Teresita estaba en cama y solo pidió una cosa: cómo hizo su hija para llevarla al río
Estaba postrada y el paseo parecía imposible. Su hija encontró a un grupo de desconocidos dispuestos a hacerlo realidad: así fue la tarde junto al río que Teresita no se quiso perder.
Teresita tenía 73 años y una enfermedad terminal. Ya no podía moverse por sus propios medios, pero había un deseo que no quería dejar pendiente: volver a pasear. Su hija Carolina se puso a buscar la manera y encontró una respuesta donde menos la esperaba.
La mujer había pasado buena parte de su vida en movimiento. Si había que hacer un mandado, visitar a alguien o simplemente salir a dar una vuelta, era la primera en sumarse. Con el avance de la enfermedad, esa rutina se volvió imposible: quedó postrada en una cama, en su casa, con el alta para transitar sus últimos días rodeada de los suyos.
El pedido que parecía imposible
“Nos pidió hacer un paseo y no había forma. Ella estaba en cama. ¿Cómo hacemos para llevarla?”, recuerda Carolina. La familia entendió que cada momento compartido tenía un valor distinto y que ese deseo, aunque pareciera simple, requería una logística que no estaba a su alcance.
La solución apareció de casualidad. Mientras navegaba por Instagram, Carolina se topó con una entrevista a Juan Manuel, el impulsor en Argentina de Ambulancia del Deseo. Escuchó la propuesta, se emocionó y decidió escribirle. Nunca imaginó que hubiera gente dispuesta a hacer algo así.
Una tarde junto al Paraná
El equipo respondió y organizó la salida. La llevaron hasta el Monumento a la Bandera, en Rosario, y recorrieron la zona junto al río Paraná. Teresita iba en camilla, pero eso no impidió que volviera a hacer lo que tanto le gustaba.
Carolina guarda una imagen nítida de ese día: su hermana con el termo, su mamá tomando su mate de leche y toda la familia mirando el río. No hacía falta nada más. Después de tantas jornadas marcadas por estudios y tratamientos, compartían una tarde distinta.
“Fue el último deseo que tuvo mi mamá”, dice Carolina. Y cuenta que, aunque muchas familias sienten miedo o creen que ya no es momento de intentar ciertas cosas, ella decidió avanzar: “Dije: vamos, llevémosla, no me importa lo que vea el mundo”.
Quince días después
Teresita murió dos semanas más tarde. Aquella salida se convirtió en su último deseo cumplido y en un recuerdo que su familia atesora: la oportunidad de volver a pasear y de compartir con sus hijos, su marido y su nieto un momento que no estuviera definido por la enfermedad.
Qué es Ambulancia del Deseo
La historia de Teresita es una de las que explican el sentido de esta organización, que funciona de manera inversa a lo que suele asociarse con una ambulancia: no traslada pacientes a una guardia ni a un hospital, sino que hace posible que personas con enfermedades graves concreten un deseo que, por su estado de salud, ya no podrían cumplir sin ayuda.
La iniciativa nació en 2007 en Róterdam, Países Bajos, y se expandió a distintos países. Argentina se convirtió en el número 22 en sumarse a la red internacional, y Rosario fue la primera ciudad del país en ponerla en marcha. El equipo está integrado por trabajadores del sistema de emergencias que usan sus conocimientos y recursos para acompañar a pacientes y familias en experiencias que van mucho más allá de un traslado.
Cuando una enfermedad ocupa buena parte de la vida cotidiana, los días pueden quedar reducidos a tratamientos, estudios y consultas. En ese recorrido se pierden momentos que antes parecían naturales: ir a un cumpleaños, visitar un parque, asistir a un recital, mirar un partido o compartir una merienda.
Entre las experiencias de la organización también está la de Paco, un nene que, junto a sus hermanitos, quería salir a merendar en familia. El equipo hizo posible esa salida y después los acompañó al Museo del Deporte.
No todos los deseos son extraordinarios. A veces se trata de volver a un lugar querido, compartir una tarde con los hijos o simplemente salir de casa. Para Teresita fue mirar el río y tomar mate junto a sus hijas. Quince días después ya no estaba, pero ese último paseo sí quedó.