Terapeuta sexual alerta: cada vez más pacientes llegan al consultorio por una adicción a chatbots
¿La IA se está convirtiendo en un refugio peligroso para la intimidad? Una terapeuta sexual revela la alarmante tendencia que está llevando a cada vez más personas al consultorio.
La inteligencia artificial ya no solo escribe textos o resuelve tareas: ahora también se cuela en la intimidad. La terapeuta sexual Sari Cooper advierte que muchos pacientes inician terapia por una dependencia excesiva de chatbots, que terminan desplazando el contacto real y afectando la pareja, la autoestima y la vida laboral.
Según Cooper, la relación virtual con IA empieza a generar síntomas como bajo deseo sexual, menor frecuencia de intimidad, dificultades para iniciar encuentros y enojo cuando se habla de una vida sexual apagada. También aparece una necesidad intensa de contacto físico que no encuentra cauce.
En Estados Unidos, la Asociación Americana de Psicología reveló que más de seis de cada diez adultos se sintieron aislados durante el último año. Ese contexto de soledad empuja a muchos a buscar refugio en asistentes digitales que están siempre disponibles, no juzgan y no exigen nada a cambio.
¿Qué dicen los estudios sobre la IA como compañía?
Un trabajo de 2024 sobre adultos mayores durante el confinamiento por Covid-19 encontró mejoras en los niveles de soledad tras varias semanas de interacción con un chatbot. Otro estudio, basado en publicaciones de Reddit y encuestas, mostró que los usuarios recurren a aplicaciones de acompañamiento con IA porque se sienten solos, carecen de apoyo emocional o temen ser juzgados.
Sin embargo, Cooper advierte que cuando la conexión digital se vuelve un sustituto permanente de la intimidad real, el costo es alto. “En una relación con IA no hay verdadera reciprocidad”, explica. “No hay una persona distinta, con necesidades propias, límites, tiempos o contradicciones. Es una experiencia construida a medida del usuario”.
A largo plazo, esto puede atrofiar la capacidad de tolerar la incomodidad, la vulnerabilidad y la negociación que exige cualquier vínculo humano. La conexión emocional en persona, el contacto físico y el deseo compartido no pueden reemplazarse del todo por una interfaz disponible las 24 horas.
Por eso, la terapeuta insiste en que la tecnología debería funcionar como puente y no como destino. Puede servir para procesar emociones o practicar una conversación difícil, pero el paso siguiente tiene que ser siempre el mundo real: una charla sincera, una sesión de terapia, un encuentro con la pareja, el contacto físico sin pantalla de por medio.