebeldía que le costó la carrera en Newell's

¿Por qué no llegó a hacer carrera en la Lepra? La respuesta es tan honesta como incómoda: "La boludié mucho. No me gustaba entrenar".

Hoy se cruza con excompañeros que le recuerdan sus ausencias: "¿Te acordás cuando no ibas a entrenar los lunes y los martes?". Para él, esos días directamente no estaban en la agenda semanal. Aparecía los miércoles.

Y ahí viene la historia que él mismo advierte: "Yo lo cuento y vas a decir: 'Sos un guacho'". Su mamá trabajaba de empleada doméstica y se deslomaba para que a él no le faltara dinero para el colectivo. Morel agarraba la plata del boleto y se iba a pasear.

"Me tomaba el 123 en la esquina de mi casa y hacía todo el recorrido hasta donde terminaba, en Las Palmeras, en Cabín 9, y de ahí me volvía a subir, me iba hasta el Monumento y en ese trayecto se cumplían las dos horas de entrenamiento", narró. Así estuvo más de un mes.

El final de la farsa llegó una tarde en la avenida Godoy. Vio a su vieja en bicicleta cerca de Bella Vista. Al llegar a casa le preguntó cómo había salido el entrenamiento y él respondió: "Bien, estoy un poco cansado". La respuesta fue un cachetazo de realidad: "A vos te voy a matar. Hablé con tu técnico y me dijo que hace dos meses que no vas".

"Fue en ese momento cuando me puse un poco las pilas", admitió.

Messi y Rodas, la dupla que deslumbraba

Morel estaba en la primera local y muchas veces iba una hora antes para ver a la décima, donde jugaban dos chicos que "la rompían toda": Billy Rodas y un tal Lionel Messi.

"Los veía jugar y decía: 'Estos pibes no pueden jugar tan bien'. Los observaba ganar por goleada todos los partidos", relató. Con Rodrigo, hermano de Lionel, compartía categoría en la local y le decía: "Che, cómo juega tu hermanito".

Sobre el futuro crack, fue contundente: "Hoy es una leyenda. Ojalá salga otro Messi argentino. Era muy chiquitito y jugaba con todos altos, pero al final terminó siendo un pequeño gigante".

También reconoció que integraba el pelotón de los que no entrenaban. "El talentoso cree que con eso ya está, alcanza, pero nos faltaba la otra parte, que era lo físico", analizó. "Quería jugar en AFA, pero desperdiciaba todo porque no iba a entrenar".

Quedar libre y el golpe de realidad

En 2001, Newell's lo dejó libre. Tenía 21 años, había abandonado el secundario en primer año y no sabía qué hacer. "Ahí me di cuenta de que desperdicié mis posibilidades. Hoy me arrepiento de dejar pasar las chances que tuve de chico", confesó.

Pasó por el club Olimpia junto a otros libres de Newell's y Central, y vivió de nuevo los piedrazos en canchas como la de Oriental o Coronel Aguirre. Después fue a Bolivia, pero volvió porque le querían pagar muy poco.

Decidió dejar de jugar y empezó a trabajar en un lavadero industrial de San Nicolás y Rueda, donde se lavaban prendas crudas. "La ropa de 'La noche del 10' de Maradona se hizo ahí", contó.

Raúl Belén insistió para que volviera. Pasó por Sanford, Eldorado (Misiones) y estuvo cerca de Huracán de Chabás. Hasta que Atlético lo sedujo, aunque tenía todo arreglado con el clásico rival: "Me van a matar", les dijo.

Caruso y la llegada a Tigre

Jugaba en Sportivo Las Parejas cuando le consiguieron una prueba en Tigre. Caruso Lombardi ya había contado su versión, y Morel la confirmó: llegó con pelo largo, dos aritos —uno en la ceja, otro en la nariz— y un poco teñido. "¿Vos jugás al fútbol así?", le preguntó el entrenador.

Ese día también se probó el Flaco Pereira, que llegó a la selección de Maradona. Le pidieron que volviera a los 20 días. En el medio apareció San Martín de Mendoza, pero justo cuando estaba por irse lo llamaron de Tigre.

Boca, la deuda y la chance de Central

Hincha de Boca, Morel dejó una marca con sus goles en la Bombonera. "Es algo inexplicable jugar en esa cancha. La sensación que tuve no la sentí en ningún lado", aseguró. Tiempo después se enteró, por un profe del Vasco Arruabarrena, que estuvo en una lista de posibles refuerzos. Su representante era el mismo de Riquelme, su ídolo. "Pero quedó en eso".

Tras el torneo en Tigre estuvo seis meses sin jugar por una pubalgia. Hasta se hablaba de la selección y Maradona dijo que tenía chances cuando armó un combinado con locales.

En 2011, cuando volvía de Deportivo Cali, tuvo una posibilidad concreta en Central: su representante había hablado con Gonzalo Belloso, entonces mánager. Pero eligió Universitario de Lima. "Mis hermanas me dijeron: 'Si vas a venir a jugar a Central, no vengas más al barrio'", recordó. En Perú se armó un equipazo, gastaron una fortuna y estuvieron nueve meses sin cobrar. Se fue libre y todavía espera cobrar.

Diez al toque

¿El mejor equipo en el que jugaste? El de Tigre de 2008.

¿El técnico que más te marcó? Varios, pero donde más me destaqué fue con Diego Cagna.

¿El defensor que más te costó enfrentar? Tenía varios y había muchos que pegaban.

¿La cancha donde más disfrutaste jugar? Sacando la de Tigre, la Bombonera.

¿La deuda pendiente? Jugar en la selección.

¿Un jugador con el que te hubiera gustado compartir equipo? Con Riquelme.

¿Hay mucho verso en el fútbol? Sí, bastante.

¿Jugaste con alguien que tenía más prensa que condiciones? Sí.

¿Alguna vez un técnico te limpió por cuestiones personales? Por cuestiones personales conmigo no, pero sí siento que me limpió por un rumor. Estuve doce fechas sin jugar, ni siquiera concentraba. Me sentí como que no pertenecía al plantel. Un día le pregunté y me dijo que era porque junto a un compañero hablaba mal de los otros.

¿Te tocó jugar con alguno que no entrenaba y después era titular? Sí.

La pregunta random

Si pudieras volver a vivir un solo día de tu vida, ¿cuál elegirías? Morel se quiebra.

"De la infancia, y tener una charla con mi viejo. Me quedó pendiente porque mi viejo se moría por el fútbol. Su sueño era verme jugar en primera", dice, y pide perdón mientras se le llenan los ojos de lágrimas.

El último partido que lo vio fue en 2007, en la cancha de Tigre contra Boca. Ganaron 2 a 1 y él convirtió un gol. "Lo gritó aunque era hincha de Boca". Años más tarde se enteró de lo que su padre dijo cuando se enfermó: "Me puedo ir tranquilo porque vi a mis hijos crecer y lo vi a Martín jugando en primera".

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